Jalisco entre dos aguas: la sucia que llega a tu casa y la que nadie quiere sacar de la playa
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Hay días en que uno lee las noticias y entiende que el estado de Jalisco no tiene un problema con el agua: tiene una relación tóxica. La procura, la maldice, la paga aunque venga turbia, y cuando por fin le sobra, no sabe cómo sacarla. Este jueves de lluvia intensa —100% de probabilidad, según el pronóstico que ya nadie lee porque basta con asomarse a la ventana— el tema del día vuelve a ser líquido, y como toda relación mal llevada, viene con letra chiquita.
Empecemos por el SIAPA, ese organismo que logró la proeza de cobrarnos por agua color café con leche y encima sentirse generoso. Resulta que aprobaron un descuento del 80% para quienes recibieron agua sucia o de mala calidad. Suena a justicia poética hasta que llegas a la condición: solo aplica para usuarios sin adeudos. Es decir, el organismo te manda agua turbia, tú te enojas, dejas de pagar como forma de protesta ciudadana, y entonces el mismo organismo te dice: 'ah, pero como no pagaste el agua que no servía, no te toca el descuento por el agua que no servía'. Un bucle digno de un koan zen, pero con sarro.
Y por si el mensaje no quedaba claro, el SIAPA también anunció que instalará medidores para cobrarle el agua a los edificios públicos —empezando, claro, por los ayuntamientos que le deben—. O sea que hasta el propio gobierno se cuelga del recibo, con la diferencia de que a ellos les instalan medidor y a nosotros nos instalan condiciones. En Tlaquepaque hasta denunciaron un daño patrimonial de 100 millones de pesos por adeudos con el SIAPA, señalando a extesoreros y exdirectores. Cien millones. Con eso el municipio pudo haber comprado agua embotellada para todos y todavía sobraba para las quesadillas.
Mientras tanto, la política nacional descubrió Jalisco como si fuera un balneario electoral. La dirigente de Morena, Ariadna Montiel, vino a exigir agua limpia para los jaliscienses y a pedir que se revise al SIAPA, todo rumbo al 2027, porque nada abre el apetito de un partido como una crisis ajena. Del otro lado, el líder de Movimiento Ciudadano, Jorge Máynez, prometió que este sexenio será el del 'saneamiento del agua', reconociendo que el anterior fue el del 'abastecimiento'. Traducción: primero les dimos agua, ahora vamos a intentar que se pueda tocar. El plan de tres sexenios va bien: para el 2032, con suerte, quizá hasta se pueda beber.
Si de la ciudad pasamos a la costa, la película es la misma pero con arena. En Lo de Marcos, la obra de las 'Ventanas al Mar' —8.3 millones de pesos para que el agua de lluvia salga al mar— sigue inconclusa desde junio, justo a tiempo para que las inundaciones lleguen puntuales. Los vecinos, cansados de esperar, agarraron sus propias palas y se pusieron a abrir el paso del agua a mano, en una obra pública que ahora es obra vecinal. Y cuando el director de Obras Públicas fue a la zona, en lugar de una excavadora llevó un argumento: dijo que avisar de los riesgos de inundación le toca a Protección Civil. El clásico jalisciense: la dependencia que no termina la obra le pasa la cubeta a la dependencia que solo avisa que te vas a mojar. Entre los dos armaron el único trabajo en equipo perfectamente coordinado del municipio: echarse la bolita.
Hubo, para no perder la fe, noticias que no huelen a drenaje. El gobernador Pablo Lemus y el alcalde Luis Munguía colocaron la primera piedra del Centro Regional de Autismo y Discapacidad Intelectual en Coapinole, Puerto Vallarta, un proyecto real con terapias, hidroterapia y apoyo a familias. Ojalá la primera piedra no termine, como tantas, siendo también la última: en Jalisco las primeras piedras tienen una tasa de supervivencia menor que las tortugas recién nacidas.
Y en el capítulo de salud que nadie quiere leer pero todos deberían: Vallarta acumula 323 casos de sífilis en once años, con 43 en apenas medio 2026, camino a récord. En el destino turístico donde el amor de verano es industria, resulta que hay cosas que también viajan sin visa —a diferencia de media clase política, que anda estrenando el trámite de perderla—. La recomendación de este medio es sencilla: protéjase. Del contagio, de los recibos del SIAPA y de las primeras piedras que le prometan. En Jalisco, uno nunca sabe cuál de las tres le va a costar más caro.
Empecemos por el SIAPA, ese organismo que logró la proeza de cobrarnos por agua color café con leche y encima sentirse generoso. Resulta que aprobaron un descuento del 80% para quienes recibieron agua sucia o de mala calidad. Suena a justicia poética hasta que llegas a la condición: solo aplica para usuarios sin adeudos. Es decir, el organismo te manda agua turbia, tú te enojas, dejas de pagar como forma de protesta ciudadana, y entonces el mismo organismo te dice: 'ah, pero como no pagaste el agua que no servía, no te toca el descuento por el agua que no servía'. Un bucle digno de un koan zen, pero con sarro.
Y por si el mensaje no quedaba claro, el SIAPA también anunció que instalará medidores para cobrarle el agua a los edificios públicos —empezando, claro, por los ayuntamientos que le deben—. O sea que hasta el propio gobierno se cuelga del recibo, con la diferencia de que a ellos les instalan medidor y a nosotros nos instalan condiciones. En Tlaquepaque hasta denunciaron un daño patrimonial de 100 millones de pesos por adeudos con el SIAPA, señalando a extesoreros y exdirectores. Cien millones. Con eso el municipio pudo haber comprado agua embotellada para todos y todavía sobraba para las quesadillas.
Mientras tanto, la política nacional descubrió Jalisco como si fuera un balneario electoral. La dirigente de Morena, Ariadna Montiel, vino a exigir agua limpia para los jaliscienses y a pedir que se revise al SIAPA, todo rumbo al 2027, porque nada abre el apetito de un partido como una crisis ajena. Del otro lado, el líder de Movimiento Ciudadano, Jorge Máynez, prometió que este sexenio será el del 'saneamiento del agua', reconociendo que el anterior fue el del 'abastecimiento'. Traducción: primero les dimos agua, ahora vamos a intentar que se pueda tocar. El plan de tres sexenios va bien: para el 2032, con suerte, quizá hasta se pueda beber.
Si de la ciudad pasamos a la costa, la película es la misma pero con arena. En Lo de Marcos, la obra de las 'Ventanas al Mar' —8.3 millones de pesos para que el agua de lluvia salga al mar— sigue inconclusa desde junio, justo a tiempo para que las inundaciones lleguen puntuales. Los vecinos, cansados de esperar, agarraron sus propias palas y se pusieron a abrir el paso del agua a mano, en una obra pública que ahora es obra vecinal. Y cuando el director de Obras Públicas fue a la zona, en lugar de una excavadora llevó un argumento: dijo que avisar de los riesgos de inundación le toca a Protección Civil. El clásico jalisciense: la dependencia que no termina la obra le pasa la cubeta a la dependencia que solo avisa que te vas a mojar. Entre los dos armaron el único trabajo en equipo perfectamente coordinado del municipio: echarse la bolita.
Hubo, para no perder la fe, noticias que no huelen a drenaje. El gobernador Pablo Lemus y el alcalde Luis Munguía colocaron la primera piedra del Centro Regional de Autismo y Discapacidad Intelectual en Coapinole, Puerto Vallarta, un proyecto real con terapias, hidroterapia y apoyo a familias. Ojalá la primera piedra no termine, como tantas, siendo también la última: en Jalisco las primeras piedras tienen una tasa de supervivencia menor que las tortugas recién nacidas.
Y en el capítulo de salud que nadie quiere leer pero todos deberían: Vallarta acumula 323 casos de sífilis en once años, con 43 en apenas medio 2026, camino a récord. En el destino turístico donde el amor de verano es industria, resulta que hay cosas que también viajan sin visa —a diferencia de media clase política, que anda estrenando el trámite de perderla—. La recomendación de este medio es sencilla: protéjase. Del contagio, de los recibos del SIAPA y de las primeras piedras que le prometan. En Jalisco, uno nunca sabe cuál de las tres le va a costar más caro.