En Lo de Marcos ya inventaron la obra pública sin gobierno: pala, vecino y ganas
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Existe un género literario mexicano que no requiere autor: el acta de una obra inconclusa. En Lo de Marcos, Bahía de Banderas, acaban de escribir un nuevo capítulo. Las 'Ventanas al Mar', una obra de 8.3 millones de pesos pensada precisamente para sacar el agua de lluvia hacia el mar, arrancó el 21 de abril con un plazo de tres meses. Debía terminar en junio, cómodamente antes de la temporada de lluvias. Estamos a finales de julio, la temporada de lluvias ya llegó, y la obra sigue tan abierta como las preguntas que nadie contesta.
El resultado era predecible con una regla de tres y un poco de mala fe: las calles se inundan, el agua entra a las casas, y los vecinos —que ya llevan años elevando sus viviendas centímetro por centímetro y rellenando terrenos como si vivieran en una crecida permanente— decidieron que esperar a la autoridad era un deporte de riesgo. Así que agarraron pala en mano y se pusieron a retirar arena en la playa para abrirle paso al agua ellos mismos, e incluso convocaron por redes a quien tuviera maquinaria pesada. La obra pública mutó en obra ciudadana. Faltó nada más que pasaran la charola para el cemento.
Lo verdaderamente memorable llegó cuando el director de Obras Públicas visitó la zona afectada. En lugar de una fecha de entrega, ofreció un deslinde: dijo que informar y advertir sobre los riesgos de inundación le corresponde a Protección Civil. Es una obra maestra de la burocracia costera. La dependencia encargada de construir el desagüe explica que ella solo construye; avisar que te vas a ahogar es de otro departamento. Entre Obras Públicas, que no termina, y Protección Civil, que solo advierte, el ciudadano queda en el único punto donde siempre hay consenso: bajo el agua.
Uno entiende la lógica. Si la obra estuviera terminada, no habría a quién echarle la culpa, y en Jalisco eso sería un desperdicio administrativo imperdonable. Mejor dejarla a medias: así el agua tiene por dónde entrar y los funcionarios tienen por dónde salirse. Todos ganan, menos el que tiene la sala llena de lodo.
Que conste el mérito vecinal, porque es real: en un país donde a veces esperar a la autoridad equivale a esperar a Godot con impermeable, la gente de Lo de Marcos hizo lo único sensato. Tomó la pala. Ojalá el ayuntamiento tome nota —y de paso, una excavadora— antes de que la próxima 'Ventana al Mar' termine siendo, literalmente, la ventana por donde entra el mar a la sala.
El resultado era predecible con una regla de tres y un poco de mala fe: las calles se inundan, el agua entra a las casas, y los vecinos —que ya llevan años elevando sus viviendas centímetro por centímetro y rellenando terrenos como si vivieran en una crecida permanente— decidieron que esperar a la autoridad era un deporte de riesgo. Así que agarraron pala en mano y se pusieron a retirar arena en la playa para abrirle paso al agua ellos mismos, e incluso convocaron por redes a quien tuviera maquinaria pesada. La obra pública mutó en obra ciudadana. Faltó nada más que pasaran la charola para el cemento.
Lo verdaderamente memorable llegó cuando el director de Obras Públicas visitó la zona afectada. En lugar de una fecha de entrega, ofreció un deslinde: dijo que informar y advertir sobre los riesgos de inundación le corresponde a Protección Civil. Es una obra maestra de la burocracia costera. La dependencia encargada de construir el desagüe explica que ella solo construye; avisar que te vas a ahogar es de otro departamento. Entre Obras Públicas, que no termina, y Protección Civil, que solo advierte, el ciudadano queda en el único punto donde siempre hay consenso: bajo el agua.
Uno entiende la lógica. Si la obra estuviera terminada, no habría a quién echarle la culpa, y en Jalisco eso sería un desperdicio administrativo imperdonable. Mejor dejarla a medias: así el agua tiene por dónde entrar y los funcionarios tienen por dónde salirse. Todos ganan, menos el que tiene la sala llena de lodo.
Que conste el mérito vecinal, porque es real: en un país donde a veces esperar a la autoridad equivale a esperar a Godot con impermeable, la gente de Lo de Marcos hizo lo único sensato. Tomó la pala. Ojalá el ayuntamiento tome nota —y de paso, una excavadora— antes de que la próxima 'Ventana al Mar' termine siendo, literalmente, la ventana por donde entra el mar a la sala.