Jumapa se cambia de nombre a SIGAA y promete ahorrar 30 millones: el agua sigue igual, pero el membrete brilla
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En Celaya acaban de descubrir la piedra filosofal de la administración pública: para ahorrar dinero no hace falta cerrar fugas, cambiar tuberías ni cobrarle a los morosos. Basta con cambiarle el nombre al organismo. El antes conocido Jumapa ahora se llama SIGAA, y con ese sencillo trámite semántico la dependencia asegura que va a ahorrar 30 millones de pesos al año.
Uno lee la cifra y se frota los ojos. Treinta millones. Con esa lógica, si al organismo lo rebautizan cada semestre, para diciembre Celaya tendría superávit y hasta alcanzaría para invitar la cena. El problema es que el agua no lee los membretes. Al agua le da igual si sale de una llave que dice Jumapa o de una que dice SIGAA: sigue llegando cuando quiere, con la presión que quiere, y en algunas zonas del Bajío sigue sin llegar del todo.
Entiéndase el reclamo en su justa dimensión: nadie está en contra de que un organismo se modernice, se reestructure o afine su gestión. Ojalá que ese ahorro sea real y verificable, y no el clásico truco de tapar el gasto con letras nuevas. Porque el ciudadano de a pie tiene memoria: ha visto pasar programas rebautizados, dependencias fusionadas y logotipos 'renovados' que costaron un dineral y dejaron el servicio exactamente donde estaba, o sea, goteando.
Hay algo casi poético en la coincidencia del día. Mientras la nueva SIGAA presume 30 millones de ahorro por cambiarse de nombre, la Feria de Navidad de Celaya anda buscando justamente 30 millones para arrancar. Es como si en esta ciudad todo costara, valiera o se ahorrara la misma cantidad mágica: treinta melones, ni uno más. Yo propongo que junten los dos expedientes en la misma junta y que se pongan de acuerdo, no vaya a ser que el ahorro imaginario de una cubra el gasto imaginario de la otra.
Mientras tanto, el vecino de Celaya seguirá haciendo lo de siempre: guardar agua en tambos, rezarle a la presión matutina y aprenderse el nombre nuevo del organismo para saber a quién reclamarle cuando no baje ni una gota. Que al final es lo único que de verdad cambia con estos rebautizos: la razón social a la que uno le manda la queja por WhatsApp. El agua, terca, sigue siendo la misma. O la misma falta.
Uno lee la cifra y se frota los ojos. Treinta millones. Con esa lógica, si al organismo lo rebautizan cada semestre, para diciembre Celaya tendría superávit y hasta alcanzaría para invitar la cena. El problema es que el agua no lee los membretes. Al agua le da igual si sale de una llave que dice Jumapa o de una que dice SIGAA: sigue llegando cuando quiere, con la presión que quiere, y en algunas zonas del Bajío sigue sin llegar del todo.
Entiéndase el reclamo en su justa dimensión: nadie está en contra de que un organismo se modernice, se reestructure o afine su gestión. Ojalá que ese ahorro sea real y verificable, y no el clásico truco de tapar el gasto con letras nuevas. Porque el ciudadano de a pie tiene memoria: ha visto pasar programas rebautizados, dependencias fusionadas y logotipos 'renovados' que costaron un dineral y dejaron el servicio exactamente donde estaba, o sea, goteando.
Hay algo casi poético en la coincidencia del día. Mientras la nueva SIGAA presume 30 millones de ahorro por cambiarse de nombre, la Feria de Navidad de Celaya anda buscando justamente 30 millones para arrancar. Es como si en esta ciudad todo costara, valiera o se ahorrara la misma cantidad mágica: treinta melones, ni uno más. Yo propongo que junten los dos expedientes en la misma junta y que se pongan de acuerdo, no vaya a ser que el ahorro imaginario de una cubra el gasto imaginario de la otra.
Mientras tanto, el vecino de Celaya seguirá haciendo lo de siempre: guardar agua en tambos, rezarle a la presión matutina y aprenderse el nombre nuevo del organismo para saber a quién reclamarle cuando no baje ni una gota. Que al final es lo único que de verdad cambia con estos rebautizos: la razón social a la que uno le manda la queja por WhatsApp. El agua, terca, sigue siendo la misma. O la misma falta.