Villas Panamericanas: la migra hizo lo que la Fiscalía no pudo
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Hay reencuentros que solo Estados Unidos sabe organizar. El empresario Jaime Moreno Cardeña, señalado por las autoridades de Jalisco como uno de los presuntos responsables del fraude de las Villas Panamericanas y el Fondo Jalisco de Fomento Empresarial (Fojal) —un presunto daño patrimonial que supera los 140 millones de pesos—, fue detenido en Texas. Pero no por quien lo buscaba en casa, sino por agentes del ICE, el Servicio de Inmigración estadounidense. Quédese con la postal: la Fiscalía local llevaba años persiguiendo a un señalado, y al final lo entregó la misma migra que a todos nos da terror.
Las Villas Panamericanas merecen un museo. Construidas para los Juegos de 2011, su verdadero deporte de alto rendimiento ha sido el escándalo, disciplina en la que Jalisco nunca baja del podio. Quince años después, el expediente sigue produciendo noticias con la regularidad de un atleta becado. Si el oro se diera por longevidad de un caso, ya tendríamos himno.
Lo delicioso del asunto es la geografía moral. Justo esta semana la Cancillería recomendó a los mexicanos que viajen al Mundial extremar precauciones en Estados Unidos por el riesgo de redadas migratorias. Y mientras unos temen a la migra por ir a ver futbol, a otros la migra les resolvió la vida procesal. El norte, ese lugar al que se huye y que, paradójicamente, te regresa con acuse de recibo.
Conviene subrayar que todo está en etapa de investigación y órdenes judiciales: aquí nadie canta sentencias, que para eso ya hay suficiente gente improvisando. Las autoridades mexicanas, por cierto, no han informado oficialmente los motivos de la detención ni el estatus migratorio que la originó, de modo que el misterio sigue tan abierto como las puertas de aquellas villas que nunca terminaron de cumplir su promesa.
La moraleja jalisciense es para bordar en servilleta: puedes esquivar a la Fiscalía del estado, puedes esquivar los citatorios, pero nadie esquiva el formulario migratorio. En este país la justicia a veces llega tarde; en este caso, llegó con pasaporte y en inglés.
Las Villas Panamericanas merecen un museo. Construidas para los Juegos de 2011, su verdadero deporte de alto rendimiento ha sido el escándalo, disciplina en la que Jalisco nunca baja del podio. Quince años después, el expediente sigue produciendo noticias con la regularidad de un atleta becado. Si el oro se diera por longevidad de un caso, ya tendríamos himno.
Lo delicioso del asunto es la geografía moral. Justo esta semana la Cancillería recomendó a los mexicanos que viajen al Mundial extremar precauciones en Estados Unidos por el riesgo de redadas migratorias. Y mientras unos temen a la migra por ir a ver futbol, a otros la migra les resolvió la vida procesal. El norte, ese lugar al que se huye y que, paradójicamente, te regresa con acuse de recibo.
Conviene subrayar que todo está en etapa de investigación y órdenes judiciales: aquí nadie canta sentencias, que para eso ya hay suficiente gente improvisando. Las autoridades mexicanas, por cierto, no han informado oficialmente los motivos de la detención ni el estatus migratorio que la originó, de modo que el misterio sigue tan abierto como las puertas de aquellas villas que nunca terminaron de cumplir su promesa.
La moraleja jalisciense es para bordar en servilleta: puedes esquivar a la Fiscalía del estado, puedes esquivar los citatorios, pero nadie esquiva el formulario migratorio. En este país la justicia a veces llega tarde; en este caso, llegó con pasaporte y en inglés.