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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 30 de julio de 2026

La UNAM inventó un examen vigilado por inteligencia artificial que resultó menos atento que un prefecto dormido

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La UNAM inventó un examen vigilado por inteligencia artificial que resultó menos atento que un prefecto dormido
La Universidad Nacional decidió modernizar su examen de admisión con vigilancia por inteligencia artificial, esa promesa reluciente que todo lo ve y todo lo detecta. El resultado, según los propios aspirantes, fue una supervisión "insuficiente y laxa". Traducción: pusieron a la máquina del futuro a cuidar la prueba y la máquina del futuro se distrajo. Los sustentantes reportan irregularidades y piden que se refuercen las medidas de seguridad, lo cual es una manera elegante de decir que confiaban más en el ojo humano de siempre que en el algoritmo carísimo.

El enredo se puso más jugoso con el dictamen de los expertos: usar IA para hacer trampa no es causal para anular el examen, porque la normatividad académica no lo contempla. Es decir, la universidad usó inteligencia artificial para vigilar, algunos aspirantes habrían usado inteligencia artificial para responder, y el reglamento no dice nada de inteligencia artificial. Empate técnico entre robots, con los humanos de testigos. Mientras tanto, del otro lado del expediente, la propia empresa contratada dispuso de un solo supervisor por cada ciento cincuenta aspirantes, cuando el contrato hablaba de observación efectiva y en tiempo real. La observación efectiva, al parecer, también estaba en la nube.

Y como si el sistema quisiera rematarse solo, resulta que casi la mitad de las carreras que la UNAM imparte fuera de la Ciudad de México no llenó su cupo, pese a que diecisiete de cuarenta y una licenciaturas bajaron sus puntajes mínimos. Trescientos sesenta y seis espacios se quedaron vacíos. Es un contraste digno de manual: por un lado, miles peleándose un lugar entre acusaciones de trampa; por otro, aulas con sillas libres esperando a quien se anime. La UNAM logró la proeza de tener, al mismo tiempo, demasiada demanda y demasiado espacio. Depende de dónde pongas la cámara.

De fondo, todos opinan. Los legisladores piden a la universidad que resuelva pronto y, con la boca chica, que respeten su autonomía —o sea, arréglenlo ustedes pero háganlo ya. La presidenta pidió cuidar el prestigio de la institución "entre todos". El coordinador del PT calificó de "inaudito e inexplicable" lo ocurrido, adjetivos que se usan cuando algo era perfectamente previsible pero suena mejor fingir sorpresa.

La moraleja es incómoda. La UNAM quiso dar un salto tecnológico y aterrizó en la vieja verdad de siempre: ninguna cámara, por inteligente que se anuncie, sustituye a alguien que de verdad esté poniendo atención. Se cambió al prefecto de carne y hueso por un ojo digital, y el ojo digital resultó tener el mismo defecto que el prefecto de la prepa: parpadea justo cuando más lo necesitas. Los aspirantes, esos que sí estudiaron sin ayuda de ningún modelo de lenguaje, merecerían al menos un examen tan despierto como ellos.