El Bajío se pone al corriente: canchas uruguayas, escaleras al cielo y momias que viajan más que usted
Tamaño de letra
Hay semanas en que Guanajuato despierta con ganas de resolverlo todo con una transferencia bancaria, y esta fue una de ellas. En Manuel Doblado, el municipio y la contratista que rehabilitó una cancha de futbol —con un supuesto sobreprecio que puso nerviosa a la Auditoría Superior de la Federación— llegaron a un acuerdo tan elegante que da envidia: la empresa reintegra el dinero y, palabras del alcalde, la auditoría queda 'subsanada'. Así de fácil. Uno esperaría que subsanar una observación federal implicara papeles, sellos, quizá un examen sorpresa; resulta que basta con devolver lo que sobró y hacer como que aquí no pasó nada. Guanajuatenses de bien: si algún día la vida les cobra de más, ya saben, se llama 'acuerdo' y todos contentos. Detalle no menor: la cancha es de futbol uruguayo, esa modalidad tan celosamente presupuestada que hasta el sobreprecio tuvo que ser importado.
De las canchas pasamos a la montaña. En León, alguien tuvo la brillante idea de subir al cerro de La Bufa —justo el que se busca declarar Área Natural Protegida— con costales de cemento y ganas de construir escaleras. Porque nada dice 'respeto a la naturaleza intacta' como pavimentarla antes de protegerla oficialmente. Los ambientalistas, aguafiestas de siempre, preguntan cositas menores: la legalidad de la obra, por ejemplo. Uno entiende la lógica gubernamental: para qué esperar la declaratoria de zona natural cuando puedes adelantarte y dejarla naturalmente escalonada. A este paso, el próximo monumento protegido de Guanajuato vendrá con estacionamiento techado y máquina de refrescos.
Mientras tanto, en Salamanca la realidad tocó a la puerta en el peor momento posible. Durante la inauguración de una calle —foto, listón, aplausos— un vecino aprovechó para denunciar el maltrato animal y los perros callejeros, y el alcalde tuvo que reconocer, ahí mismito, que el problema 'supera la capacidad operativa' del municipio. Nada como cortar un listón para que te corten el discurso. Y no fue el único aguacero salmantino: la ciudad reporta hasta 55 comercios cerrados por inseguridad, mientras la Fecanaco suma 40 negocios que bajaron cortina por cobro de piso, incluido un vivero que ahora sí quedó bien muerto. La lección municipal es clara: se pavimenta la calle San Joaquín por 7.4 millones, pero la calma no viene incluida en la mezcla asfáltica.
En el terreno de la seguridad estatal, el contraste raya en lo poético. Por un lado, el Canje de Armas 2026 presume haber retirado más de 60 armas y cientos de cartuchos en Salamanca, Valle de Santiago y Apaseo el Alto, repartiendo casi medio millón de pesos en incentivos. Un esfuerzo encomiable. Por el otro, Valle de Santiago —uno de los municipios de la campaña— vivió una masacre en la que murieron cuatro integrantes de una familia. Uno entrega la escopeta oxidada del abuelo, cobra su incentivo, y a dos cuadras la aritmética de la violencia sigue haciendo sus cuentas por su lado. En Celaya, para no quedarse atrás, las autoridades sostienen que los robos a casa habitación con violencia bajaron 72 por ciento; el dato es tan alentador que apenas empaña la noticia de la mujer asesinada precisamente por robarle en su domicilio. Los porcentajes en Guanajuato tienen una virtud notable: siempre van a la baja, aunque las esquelas no se enteren.
Hay que reconocer, eso sí, el talento local para el turismo del más allá. León presume que ya tiene ocho momias replicadas en 3D, y que seis de ellas andan de gira promocionando a Guanajuato. Léase de nuevo: seis momias viajan más que el ciudadano promedio, que apenas junta para ir a Comonfort por pitahaya. Las originales, mientras tanto, descansan; para eso están las réplicas, que son como el equipo de suplentes del inframundo. El Zoo de León, por su parte, pasó de ser el noble refugio que recibió felinos rescatados a estar bajo escrutinio nacional tras la muerte de uno de ellos y otros decesos. La casa que acogía animales rescatados ahora rescata su propia reputación, que se le escapó por la puerta trasera.
Y en Pénjamo, fieles a la sabiduría ancestral, decidieron que la mejor forma de celebrar 125 años como ciudad es un Festival del Tequila que dura de mediodía a las diez de la noche. Diez horas de tradición agavera en un estado donde el mismo Observatorio Ciudadano de Irapuato advierte que ni siquiera sabemos cuántos accidentes viales están ligados al alcohol, porque los datos oficiales no dan ni para eso. Perfecto: brindemos por la identidad, por los 125 años y por unas cifras tan borrosas como la salida del festival. Salud, Guanajuato, que nos conocemos.
De las canchas pasamos a la montaña. En León, alguien tuvo la brillante idea de subir al cerro de La Bufa —justo el que se busca declarar Área Natural Protegida— con costales de cemento y ganas de construir escaleras. Porque nada dice 'respeto a la naturaleza intacta' como pavimentarla antes de protegerla oficialmente. Los ambientalistas, aguafiestas de siempre, preguntan cositas menores: la legalidad de la obra, por ejemplo. Uno entiende la lógica gubernamental: para qué esperar la declaratoria de zona natural cuando puedes adelantarte y dejarla naturalmente escalonada. A este paso, el próximo monumento protegido de Guanajuato vendrá con estacionamiento techado y máquina de refrescos.
Mientras tanto, en Salamanca la realidad tocó a la puerta en el peor momento posible. Durante la inauguración de una calle —foto, listón, aplausos— un vecino aprovechó para denunciar el maltrato animal y los perros callejeros, y el alcalde tuvo que reconocer, ahí mismito, que el problema 'supera la capacidad operativa' del municipio. Nada como cortar un listón para que te corten el discurso. Y no fue el único aguacero salmantino: la ciudad reporta hasta 55 comercios cerrados por inseguridad, mientras la Fecanaco suma 40 negocios que bajaron cortina por cobro de piso, incluido un vivero que ahora sí quedó bien muerto. La lección municipal es clara: se pavimenta la calle San Joaquín por 7.4 millones, pero la calma no viene incluida en la mezcla asfáltica.
En el terreno de la seguridad estatal, el contraste raya en lo poético. Por un lado, el Canje de Armas 2026 presume haber retirado más de 60 armas y cientos de cartuchos en Salamanca, Valle de Santiago y Apaseo el Alto, repartiendo casi medio millón de pesos en incentivos. Un esfuerzo encomiable. Por el otro, Valle de Santiago —uno de los municipios de la campaña— vivió una masacre en la que murieron cuatro integrantes de una familia. Uno entrega la escopeta oxidada del abuelo, cobra su incentivo, y a dos cuadras la aritmética de la violencia sigue haciendo sus cuentas por su lado. En Celaya, para no quedarse atrás, las autoridades sostienen que los robos a casa habitación con violencia bajaron 72 por ciento; el dato es tan alentador que apenas empaña la noticia de la mujer asesinada precisamente por robarle en su domicilio. Los porcentajes en Guanajuato tienen una virtud notable: siempre van a la baja, aunque las esquelas no se enteren.
Hay que reconocer, eso sí, el talento local para el turismo del más allá. León presume que ya tiene ocho momias replicadas en 3D, y que seis de ellas andan de gira promocionando a Guanajuato. Léase de nuevo: seis momias viajan más que el ciudadano promedio, que apenas junta para ir a Comonfort por pitahaya. Las originales, mientras tanto, descansan; para eso están las réplicas, que son como el equipo de suplentes del inframundo. El Zoo de León, por su parte, pasó de ser el noble refugio que recibió felinos rescatados a estar bajo escrutinio nacional tras la muerte de uno de ellos y otros decesos. La casa que acogía animales rescatados ahora rescata su propia reputación, que se le escapó por la puerta trasera.
Y en Pénjamo, fieles a la sabiduría ancestral, decidieron que la mejor forma de celebrar 125 años como ciudad es un Festival del Tequila que dura de mediodía a las diez de la noche. Diez horas de tradición agavera en un estado donde el mismo Observatorio Ciudadano de Irapuato advierte que ni siquiera sabemos cuántos accidentes viales están ligados al alcohol, porque los datos oficiales no dan ni para eso. Perfecto: brindemos por la identidad, por los 125 años y por unas cifras tan borrosas como la salida del festival. Salud, Guanajuato, que nos conocemos.