La Bufa protegida: primero le echamos cemento y luego la declaramos intocable
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En León se está escribiendo un nuevo capítulo del manual de conservación ambiental, edición Guanajuato, y promete ser un clásico. El cerro de La Bufa, ese que las autoridades quieren declarar Área Natural Protegida, amaneció con escaleras y cemento fresco. Sí: se le está poniendo concreto a un cerro precisamente porque queremos preservarlo en su estado natural. La lógica es impecable, si uno la lee con los ojos cerrados.
Los ambientalistas —esos aguafiestas profesionales que insisten en cosas como 'la ley' y 'el ecosistema'— pusieron el grito en la ladera. Cuestionan la legalidad de las obras y advierten que semejante obra podría afectar la propia declaratoria que se persigue. Es decir, corremos el riesgo de que el cerro no pueda ser área natural protegida porque lo dejamos demasiado poco natural. Un mérito difícil de superar.
Hay algo entrañable en la prisa. Antes se protegía primero y se intervenía después, o de plano no se intervenía. Aquí decidimos adelantar los trabajos como quien pinta la casa antes de saber si se la van a comprar. 'Cuando llegue la declaratoria, el cerro ya estará listo', parecen decir, olvidando que un Área Natural Protegida no es un fraccionamiento con amenidades.
Uno imagina el folleto turístico del futuro: 'Visite La Bufa, patrimonio natural de Guanajuato, ahora con escalones antiderrapantes y firmes de concreto de la mejor calidad'. Los cerros, pobres, no tienen sindicato ni observatorio ciudadano que los defienda; solo tienen ambientalistas y sentido común, que en estos tiempos vienen siendo casi lo mismo. Mientras tanto, la piedra aguanta lo que le echen, que para eso es piedra. El resto de nosotros solo miramos hacia arriba y nos preguntamos a qué hora protegemos, exactamente, lo que ya estamos remodelando.
Los ambientalistas —esos aguafiestas profesionales que insisten en cosas como 'la ley' y 'el ecosistema'— pusieron el grito en la ladera. Cuestionan la legalidad de las obras y advierten que semejante obra podría afectar la propia declaratoria que se persigue. Es decir, corremos el riesgo de que el cerro no pueda ser área natural protegida porque lo dejamos demasiado poco natural. Un mérito difícil de superar.
Hay algo entrañable en la prisa. Antes se protegía primero y se intervenía después, o de plano no se intervenía. Aquí decidimos adelantar los trabajos como quien pinta la casa antes de saber si se la van a comprar. 'Cuando llegue la declaratoria, el cerro ya estará listo', parecen decir, olvidando que un Área Natural Protegida no es un fraccionamiento con amenidades.
Uno imagina el folleto turístico del futuro: 'Visite La Bufa, patrimonio natural de Guanajuato, ahora con escalones antiderrapantes y firmes de concreto de la mejor calidad'. Los cerros, pobres, no tienen sindicato ni observatorio ciudadano que los defienda; solo tienen ambientalistas y sentido común, que en estos tiempos vienen siendo casi lo mismo. Mientras tanto, la piedra aguanta lo que le echen, que para eso es piedra. El resto de nosotros solo miramos hacia arriba y nos preguntamos a qué hora protegemos, exactamente, lo que ya estamos remodelando.