Capital de récord: dos toneladas de pan, una detenida con café de cortesía y un Centro tomado a machetazos de mercancía
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Hay días en que la Ciudad de México despierta con ganas de romper un récord, y ayer decidió romper varios al mismo tiempo. En la explanada de Venustiano Carranza, decenas de torteros con cofia, cubrebocas y guantes —o sea, más protocolos sanitarios que un quirófano del IMSS— levantaron una torta de cien metros de largo y una tonelada y media de peso, con jamón, mariscos y hasta jabalí, y se ganaron un certificado oficial de Guinness World Records. Al fin una obra pública que se entrega completa, a tiempo y con relleno. La capital, que lleva años sin poder terminar una línea del Metro, resulta campeona mundial en algo que sí sabe hacer: apachurrar telera con firmeza republicana. Que tomen nota los urbanistas: si el problema es la movilidad, quizá la solución sea pavimentar con bolillo.
A unas cuadras de esa proeza gastronómica, otra CDMX practicaba su deporte extremo favorito: el despojo. El Tribunal Superior de Justicia informó que desde 2023 se han abierto más de dos mil doscientos juicios por este delito, y que siete de cada diez denunciantes ya habían sido sacados de su casa antes de poder denunciar. Traducción: aquí primero te desalojan y luego te dan la boleta para formarte. En medio de esa epidemia, la Fiscalía capitalina detuvo a una señalada por despojo en la colonia Del Valle justamente mientras tomaba café con sus abogados en un restaurante de la Cuauhtémoc. La escena, difundida en video, tiene una elegancia casi cinematográfica: la ley llegó a la hora del expreso, y ella ni el americano pudo terminar. Nada como que te lean tu orden de aprehensión entre el pan dulce y la cuenta.
Mientras tanto, en el corazón turístico de la ciudad, otro grupo consolidaba su dominio territorial. La autoridad del Centro Histórico reconoció que los llamados 'toreros' —esos vendedores ambulantes que corren con la mercancía en cuanto asoma un inspector— se han apoderado de Correo Mayor, Tacuba y Madero, dificultando el paso justo por donde debería lucir el perímetro A, el bonito, el de postal. Uno entiende: si hasta el Zócalo tiene su torta de récord, ¿por qué el ambulantaje no habría de tener su propio circuito de alto rendimiento? La Cuauhtémoc, por su parte, anda en pleito público: su alcaldesa acusa que grupos afines a Morena extorsionan a quienes solo quieren trabajar, y de paso ve desinterés de la CDMX para reordenar el desorden. En resumen, todos quieren cobrar por la banqueta y nadie quiere barrerla.
El aire capitalino tampoco quiso quedarse sin protagonismo. En Iztacalco, un intenso olor a hidrocarburo movilizó a bomberos, a Pemex y hasta al Ejército, que se pusieron a tomar mediciones en varios puntos para hallar el origen del aroma. En Tecamachalco, del otro lado, los vecinos ya cerraron puertas y ventanas por la pestilencia que emana del vaso regulador de San Joaquín. Dos zonas metropolitanas unidas por lo único verdaderamente democrático de esta urbe: el mal olor no distingue código postal. Si Harry Styles viene a dar seis conciertos en el Estadio GNP —su mini residencia al más puro estilo Las Vegas cincuentero—, ojalá le toque el perfume local de bienvenida; nada más nuestro que recibir a una estrella pop con notas de gas y laguna estancada.
Y porque la política no descansa, en el Congreso capitalino una diputada propuso que la vacuna contra el VPH sea deducible de impuestos, dado que el esquema completo cuesta entre nueve y quince mil pesos. Buena intención, letra chica: para deducir hay que declarar, y para declarar hay que tener con qué, cosa que le queda lejos a la señora a la que primero desalojaron de su casa y luego pusieron a formarse. Aun así, aplaudamos la creatividad legislativa de convertir la salud pública en un beneficio fiscal, ese deporte nacional donde todo se arregla con una factura.
Así cerró la jornada: una ciudad que puede coordinar a cien torteros para un récord mundial pero no a diez inspectores para despejar Madero; que detiene despojadores en horario de sobremesa mientras siete de cada diez despojados siguen esperando; que huele a hidrocarburo pero sueña con oler a Harry Styles. La CDMX, fiel a su estilo, no resuelve sus problemas: los certifica, los sirve en telera y los manda a Guinness. Buen provecho.
A unas cuadras de esa proeza gastronómica, otra CDMX practicaba su deporte extremo favorito: el despojo. El Tribunal Superior de Justicia informó que desde 2023 se han abierto más de dos mil doscientos juicios por este delito, y que siete de cada diez denunciantes ya habían sido sacados de su casa antes de poder denunciar. Traducción: aquí primero te desalojan y luego te dan la boleta para formarte. En medio de esa epidemia, la Fiscalía capitalina detuvo a una señalada por despojo en la colonia Del Valle justamente mientras tomaba café con sus abogados en un restaurante de la Cuauhtémoc. La escena, difundida en video, tiene una elegancia casi cinematográfica: la ley llegó a la hora del expreso, y ella ni el americano pudo terminar. Nada como que te lean tu orden de aprehensión entre el pan dulce y la cuenta.
Mientras tanto, en el corazón turístico de la ciudad, otro grupo consolidaba su dominio territorial. La autoridad del Centro Histórico reconoció que los llamados 'toreros' —esos vendedores ambulantes que corren con la mercancía en cuanto asoma un inspector— se han apoderado de Correo Mayor, Tacuba y Madero, dificultando el paso justo por donde debería lucir el perímetro A, el bonito, el de postal. Uno entiende: si hasta el Zócalo tiene su torta de récord, ¿por qué el ambulantaje no habría de tener su propio circuito de alto rendimiento? La Cuauhtémoc, por su parte, anda en pleito público: su alcaldesa acusa que grupos afines a Morena extorsionan a quienes solo quieren trabajar, y de paso ve desinterés de la CDMX para reordenar el desorden. En resumen, todos quieren cobrar por la banqueta y nadie quiere barrerla.
El aire capitalino tampoco quiso quedarse sin protagonismo. En Iztacalco, un intenso olor a hidrocarburo movilizó a bomberos, a Pemex y hasta al Ejército, que se pusieron a tomar mediciones en varios puntos para hallar el origen del aroma. En Tecamachalco, del otro lado, los vecinos ya cerraron puertas y ventanas por la pestilencia que emana del vaso regulador de San Joaquín. Dos zonas metropolitanas unidas por lo único verdaderamente democrático de esta urbe: el mal olor no distingue código postal. Si Harry Styles viene a dar seis conciertos en el Estadio GNP —su mini residencia al más puro estilo Las Vegas cincuentero—, ojalá le toque el perfume local de bienvenida; nada más nuestro que recibir a una estrella pop con notas de gas y laguna estancada.
Y porque la política no descansa, en el Congreso capitalino una diputada propuso que la vacuna contra el VPH sea deducible de impuestos, dado que el esquema completo cuesta entre nueve y quince mil pesos. Buena intención, letra chica: para deducir hay que declarar, y para declarar hay que tener con qué, cosa que le queda lejos a la señora a la que primero desalojaron de su casa y luego pusieron a formarse. Aun así, aplaudamos la creatividad legislativa de convertir la salud pública en un beneficio fiscal, ese deporte nacional donde todo se arregla con una factura.
Así cerró la jornada: una ciudad que puede coordinar a cien torteros para un récord mundial pero no a diez inspectores para despejar Madero; que detiene despojadores en horario de sobremesa mientras siete de cada diez despojados siguen esperando; que huele a hidrocarburo pero sueña con oler a Harry Styles. La CDMX, fiel a su estilo, no resuelve sus problemas: los certifica, los sirve en telera y los manda a Guinness. Buen provecho.