Los toreros del Centro: el único deporte que sí se juega en Madero
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En la Ciudad de México hay disciplinas deportivas que no aparecen en ninguna federación pero que se practican todos los días con enorme entrega. Una de ellas es el toreo urbano: ese arte de vender mercancía sobre una manta y levantarla en un parpadeo en cuanto asoma un inspector, para volver a extenderla dos segundos después como si nada. Y según la propia autoridad del Centro Histórico, los toreros ya se apoderaron de calles como Correo Mayor, Tacuba y Francisco I. Madero, complicando la movilidad justamente en el perímetro A, el que sale en los folletos, el que debería lucir para el turista.
El reconocimiento oficial tiene su gracia: la autoridad admite que hay vendedores que 'abusan' y que su presencia impera en el corazón histórico de la capital. Es decir, todos saben quién manda en la banqueta, y no es precisamente quien trae gafete. Uno camina por Madero esquivando lonas, esquivando gritos de oferta, esquivando prisas ajenas, y entiende que el famoso perímetro A es 'A' de 'a ver por dónde paso'.
El cuadro se completa con el pleito de al lado. En la alcaldía Cuauhtémoc, su titular acusó públicamente que grupos afines a Morena estarían extorsionando a los ambulantes que solo buscan trabajar, y de paso reprochó desinterés del gobierno capitalino para reordenar el asunto. Traducción del jaloneo: la calle produce dinero, la calle tiene dueños informales, y arriba nadie quiere ser el aguafiestas que ponga orden y se eche encima a media clientela.
Mientras el pleito se resuelve —o sea, mientras no se resuelve—, el visitante que llega al Zócalo esperando postal encuentra circuito de obstáculos. Y no es que el comercio popular sea el villano: mucha de esa gente vende porque no le queda de otra, y ahí está el nudo que ningún operativo con diez patrullas deshace. Pero cuando la autoridad reconoce en voz alta que ya no controla sus propias cuadras insignia, uno sospecha que el reordenamiento del Centro Histórico lleva años atorado en el mismo lugar: en el eterno 'ahorita lo vemos'. Por lo pronto, el único deporte que sí se juega puntual en Madero sigue siendo correr con la mercancía. Medalla asegurada.
El reconocimiento oficial tiene su gracia: la autoridad admite que hay vendedores que 'abusan' y que su presencia impera en el corazón histórico de la capital. Es decir, todos saben quién manda en la banqueta, y no es precisamente quien trae gafete. Uno camina por Madero esquivando lonas, esquivando gritos de oferta, esquivando prisas ajenas, y entiende que el famoso perímetro A es 'A' de 'a ver por dónde paso'.
El cuadro se completa con el pleito de al lado. En la alcaldía Cuauhtémoc, su titular acusó públicamente que grupos afines a Morena estarían extorsionando a los ambulantes que solo buscan trabajar, y de paso reprochó desinterés del gobierno capitalino para reordenar el asunto. Traducción del jaloneo: la calle produce dinero, la calle tiene dueños informales, y arriba nadie quiere ser el aguafiestas que ponga orden y se eche encima a media clientela.
Mientras el pleito se resuelve —o sea, mientras no se resuelve—, el visitante que llega al Zócalo esperando postal encuentra circuito de obstáculos. Y no es que el comercio popular sea el villano: mucha de esa gente vende porque no le queda de otra, y ahí está el nudo que ningún operativo con diez patrullas deshace. Pero cuando la autoridad reconoce en voz alta que ya no controla sus propias cuadras insignia, uno sospecha que el reordenamiento del Centro Histórico lleva años atorado en el mismo lugar: en el eterno 'ahorita lo vemos'. Por lo pronto, el único deporte que sí se juega puntual en Madero sigue siendo correr con la mercancía. Medalla asegurada.