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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Nuevo León Nota 31 de julio de 2026

Al gatito lo bajaron con ternura; al señor lo despegaron con la Policía

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Al gatito lo bajaron con ternura; al señor lo despegaron con la Policía
Dos rescates de esta semana en la zona metropolitana comparten protagonista silencioso: el poste. Uno terminó en aplausos; el otro, en carpeta de investigación. Y entre ambos cabe, sin exagerar, todo el retrato del momento que vivimos.

En Guadalupe, elementos de Protección Civil rescataron a un gatito atrapado en un poste, rodeado de una maraña de cables, asustado, incapaz de bajar por sus propios medios. Los vecinos reportaron, la corporación acudió y, tras 'una intervención cuidadosa', el minino fue bajado de forma segura. Operativo concluido con éxito, foto tierna garantizada y el alma regia reconfortada. Bien por el gatito, en serio: se lo ganó.

El problema es el otro poste. En el Centro de Monterrey, la Policía localizó a un hombre que había sido 'emplayado' —envuelto en plástico como paquetería— y amarrado a un poste, en el marco de una investigación por secuestro que derivó en cuatro detenidos. Es decir: en esta metrópoli, a un gato lo bajan de un poste con delicadeza felina, y a un ser humano lo pegan a otro poste con cinta industrial. La misma ciudad, la misma semana, el mismo mobiliario urbano cumpliendo funciones diametralmente opuestas.

Uno no sabe si reír o pedir cita con el urbanista. Porque el poste, ese objeto humilde que solo aspiraba a sostener un cable de luz —de esos que en Juárez, por cierto, ya provocan apagones que hasta el PRI exhortó a la CFE a resolver—, se ha convertido en el mueble más versátil del área metropolitana: percha de gatos, escenario del crimen y, en Escobedo, hasta amenaza pública, porque allá hay uno fracturado con las varillas de acero al aire, listo para caer sobre cualquier peatón distraído.

La moraleja, si es que una tragedia admite moraleja, es incómodamente clara: en Nuevo León conviene decidir bien de qué poste te cuelgas. Si maúllas, viene Protección Civil con guantes y paciencia. Si eres persona, la cosa se complica. Y si eres el propio poste, más te vale no estar en Escobedo, porque ahí no te rescata nadie: te esquivan.

Que quede el reconocimiento sincero a quienes bajaron al gato y a quienes rescataron al hombre; ambos hicieron su trabajo. Lo que no termina de cuadrar es el estado de cosas que obliga a un mismo cuerpo de emergencias a alternar, en la misma jornada, entre la ternura y el horror. Ojalá algún día el poste regio vuelva a su única y aburrida vocación: aguantar un cable y, con suerte, la luz.