El Frijol de la tierra y El Frijol de la calle: Chihuahua declara temporada leguminosa
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Pocas veces el destino redacta titulares con tanto sentido del humor. Esta semana, el estado de Chihuahua vivió lo que solo puede describirse como una convergencia legumbrística de proporciones cósmicas. Por un lado, productores locales, encabezados por Héctor Hernán Hernández Alderete, lanzaron 'La Campaña de Promoción al Consumo de Frijol', bajo el lema 'Consume Frijol: Tradición que Alimenta el Cuerpo y el Alma', con la noble misión de meter el frijol chihuahuense a los comedores y prevenir diabetes y males del corazón. Por el otro, la Fiscalía Zona Centro cateó un domicilio en la colonia Portal del Real por robo agravado y, entre los detenidos, apareció un hombre identificado —el universo no falla— como 'El Frijol'.
Entiéndase la magnitud del momento: mientras una parte del gobierno gasta saliva y presupuesto en que usted coma más frijol, otra parte gasta patrullas en asegurar un Frijol. Es la unidad de propósito que el estado nunca supo que tenía. Uno alimenta el cuerpo y el alma; el otro, según la carpeta, se dedicaba a otras cosas menos nutritivas. Ambos, eso sí, protagonistas del mismo lunes.
La campaña legítima merece respeto: el frijol es, en efecto, superalimento, orgullo de la tierra y salvación de la quincena. Nada más chihuahuense que resolver la cena con una olla que dura tres días. Y qué bueno que Índex Juárez abra la puerta para que los chefs de comedores industriales redescubran que la maquiladora también puede oler a frijol de la olla y no solo a café recalentado.
Pero convengamos en que la coincidencia onomástica le puso picante al asunto. En Chihuahua, tierra de apodos gloriosos, tenemos ya el frijol que se siembra y el frijol que se cachan; el que se pone al fuego y el que cae en el cateo. La próxima vez que alguien le diga 'échale frijol a la vida', pregunte de cuál de los dos está hablando, no vaya a ser que termine usted en la campaña equivocada.
Moraleja: consuma frijol de la tierra, que ese sí alimenta el alma. El otro, mejor déjelo en manos de la Fiscalía.
Entiéndase la magnitud del momento: mientras una parte del gobierno gasta saliva y presupuesto en que usted coma más frijol, otra parte gasta patrullas en asegurar un Frijol. Es la unidad de propósito que el estado nunca supo que tenía. Uno alimenta el cuerpo y el alma; el otro, según la carpeta, se dedicaba a otras cosas menos nutritivas. Ambos, eso sí, protagonistas del mismo lunes.
La campaña legítima merece respeto: el frijol es, en efecto, superalimento, orgullo de la tierra y salvación de la quincena. Nada más chihuahuense que resolver la cena con una olla que dura tres días. Y qué bueno que Índex Juárez abra la puerta para que los chefs de comedores industriales redescubran que la maquiladora también puede oler a frijol de la olla y no solo a café recalentado.
Pero convengamos en que la coincidencia onomástica le puso picante al asunto. En Chihuahua, tierra de apodos gloriosos, tenemos ya el frijol que se siembra y el frijol que se cachan; el que se pone al fuego y el que cae en el cateo. La próxima vez que alguien le diga 'échale frijol a la vida', pregunte de cuál de los dos está hablando, no vaya a ser que termine usted en la campaña equivocada.
Moraleja: consuma frijol de la tierra, que ese sí alimenta el alma. El otro, mejor déjelo en manos de la Fiscalía.