El vecino del norte se reserva el derecho de pasar a saludar con todo y dron
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Hay quien toca el timbre antes de entrar a una casa ajena. Y luego está JD Vance, el vicepresidente estadounidense, que prefiere avisar por entrevista de Univision que su país "se reserva el derecho" de emprender acción militar en México "para proteger al pueblo estadounidense". Una cortesía conmovedora: como cuando el cuñado avisa que tal vez llegue a la carne asada, tal vez con escopeta, tal vez sin avisar, pero que en el fondo prefiere la coordinación.
Vance fue claro en su ternura geopolítica: dijo que México es "un país increíble", elogió "la belleza natural" y "el ingenio de la gente", y luego, sin respirar, deslizó que los cárteles son "un cáncer". O sea, el clásico halago que viene con receta de quimioterapia incluida. Aquí en Chihuahua ya conocemos ese tono: es el del turista que ama nuestras cascadas de la Sierra Tarahumara pero quisiera que alguien más limpiara el camino, de preferencia con artillería.
La periodista Ilia Calderón, que claramente no nació ayer, insistió en una pregunta de kínder: ¿sí o no a la acción militar? Vance respondió con la firmeza de un horóscopo: "no queremos hacer eso", "nos encantaría trabajar con el gobierno de México", "pero tenemos que reservarnos el derecho". Tres frases que, traducidas del diplomático al norteño, significan: "ahí va a estar la cosa, compa".
Del otro lado del mostrador, la presidenta Claudia Sheinbaum ya había marcado lo que llamó la "línea roja": nada de ataques en suelo mexicano. Una línea roja que, a juzgar por el entusiasmo de Vance con su "cargamento de armas y fentanilo" hipotético, el vecino mira con el mismo respeto con que uno mira la línea del cajero express cuando trae prisa.
Y por si faltaba salsa, horas antes el presidente Trump declaró que México "perdió el control del país" y que "los cárteles controlan México". Curioso diagnóstico viniendo de quienes, según el propio Vance, notaron que esos cárteles se volvieron poderosos gracias al dinero que reciben "de Estados Unidos por el tráfico de drogas". Es decir: el mejor cliente del antro se queja de que el antro está muy lleno. Sería gracioso si no fuera porque a este lado del Bravo somos nosotros los que ponemos la pista de baile.
Lo entrañable del asunto es la palabra "defensivas". Vance habló de "medidas defensivas para proteger al pueblo". En el manual del buen vecino, lo defensivo es ponerle reja a tu casa, no entrar a la del de enfrente a reacomodarle los muebles. Pero allá tienen una geografía moral flexible donde su frontera empieza, aparentemente, en Ciudad Juárez.
En Chihuahua, mientras tanto, seguimos esperando que el mismo entusiasmo militar que el norte le pone a cruzar la línea se lo pusiera a vigilar las armerías de Texas, de donde salen los fierros que luego nos devuelven con interés. Pero eso, intuimos, no sale en la entrevista del domingo. Mejor reservémonos el derecho de no creerle al cuñado.
Vance fue claro en su ternura geopolítica: dijo que México es "un país increíble", elogió "la belleza natural" y "el ingenio de la gente", y luego, sin respirar, deslizó que los cárteles son "un cáncer". O sea, el clásico halago que viene con receta de quimioterapia incluida. Aquí en Chihuahua ya conocemos ese tono: es el del turista que ama nuestras cascadas de la Sierra Tarahumara pero quisiera que alguien más limpiara el camino, de preferencia con artillería.
La periodista Ilia Calderón, que claramente no nació ayer, insistió en una pregunta de kínder: ¿sí o no a la acción militar? Vance respondió con la firmeza de un horóscopo: "no queremos hacer eso", "nos encantaría trabajar con el gobierno de México", "pero tenemos que reservarnos el derecho". Tres frases que, traducidas del diplomático al norteño, significan: "ahí va a estar la cosa, compa".
Del otro lado del mostrador, la presidenta Claudia Sheinbaum ya había marcado lo que llamó la "línea roja": nada de ataques en suelo mexicano. Una línea roja que, a juzgar por el entusiasmo de Vance con su "cargamento de armas y fentanilo" hipotético, el vecino mira con el mismo respeto con que uno mira la línea del cajero express cuando trae prisa.
Y por si faltaba salsa, horas antes el presidente Trump declaró que México "perdió el control del país" y que "los cárteles controlan México". Curioso diagnóstico viniendo de quienes, según el propio Vance, notaron que esos cárteles se volvieron poderosos gracias al dinero que reciben "de Estados Unidos por el tráfico de drogas". Es decir: el mejor cliente del antro se queja de que el antro está muy lleno. Sería gracioso si no fuera porque a este lado del Bravo somos nosotros los que ponemos la pista de baile.
Lo entrañable del asunto es la palabra "defensivas". Vance habló de "medidas defensivas para proteger al pueblo". En el manual del buen vecino, lo defensivo es ponerle reja a tu casa, no entrar a la del de enfrente a reacomodarle los muebles. Pero allá tienen una geografía moral flexible donde su frontera empieza, aparentemente, en Ciudad Juárez.
En Chihuahua, mientras tanto, seguimos esperando que el mismo entusiasmo militar que el norte le pone a cruzar la línea se lo pusiera a vigilar las armerías de Texas, de donde salen los fierros que luego nos devuelven con interés. Pero eso, intuimos, no sale en la entrevista del domingo. Mejor reservémonos el derecho de no creerle al cuñado.