El reciclaje más eficiente de Juárez lo hace el fuego: otra recicladora arde en fin de semana
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Si en Ciudad Juárez quiere usted saber qué día es fin de semana, no mire el calendario: mire el cielo. Cuando aparece una columna de humo negro elevándose sobre alguna colonia, es que llegó el sábado y una recicladora volvió a incendiarse. Ya casi es folclor.
Este fin, la escena se repitió con puntualidad. Un fuerte incendio consumió las instalaciones de una recicladora en la colonia Satélite, en un predio de mil 700 metros cuadrados dedicado a la carga y descarga de chatarra. Las llamas, alimentadas por la generosa concentración de material combustible, produjeron una columna de humo visible desde medio Juárez. Otra versión ubica el siniestro sobre el bulevar Gómez Morín, con bomberos y la unidad 17 corriendo a apagar lo inapagable. Protección Civil, fiel a su libreto, confirmó después que todo quedó "bajo control" y que se inspeccionaría el lugar por si las llamas deciden regresar de vacaciones.
La buena noticia, y hay que decirlo con toda seriedad, es que no se reportaron personas lesionadas. La mala es que el patrón empieza a parecer suscripción mensual. Presuntamente el fuego arrancó por la explosión del motor y el tanque de gas de un trascabo, esas cosas que pasan cuando conviven en un mismo patio el calor de horno chihuahuense, montañas de chatarra y materiales que arden con solo mirarlos feo.
Uno entiende que las recicladoras existen para transformar lo viejo en algo útil. Lo que no imaginábamos es que el método más veloz fuera prenderles fuego y dejar que la naturaleza —o el trascabo— hiciera lo suyo. A este ritmo, la frontera va a tener que decidir si estos predios son centros de acopio o pebeteros permanentes.
Mientras tanto, el vecindario aprende a leer el humo como quien lee las nubes: si es negro y huele a llanta, hay que cerrar ventanas y sacar el celular para grabar. Porque en Juárez, cuando arde una recicladora, no arde la sorpresa: ya nadie se sorprende. Solo se pregunta cuál seguirá el próximo sábado.
Este fin, la escena se repitió con puntualidad. Un fuerte incendio consumió las instalaciones de una recicladora en la colonia Satélite, en un predio de mil 700 metros cuadrados dedicado a la carga y descarga de chatarra. Las llamas, alimentadas por la generosa concentración de material combustible, produjeron una columna de humo visible desde medio Juárez. Otra versión ubica el siniestro sobre el bulevar Gómez Morín, con bomberos y la unidad 17 corriendo a apagar lo inapagable. Protección Civil, fiel a su libreto, confirmó después que todo quedó "bajo control" y que se inspeccionaría el lugar por si las llamas deciden regresar de vacaciones.
La buena noticia, y hay que decirlo con toda seriedad, es que no se reportaron personas lesionadas. La mala es que el patrón empieza a parecer suscripción mensual. Presuntamente el fuego arrancó por la explosión del motor y el tanque de gas de un trascabo, esas cosas que pasan cuando conviven en un mismo patio el calor de horno chihuahuense, montañas de chatarra y materiales que arden con solo mirarlos feo.
Uno entiende que las recicladoras existen para transformar lo viejo en algo útil. Lo que no imaginábamos es que el método más veloz fuera prenderles fuego y dejar que la naturaleza —o el trascabo— hiciera lo suyo. A este ritmo, la frontera va a tener que decidir si estos predios son centros de acopio o pebeteros permanentes.
Mientras tanto, el vecindario aprende a leer el humo como quien lee las nubes: si es negro y huele a llanta, hay que cerrar ventanas y sacar el celular para grabar. Porque en Juárez, cuando arde una recicladora, no arde la sorpresa: ya nadie se sorprende. Solo se pregunta cuál seguirá el próximo sábado.