El cocodrilo del Zoo de Irapuato: el comunicador que todos deberían imitar
Tamaño de letra
En un día cargado de política reciclada, planes maestros y premios internacionales, hubo una figura pública guanajuatense que consiguió lo imposible: aparecer reseñada, el mismo día, en dos diarios distintos. No es un alcalde. No es un diputado. Es el cocodrilo de pantano del Zoológico de Irapuato.
El reptil, que puede llegar a los tres metros y medio y luce tonos grisáceos y verdosos con ligeras manchas, protagonizó una doble cobertura mediática que ya quisieran los aspirantes a la presidencia municipal. Y lo hizo sin gastar un peso en propaganda, sin colgar una sola lona en un puente peatonal y sin prometer un plan maestro de mil hectáreas. Simplemente estaba ahí, en su herpetario, siendo cocodrilo.
Hay una lección de comunicación pública en esto que ningún funcionario guanajuatense debería ignorar. El animal no dio entrevistas contradictorias. No cambió de especie a media temporada como quien cambia de partido. No emitió comunicados aclaratorios. No subió un video a redes expresando su desacuerdo con nadie. Se mantuvo firme en sus convicciones —una dieta cien por ciento carnívora— y dejó que la prensa acudiera a él. Perfil bajo, mensaje claro, coherencia absoluta. Un fenómeno.
El zoológico, además, aprovechó las vacaciones para ampliar horarios y abrir también los domingos, de ocho de la mañana a seis de la tarde, de manera que las familias irapuatenses puedan ir a admirar a su nueva celebridad. Los letreros piden expresamente no alimentar a los animales; una regla que, aplicada al ecosistema político local, resolvería más de un conflicto de presupuesto.
Que conste: no le deseamos al cocodrilo carrera pública. Ya la tiene, y le está yendo mejor que a muchos. En un estado donde tanto se pelea por salir en la foto, el reptil demostró que a veces basta con quedarse quieto, no morder de más y esperar a que el mundo venga a verte. Cursos de manejo de crisis: pregunten en el herpetario.
El reptil, que puede llegar a los tres metros y medio y luce tonos grisáceos y verdosos con ligeras manchas, protagonizó una doble cobertura mediática que ya quisieran los aspirantes a la presidencia municipal. Y lo hizo sin gastar un peso en propaganda, sin colgar una sola lona en un puente peatonal y sin prometer un plan maestro de mil hectáreas. Simplemente estaba ahí, en su herpetario, siendo cocodrilo.
Hay una lección de comunicación pública en esto que ningún funcionario guanajuatense debería ignorar. El animal no dio entrevistas contradictorias. No cambió de especie a media temporada como quien cambia de partido. No emitió comunicados aclaratorios. No subió un video a redes expresando su desacuerdo con nadie. Se mantuvo firme en sus convicciones —una dieta cien por ciento carnívora— y dejó que la prensa acudiera a él. Perfil bajo, mensaje claro, coherencia absoluta. Un fenómeno.
El zoológico, además, aprovechó las vacaciones para ampliar horarios y abrir también los domingos, de ocho de la mañana a seis de la tarde, de manera que las familias irapuatenses puedan ir a admirar a su nueva celebridad. Los letreros piden expresamente no alimentar a los animales; una regla que, aplicada al ecosistema político local, resolvería más de un conflicto de presupuesto.
Que conste: no le deseamos al cocodrilo carrera pública. Ya la tiene, y le está yendo mejor que a muchos. En un estado donde tanto se pelea por salir en la foto, el reptil demostró que a veces basta con quedarse quieto, no morder de más y esperar a que el mundo venga a verte. Cursos de manejo de crisis: pregunten en el herpetario.