La res agarra pasaporte a Brasil, el poste se fue de raíz y todos se declararon defensores de la libertad
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Domingo de esos en que Chihuahua amaneció con más movilizaciones que una final de beis, y no precisamente por civismo. Vamos por partes, porque hoy el estado repartió tragedias, ironías y récords como quien reparte volantes en el semáforo.
Empecemos por el estómago, que nunca miente. En Parral el gusano barrenador desplomó a la mitad el sacrificio de reses, y como la vaca local ya no da abasto, los carniceros ahora se surten de producto importado de Brasil. Así que la carne asada del fin de semana viajó más kilómetros que muchos parralenses en toda su vida. La plaga ya rebasa los 40 casos en el estado, y uno no sabe qué duele más: el bicho o descubrir que el corte que presume su compadre trae samba en el ADN. Chihuahua, tierra ganadera de cepa, comprándole el bistec al vecino del sur. Que alguien le avise a la Feria de Santa Rita.
De lo que sí sobró producción local fue de percances. La noche del domingo la vialidad Sacramento, justo enfrente del polideportivo, se convirtió en pista de pruebas: un Kia Forte rojo, con conductor y acompañantes presuntamente pasados de copas, subió al camellón a exceso de velocidad y arrancó un poste de luminaria de raíz antes de volcar. Cuatro lesionados y un poste que llevaba años ahí, cumplido, sin meterse con nadie, arrancado de tajo. Como para pedirle disculpas al alumbrado público. Y no fue función única: esa misma jornada hubo choque de frente por circular en sentido contrario en la Prieto Luján, una Tracker consumida por el fuego rumbo a Cuauhtémoc, y —el clásico de temporada— tres paseantes rescatados de la presa Chihuahua cuando se les hundió la lancha. ¿El detalle? Ninguno traía chaleco salvavidas. Porque en Chihuahua el chaleco, como el seguro y la crema para el sol, siempre es para la próxima.
En la capital, mientras tanto, la marcha por el agua dejó al Palacio de Gobierno con pintas nuevas. Colectivos y organizaciones salieron a exigir que se cancele el convenio con la agencia israelí Mekorot, algunos con el rostro cubierto por máscaras de luchador, muy nuestro. El Consejo Coordinador Empresarial se apresuró a condenar el vandalismo y a recordarnos que uno puede manifestarse sin dañar el patrimonio público. Traducción libre: griten lo que quieran, pero no le rayen la pared al edificio. La eterna discusión chihuahuense de a quién le duele más: si el agua que se va o la cal que hay que reponer.
Y hablando de coros afinados, esta semana ocurrió un milagro de unidad nacional: el PAN, el PRI, la Iglesia católica y hasta la presidenta Sheinbaum salieron —cada quien por su lado— a jurar amor eterno a la libertad de expresión a raíz de los Lineamientos de Derechos de las Audiencias. El panista habló de "ley mordaza", el priista de "censura", el semanario Desde la Fe pidió no callar a nadie, y la mandataria se declaró heredera de Hidalgo, Morelos y Leona Vicario. Nunca tantos que rara vez se ponen de acuerdo coincidieron tan rápido en defender el micrófono... sobre todo cuando el micrófono es el suyo.
Para bajarle dos rayitas al drama, la nota tierna del día vino de la Ciudad de México, donde una torta de metro y medio de altura —perdón, de 100 metros de largo y 1.5 toneladas— se llevó un Récord Guinness. Mil quinientos kilos de torta y aquí seguimos sin poder garantizar mil quinientos litros de agua en algunas colonias. Prioridades del país.
Cierro con el personaje de la jornada: el comisario de la Policía Municipal confesó que "nunca quiso ser policía" y que jamás se imaginó de uniforme, aunque hoy no se ve haciendo otra cosa. Un hombre honesto: llegó al puesto que no buscaba y se quedó. Igualito que medio Chihuahua con su primer empleo, su primera colonia y su equipo de futbol. Bienvenidos al estado donde la vaca es brasileña, el poste es sacrificable, el chaleco es opcional y la libertad la defienden todos, empezando por quien tiene el megáfono.
Empecemos por el estómago, que nunca miente. En Parral el gusano barrenador desplomó a la mitad el sacrificio de reses, y como la vaca local ya no da abasto, los carniceros ahora se surten de producto importado de Brasil. Así que la carne asada del fin de semana viajó más kilómetros que muchos parralenses en toda su vida. La plaga ya rebasa los 40 casos en el estado, y uno no sabe qué duele más: el bicho o descubrir que el corte que presume su compadre trae samba en el ADN. Chihuahua, tierra ganadera de cepa, comprándole el bistec al vecino del sur. Que alguien le avise a la Feria de Santa Rita.
De lo que sí sobró producción local fue de percances. La noche del domingo la vialidad Sacramento, justo enfrente del polideportivo, se convirtió en pista de pruebas: un Kia Forte rojo, con conductor y acompañantes presuntamente pasados de copas, subió al camellón a exceso de velocidad y arrancó un poste de luminaria de raíz antes de volcar. Cuatro lesionados y un poste que llevaba años ahí, cumplido, sin meterse con nadie, arrancado de tajo. Como para pedirle disculpas al alumbrado público. Y no fue función única: esa misma jornada hubo choque de frente por circular en sentido contrario en la Prieto Luján, una Tracker consumida por el fuego rumbo a Cuauhtémoc, y —el clásico de temporada— tres paseantes rescatados de la presa Chihuahua cuando se les hundió la lancha. ¿El detalle? Ninguno traía chaleco salvavidas. Porque en Chihuahua el chaleco, como el seguro y la crema para el sol, siempre es para la próxima.
En la capital, mientras tanto, la marcha por el agua dejó al Palacio de Gobierno con pintas nuevas. Colectivos y organizaciones salieron a exigir que se cancele el convenio con la agencia israelí Mekorot, algunos con el rostro cubierto por máscaras de luchador, muy nuestro. El Consejo Coordinador Empresarial se apresuró a condenar el vandalismo y a recordarnos que uno puede manifestarse sin dañar el patrimonio público. Traducción libre: griten lo que quieran, pero no le rayen la pared al edificio. La eterna discusión chihuahuense de a quién le duele más: si el agua que se va o la cal que hay que reponer.
Y hablando de coros afinados, esta semana ocurrió un milagro de unidad nacional: el PAN, el PRI, la Iglesia católica y hasta la presidenta Sheinbaum salieron —cada quien por su lado— a jurar amor eterno a la libertad de expresión a raíz de los Lineamientos de Derechos de las Audiencias. El panista habló de "ley mordaza", el priista de "censura", el semanario Desde la Fe pidió no callar a nadie, y la mandataria se declaró heredera de Hidalgo, Morelos y Leona Vicario. Nunca tantos que rara vez se ponen de acuerdo coincidieron tan rápido en defender el micrófono... sobre todo cuando el micrófono es el suyo.
Para bajarle dos rayitas al drama, la nota tierna del día vino de la Ciudad de México, donde una torta de metro y medio de altura —perdón, de 100 metros de largo y 1.5 toneladas— se llevó un Récord Guinness. Mil quinientos kilos de torta y aquí seguimos sin poder garantizar mil quinientos litros de agua en algunas colonias. Prioridades del país.
Cierro con el personaje de la jornada: el comisario de la Policía Municipal confesó que "nunca quiso ser policía" y que jamás se imaginó de uniforme, aunque hoy no se ve haciendo otra cosa. Un hombre honesto: llegó al puesto que no buscaba y se quedó. Igualito que medio Chihuahua con su primer empleo, su primera colonia y su equipo de futbol. Bienvenidos al estado donde la vaca es brasileña, el poste es sacrificable, el chaleco es opcional y la libertad la defienden todos, empezando por quien tiene el megáfono.