Milagro de unidad: PAN, PRI, la Iglesia y Palacio Nacional descubren juntos la libertad de expresión
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Que conste que uno pide poco: solo un tema en el que priistas, panistas, la jerarquía católica y el gobierno federal se pongan de acuerdo. Pues bien, esta semana ocurrió, y el tema resultó ser —oh, sorpresa— la libertad de expresión. A raíz de los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, medio arco político-espiritual del país salió a la calle con la misma pancarta imaginaria: no me calles.
Desde el Congreso local, el coordinador del PAN calificó la iniciativa federal como un intento de "censura" y "control absoluto de la narrativa", y le puso el mote de "ley mordaza", que suena a título de telenovela de las siete. No se quedó atrás el diputado del PRI, quien también habló de "ley mordaza" y recordó que proteger a las audiencias no puede ser pretexto para intimidar a los medios. Cuando el PRI y el PAN coinciden palabra por palabra, uno sabe que algo se aproxima o que a los dos se les ocurrió lo mismo el mismo día.
Luego se sumó la Iglesia católica, que desde su semanario Desde la Fe sentenció que "no puede existir censura previa" y elogió el derecho de réplica como garantía para buscar la verdad. Y para cerrar el ecuménico concierto, la propia presidenta Sheinbaum aseguró desde Oaxaca que la Cuarta Transformación defiende la libertad de expresión, de reunión, de manifestación y de las ideas, y se declaró heredera de Hidalgo, Morelos, Juárez, Zapata y Villa, por si faltaba alguien en la lista de padrinos.
Así las cosas: cuatro actores que rara vez se sientan en la misma mesa sin patear por debajo, todos jurando amor eterno al micrófono. Hermoso. Conmovedor. Sospechosamente sincronizado. Porque en política mexicana, cuando absolutamente todos defienden la libertad de expresión al mismo tiempo, la pregunta útil no es quién la defiende, sino de quién es exactamente el micrófono que cada uno quiere proteger. La respuesta, casi siempre, es el propio. Pero eso, por hoy, mejor lo decimos bajito, no vaya a ser que alguien lo tome como ejercicio práctico.
Desde el Congreso local, el coordinador del PAN calificó la iniciativa federal como un intento de "censura" y "control absoluto de la narrativa", y le puso el mote de "ley mordaza", que suena a título de telenovela de las siete. No se quedó atrás el diputado del PRI, quien también habló de "ley mordaza" y recordó que proteger a las audiencias no puede ser pretexto para intimidar a los medios. Cuando el PRI y el PAN coinciden palabra por palabra, uno sabe que algo se aproxima o que a los dos se les ocurrió lo mismo el mismo día.
Luego se sumó la Iglesia católica, que desde su semanario Desde la Fe sentenció que "no puede existir censura previa" y elogió el derecho de réplica como garantía para buscar la verdad. Y para cerrar el ecuménico concierto, la propia presidenta Sheinbaum aseguró desde Oaxaca que la Cuarta Transformación defiende la libertad de expresión, de reunión, de manifestación y de las ideas, y se declaró heredera de Hidalgo, Morelos, Juárez, Zapata y Villa, por si faltaba alguien en la lista de padrinos.
Así las cosas: cuatro actores que rara vez se sientan en la misma mesa sin patear por debajo, todos jurando amor eterno al micrófono. Hermoso. Conmovedor. Sospechosamente sincronizado. Porque en política mexicana, cuando absolutamente todos defienden la libertad de expresión al mismo tiempo, la pregunta útil no es quién la defiende, sino de quién es exactamente el micrófono que cada uno quiere proteger. La respuesta, casi siempre, es el propio. Pero eso, por hoy, mejor lo decimos bajito, no vaya a ser que alguien lo tome como ejercicio práctico.