33 tragamonedas cayeron gracias a un patín eléctrico: la tecnología que sí funciona
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Si usted quería una metáfora del estado de la seguridad en Jalisco, la Fiscalía se la sirvió esta semana calientita y con salsa: un minicasino clandestino con 33 máquinas tragamonedas fue descubierto no por una investigación de meses, no por una labor de inteligencia digna de serie escandinava, sino porque un patín eléctrico robado traía geolocalizador.
Así como lo lee. La denuncia era por el robo de un patín. El aparato, más listo que muchos operativos, gritó desde su GPS "¡aquí estoy!", y las y los policías de investigación siguieron la señal como Hansel y Gretel siguiendo las miguitas. Al final del rastro no encontraron un ladrón cualquiera: encontraron una finca en la colonia San Juan de Dios que operaba presuntamente como casino clandestino y hasta como punto de venta de narcóticos. Catorce personas detenidas, más de tres kilos de presunta droga y 33 tragamonedas parpadeando en la penumbra.
Uno no sabe si celebrar el golpe o reflexionar sobre lo que significa. Porque el resultado es bueno —nadie lo niega—, pero el método invita a la humildad institucional. Treinta y tres máquinas instaladas, enchufadas, funcionando, y nadie se había dado cuenta. Hizo falta que a alguien le robaran su monopatín para que el Estado tropezara, de pura suerte, con un changarro de vicio a plena luz de expediente.
La lección de política pública prácticamente se escribe sola: pónganle geolocalizador a todo. A los patines, a las bicicletas, a los garrafones del SIAPA. Si con un rastreador de 300 pesos desmantelamos un minicasino, imagínese lo que lograríamos rastreando cosas de verdad. Ahí les dejo la propuesta, cortesía de la casa.
Hay algo profundamente tapatío en toda la escena. La misma ciudad que no puede decirte en tiempo real por dónde viene tu camión, sí puede —por accidente— ubicar 33 tragamonedas gracias a un juguete rodante con antena. La tecnología existe, funciona de maravilla y está distribuida con un sentido del humor que ya quisieran los guionistas: del lado del patín, todo; del lado del transporte público, nada.
Que conste: el trabajo policial que siguió la pista y ejecutó el cateo merece su crédito, y el resultado —14 detenidos y droga asegurada— no es cosa menor. Pero permítannos la ironía de señalar que la puerta de entrada a semejante hallazgo fue un monopatín ofendido. En la novela de la seguridad jalisciense, el héroe de este capítulo no traía placa ni pistola: traía ruedas, batería y un chip que nunca perdió el norte.
Moraleja para el hampa local: cuidado con lo que se roban. A veces el botín trae GPS y los delata gratis. Y moraleja para todos los demás: si quiere que algo aparezca rápido en esta ciudad, más le vale que traiga rastreador incorporado. Es lo único que aquí llega puntual.
Así como lo lee. La denuncia era por el robo de un patín. El aparato, más listo que muchos operativos, gritó desde su GPS "¡aquí estoy!", y las y los policías de investigación siguieron la señal como Hansel y Gretel siguiendo las miguitas. Al final del rastro no encontraron un ladrón cualquiera: encontraron una finca en la colonia San Juan de Dios que operaba presuntamente como casino clandestino y hasta como punto de venta de narcóticos. Catorce personas detenidas, más de tres kilos de presunta droga y 33 tragamonedas parpadeando en la penumbra.
Uno no sabe si celebrar el golpe o reflexionar sobre lo que significa. Porque el resultado es bueno —nadie lo niega—, pero el método invita a la humildad institucional. Treinta y tres máquinas instaladas, enchufadas, funcionando, y nadie se había dado cuenta. Hizo falta que a alguien le robaran su monopatín para que el Estado tropezara, de pura suerte, con un changarro de vicio a plena luz de expediente.
La lección de política pública prácticamente se escribe sola: pónganle geolocalizador a todo. A los patines, a las bicicletas, a los garrafones del SIAPA. Si con un rastreador de 300 pesos desmantelamos un minicasino, imagínese lo que lograríamos rastreando cosas de verdad. Ahí les dejo la propuesta, cortesía de la casa.
Hay algo profundamente tapatío en toda la escena. La misma ciudad que no puede decirte en tiempo real por dónde viene tu camión, sí puede —por accidente— ubicar 33 tragamonedas gracias a un juguete rodante con antena. La tecnología existe, funciona de maravilla y está distribuida con un sentido del humor que ya quisieran los guionistas: del lado del patín, todo; del lado del transporte público, nada.
Que conste: el trabajo policial que siguió la pista y ejecutó el cateo merece su crédito, y el resultado —14 detenidos y droga asegurada— no es cosa menor. Pero permítannos la ironía de señalar que la puerta de entrada a semejante hallazgo fue un monopatín ofendido. En la novela de la seguridad jalisciense, el héroe de este capítulo no traía placa ni pistola: traía ruedas, batería y un chip que nunca perdió el norte.
Moraleja para el hampa local: cuidado con lo que se roban. A veces el botín trae GPS y los delata gratis. Y moraleja para todos los demás: si quiere que algo aparezca rápido en esta ciudad, más le vale que traiga rastreador incorporado. Es lo único que aquí llega puntual.