Morena y el arte de deslindarse: "ese señor nunca fue de los nuestros"
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Pocas cosas se ejecutan en la política mexicana con la velocidad de un deslinde. Aprobar un presupuesto tarda meses; construir un acueducto, sexenios; pero soltar la mano a un incómodo se hace en el tiempo que tardas en redactar un comunicado con palomita verde y letra de posicionamiento oficial.
Esta semana le tocó a Morena estrenar el reflejo. Tras la captura del llamado "R1", señalado por la autoridad como presunto líder criminal y posible autor intelectual del homicidio del exalcalde de Uruapan Carlos Manzo, el partido emitió un comunicado para dejar clarísimo que el detenido nunca fue militante, nunca tuvo cargo, nunca pasó ni a saludar. Y de paso aclaró que su hermano, Roldán Álvarez Ayala, sí anduvo por ahí, pero fue expulsado desde noviembre de 2025. O sea: aquí no conocemos a nadie, y al que conocíamos ya lo corrimos. Con fecha y todo, para que no queden dudas.
El comunicado tiene esa estructura tan perfecta que da ternura. Primero la negación absoluta —nunca militó—; después el detalle del hermano, que es como decir "bueno, casi nadie"; y al final la fecha de expulsión, ese sellito de defunción política que convierte cualquier incomodidad en cosa del pasado. Todo con su palomita verde de "posicionamiento", que es el emoji oficial de "nosotros aquí muy tranquilos".
Hay que reconocer el oficio. Deslindarse a tiempo es un arte, y en México se practica con la disciplina de un deporte olímpico. El problema es que el deslinde funciona igual que la app del camión: te informa mucho, pero nunca lo que querías saber. Te dicen con lujo de precisión quién NO es de ellos y desde cuándo, pero uno se queda con la sana curiosidad de cómo fue que el hermano de un presunto capo llegó a formar parte de las filas antes de la expulsión. Ese capítulo, misteriosamente, no viene en el comunicado.
Seamos justos: un partido tiene todo el derecho de aclarar quién milita y quién no, y expulsar a alguien es, en el papel, lo correcto. Nadie está diciendo lo contrario. Lo que llama la atención es la coreografía: la memoria selectiva que recuerda con exactitud notarial la fecha de expulsión, pero no la fecha de afiliación. La política del deslinde es como el clóset con bolsita de romero: huele a limpio justo cuando más falta hace disimular la humedad.
Así que quede para el registro este nuevo ejemplar de la especie. En un país donde tantas cosas llegan tarde —el agua, el camión, las fichas de búsqueda—, el deslinde es puntualísimo. Siempre llega a tiempo, siempre trae fecha, siempre viene con palomita. Es, quizá, el único servicio con entrega exprés garantizada en toda la República. Lástima que no lo pongan a repartir agua.
Esta semana le tocó a Morena estrenar el reflejo. Tras la captura del llamado "R1", señalado por la autoridad como presunto líder criminal y posible autor intelectual del homicidio del exalcalde de Uruapan Carlos Manzo, el partido emitió un comunicado para dejar clarísimo que el detenido nunca fue militante, nunca tuvo cargo, nunca pasó ni a saludar. Y de paso aclaró que su hermano, Roldán Álvarez Ayala, sí anduvo por ahí, pero fue expulsado desde noviembre de 2025. O sea: aquí no conocemos a nadie, y al que conocíamos ya lo corrimos. Con fecha y todo, para que no queden dudas.
El comunicado tiene esa estructura tan perfecta que da ternura. Primero la negación absoluta —nunca militó—; después el detalle del hermano, que es como decir "bueno, casi nadie"; y al final la fecha de expulsión, ese sellito de defunción política que convierte cualquier incomodidad en cosa del pasado. Todo con su palomita verde de "posicionamiento", que es el emoji oficial de "nosotros aquí muy tranquilos".
Hay que reconocer el oficio. Deslindarse a tiempo es un arte, y en México se practica con la disciplina de un deporte olímpico. El problema es que el deslinde funciona igual que la app del camión: te informa mucho, pero nunca lo que querías saber. Te dicen con lujo de precisión quién NO es de ellos y desde cuándo, pero uno se queda con la sana curiosidad de cómo fue que el hermano de un presunto capo llegó a formar parte de las filas antes de la expulsión. Ese capítulo, misteriosamente, no viene en el comunicado.
Seamos justos: un partido tiene todo el derecho de aclarar quién milita y quién no, y expulsar a alguien es, en el papel, lo correcto. Nadie está diciendo lo contrario. Lo que llama la atención es la coreografía: la memoria selectiva que recuerda con exactitud notarial la fecha de expulsión, pero no la fecha de afiliación. La política del deslinde es como el clóset con bolsita de romero: huele a limpio justo cuando más falta hace disimular la humedad.
Así que quede para el registro este nuevo ejemplar de la especie. En un país donde tantas cosas llegan tarde —el agua, el camión, las fichas de búsqueda—, el deslinde es puntualísimo. Siempre llega a tiempo, siempre trae fecha, siempre viene con palomita. Es, quizá, el único servicio con entrega exprés garantizada en toda la República. Lástima que no lo pongan a repartir agua.