Guanajuato al millón: pagamos por oler el problema pero no por resolverlo
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Amable lectoría del Bajío, hoy el estado amaneció con esa mezcla tan nuestra de tragedia, burocracia y aroma dudoso que ya deberíamos registrar como denominación de origen. Empecemos por lo que de verdad importa: Celaya, esa ciudad que sabe distinguir un buen guiso a tres cuadras, ahora quiere comprar equipo especializado por alrededor de un millón de pesos para averiguar de dónde vienen los olores fétidos que perfumaron la ciudad el 28 de julio. Un millón de pesos, señoras y señores, para ponerle nombre y apellido a un tufo. Uno pensaría que la nariz de cualquier celayense promedio —instrumento gratuito, calibrado por generaciones de olfatear tortillas quemadas y drenajes rebeldes— ya había emitido su dictamen. Pero no: el olfato ciudadano no genera factura, y en la administración pública lo que no se puede licitar, no existe. Detectaremos el origen del olor con tecnología de punta; resolverlo, en cambio, quedará para el siguiente presupuesto.
Y hablando de aromas institucionales, en el Zoológico de León ocurrió un drama digno de telenovela de las siete. Un bisonte americano macho perdió la vida —los veterinarios aplicaron eutanasia humanitaria tras una lesión irreversible— luego de un enfrentamiento de dominancia con otro macho de su mismo grupo. Léase con atención: dos machos peleándose por el mando hasta que uno queda irreparablemente lesionado. Si esto no es una metáfora de la política guanajuatense, entonces yo no sé leer. La única diferencia es que en el reino animal a esto le llaman 'lucha por la dominancia' y en las precampañas le llaman 'renovación de cuadros'. Descanse en paz el bisonte, que al menos peleó de frente y sin recibo apócrifo.
Porque sí, hablemos del recibo. En San Juan de la Vega, Celaya, alguien tuvo la audacia de usar un recibo apócrifo para conseguir un descuento en el panteón. Un DESCUENTO. En el PANTEÓN. Hay gente que falsifica documentos para comprar un yate y hay gente en el Bajío que arriesga el prestigio por ahorrarse unos pesos en la última morada. El alcalde de Celaya salió a descartar que la delegada esté relacionada, y la Contraloría —y en su caso la Fiscalía— seguirán investigando. Nada como iniciar una carpeta de investigación por una promoción de temporada en el camposanto. Ni muertos nos salvamos del regateo, y ni regateando somos honestos.
Mientras tanto, el Tren de Pasajeros Querétaro-Irapuato avanza a paso de locomotora de museo. En Celaya ya modificaron cuatro rutas del transporte público por las obras, el municipio proyecta un Centro de Atención a Visitantes en la estación, y por si faltara emoción, la asociación CABALE metió un amparo para exigir una consulta ciudadana que, dicen, se saltaron en la evaluación ambiental. O sea: ya movimos los camiones, ya diseñamos la bienvenida turística, pero lo de preguntarle a la gente lo dejamos para después, como quien construye la casa y luego averigua si había permiso. El tren todavía no pasa y ya generó más trámites que pasajeros. A este ritmo, el Centro de Atención a Visitantes va a atender principalmente a abogados.
En el terreno del alma, en León nos recordaron que el periodismo guanajuatense enfrenta su mayor desafío: recuperar credibilidad y sobrevivir en la era digital. Se dijo, muy oportunamente, en un foro cultural. Uno agradece la autocrítica, aunque reconozcamos que pedirle credibilidad a la prensa el mismo día en que un municipio gasta un millón en oler y otro investiga un fraude de panteón es como pedirle sobriedad al último en salir de la vendimia de Dolores Hidalgo. Al menos hay coherencia temática.
Y para cerrar con clase, Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica, soltó en Irapuato una de esas frases que se tatúan solas: 'Mejor bailar cumbia que colgarse por cinco mil pesos de aprendiz de sicario'. Difícil discutirle. En un estado que registró 14 masacres en el primer semestre según Causa en Común, la cumbia empieza a sonar menos a consejo y más a política pública. Ojalá el presupuesto para pistas de baile fuera tan generoso como el del detector de olores. Porque si de algo sabe Guanajuato, es de gastar en identificar el problema con lujo de detalle, ponerle sensores, ponerle foro, ponerle amparo —y luego bailarnos la cumbia mientras el tufo, el tren y la dominancia siguen su curso. Que suene la banda; total, ya pagamos la entrada.
Y hablando de aromas institucionales, en el Zoológico de León ocurrió un drama digno de telenovela de las siete. Un bisonte americano macho perdió la vida —los veterinarios aplicaron eutanasia humanitaria tras una lesión irreversible— luego de un enfrentamiento de dominancia con otro macho de su mismo grupo. Léase con atención: dos machos peleándose por el mando hasta que uno queda irreparablemente lesionado. Si esto no es una metáfora de la política guanajuatense, entonces yo no sé leer. La única diferencia es que en el reino animal a esto le llaman 'lucha por la dominancia' y en las precampañas le llaman 'renovación de cuadros'. Descanse en paz el bisonte, que al menos peleó de frente y sin recibo apócrifo.
Porque sí, hablemos del recibo. En San Juan de la Vega, Celaya, alguien tuvo la audacia de usar un recibo apócrifo para conseguir un descuento en el panteón. Un DESCUENTO. En el PANTEÓN. Hay gente que falsifica documentos para comprar un yate y hay gente en el Bajío que arriesga el prestigio por ahorrarse unos pesos en la última morada. El alcalde de Celaya salió a descartar que la delegada esté relacionada, y la Contraloría —y en su caso la Fiscalía— seguirán investigando. Nada como iniciar una carpeta de investigación por una promoción de temporada en el camposanto. Ni muertos nos salvamos del regateo, y ni regateando somos honestos.
Mientras tanto, el Tren de Pasajeros Querétaro-Irapuato avanza a paso de locomotora de museo. En Celaya ya modificaron cuatro rutas del transporte público por las obras, el municipio proyecta un Centro de Atención a Visitantes en la estación, y por si faltara emoción, la asociación CABALE metió un amparo para exigir una consulta ciudadana que, dicen, se saltaron en la evaluación ambiental. O sea: ya movimos los camiones, ya diseñamos la bienvenida turística, pero lo de preguntarle a la gente lo dejamos para después, como quien construye la casa y luego averigua si había permiso. El tren todavía no pasa y ya generó más trámites que pasajeros. A este ritmo, el Centro de Atención a Visitantes va a atender principalmente a abogados.
En el terreno del alma, en León nos recordaron que el periodismo guanajuatense enfrenta su mayor desafío: recuperar credibilidad y sobrevivir en la era digital. Se dijo, muy oportunamente, en un foro cultural. Uno agradece la autocrítica, aunque reconozcamos que pedirle credibilidad a la prensa el mismo día en que un municipio gasta un millón en oler y otro investiga un fraude de panteón es como pedirle sobriedad al último en salir de la vendimia de Dolores Hidalgo. Al menos hay coherencia temática.
Y para cerrar con clase, Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica, soltó en Irapuato una de esas frases que se tatúan solas: 'Mejor bailar cumbia que colgarse por cinco mil pesos de aprendiz de sicario'. Difícil discutirle. En un estado que registró 14 masacres en el primer semestre según Causa en Común, la cumbia empieza a sonar menos a consejo y más a política pública. Ojalá el presupuesto para pistas de baile fuera tan generoso como el del detector de olores. Porque si de algo sabe Guanajuato, es de gastar en identificar el problema con lujo de detalle, ponerle sensores, ponerle foro, ponerle amparo —y luego bailarnos la cumbia mientras el tufo, el tren y la dominancia siguen su curso. Que suene la banda; total, ya pagamos la entrada.