Falsificar un recibo para que salga barato el panteón: el fraude más austero del Bajío
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Existen defraudadores de guante blanco que mueven millones por paraísos fiscales, y existe, en San Juan de la Vega, Celaya, alguien que arriesgó su prestigio por un descuento en el panteón usando un recibo apócrifo. Que quede grabado en mármol —descontado, de ser posible—: no todos los villanos sueñan en grande. Algunos falsifican documentos para ahorrarse unos pesos en la sepultura. Es el crimen más modesto, más resignado y, hay que decirlo, más profundamente guanajuatense del año.
El alcalde de Celaya salió a poner orden y afirmó que la delegada de San Juan de la Vega no está relacionada con el recibo apócrifo utilizado para pedir el descuento, y señaló que la Contraloría y, en su caso, la Fiscalía continuarán con la investigación. O sea que ya tenemos maquinaria institucional completa —contraloría, posible fiscalía, deslindes públicos— desplegada alrededor de una rebaja funeraria. Si la burocracia se moviera con esta agilidad para las cosas grandes, el Bajío ya sería Suiza.
Uno no sabe si conmoverse o aplaudir el ingenio. Porque hace falta cierta creatividad, incluso cierta ternura trágica, para pensar 'voy a falsificar un papel, pero no para enriquecerme: para pagar menos por enterrar'. Es el fraude de quien ya se rindió a la idea de que en este país hasta morir cuesta, y decidió pelear la última factura con las únicas armas disponibles: una impresora y mucho descaro. Robin Hood, pero de descuentos en el camposanto.
Queda, eso sí, la moraleja incómoda. Que un recibo trucho para el panteón termine en una carpeta de investigación mientras tantos asuntos de mayor peso duermen el sueño de los justos dice más de nuestras prioridades que cualquier informe de gobierno. Investíguese, por supuesto, faltaba más. Pero ojalá el mismo entusiasmo forense se aplique a los fraudes que no huelen a flores marchitas. Porque si en Guanajuato hasta el descuento del panteón levanta expediente, lo lógico sería que los expedientes grandes levantaran, cuando menos, la misma polvareda. Descanse en paz el recibo; que su investigación, a diferencia de él, no muera enterrada.
El alcalde de Celaya salió a poner orden y afirmó que la delegada de San Juan de la Vega no está relacionada con el recibo apócrifo utilizado para pedir el descuento, y señaló que la Contraloría y, en su caso, la Fiscalía continuarán con la investigación. O sea que ya tenemos maquinaria institucional completa —contraloría, posible fiscalía, deslindes públicos— desplegada alrededor de una rebaja funeraria. Si la burocracia se moviera con esta agilidad para las cosas grandes, el Bajío ya sería Suiza.
Uno no sabe si conmoverse o aplaudir el ingenio. Porque hace falta cierta creatividad, incluso cierta ternura trágica, para pensar 'voy a falsificar un papel, pero no para enriquecerme: para pagar menos por enterrar'. Es el fraude de quien ya se rindió a la idea de que en este país hasta morir cuesta, y decidió pelear la última factura con las únicas armas disponibles: una impresora y mucho descaro. Robin Hood, pero de descuentos en el camposanto.
Queda, eso sí, la moraleja incómoda. Que un recibo trucho para el panteón termine en una carpeta de investigación mientras tantos asuntos de mayor peso duermen el sueño de los justos dice más de nuestras prioridades que cualquier informe de gobierno. Investíguese, por supuesto, faltaba más. Pero ojalá el mismo entusiasmo forense se aplique a los fraudes que no huelen a flores marchitas. Porque si en Guanajuato hasta el descuento del panteón levanta expediente, lo lógico sería que los expedientes grandes levantaran, cuando menos, la misma polvareda. Descanse en paz el recibo; que su investigación, a diferencia de él, no muera enterrada.