Gatos con microchip: la única dependencia de Morelia donde el control de población termina en ronroneo
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Hay noticias que le devuelven a uno la fe en las instituciones, aunque sea por vía felina. El Instituto de Protección Animal de Morelia (IMPA) atendió a 26 gatos comunitarios y, de ellos, esterilizó a 15 adultos, que además fueron vacunados, desparasitados y registrados con microchip. Léalo despacio: vacuna, desparasitación, identificación digital y seguimiento. Estos michis salieron de la jornada con un expediente médico más completo que el de muchos cristianos que llevan tres años esperando cita en el centro de salud.
El objetivo, dicen las autoridades, es promover el bienestar animal, la tenencia responsable y el control de la población en espacios públicos. Y aquí conviene detenerse en la elegancia del asunto: en Morelia, "control de población" aplicado a gatos significa quirófano, cariño y chip; aplicado a casi cualquier otra cosa suele significar una foto, un discurso y una promesa para el siguiente trimestre. El IMPA logró lo que muchos programas humanos no consiguen: un resultado medible el mismo día, sin conferencia de prensa de tres horas.
Uno imagina la escena: 26 gatos comunitarios —esos que gobiernan las azoteas del Centro con más territorialidad que un regidor— pasando por la mesa de operaciones y saliendo con su microchip como quien recibe credencial de elector. Ahora sí, cuando alguien pregunte de quién es ese gato que se pasea por la plaza, habrá respuesta institucional. Es más gobernanza de la que muchos baches de la ciudad han recibido en su vida.
Que no se malinterprete: la ironía es cariño. Aplaudimos de pie al IMPA, porque en un estado donde las malas noticias vienen en manada, que 15 gatos amanezcan esterilizados, sanos y con chip es de las pocas cosas que uno puede leer sin apretar la mandíbula. Ojalá el modelo se contagie: eficiencia discreta, resultado tangible y ningún corte de listón. Si algún día el resto del gobierno michoacano opera con la misma prolijidad que la jornada felina, vamos a tener que pedirle al IMPA que capacite a media administración estatal. Mientras tanto, los gatos van ganando.
El objetivo, dicen las autoridades, es promover el bienestar animal, la tenencia responsable y el control de la población en espacios públicos. Y aquí conviene detenerse en la elegancia del asunto: en Morelia, "control de población" aplicado a gatos significa quirófano, cariño y chip; aplicado a casi cualquier otra cosa suele significar una foto, un discurso y una promesa para el siguiente trimestre. El IMPA logró lo que muchos programas humanos no consiguen: un resultado medible el mismo día, sin conferencia de prensa de tres horas.
Uno imagina la escena: 26 gatos comunitarios —esos que gobiernan las azoteas del Centro con más territorialidad que un regidor— pasando por la mesa de operaciones y saliendo con su microchip como quien recibe credencial de elector. Ahora sí, cuando alguien pregunte de quién es ese gato que se pasea por la plaza, habrá respuesta institucional. Es más gobernanza de la que muchos baches de la ciudad han recibido en su vida.
Que no se malinterprete: la ironía es cariño. Aplaudimos de pie al IMPA, porque en un estado donde las malas noticias vienen en manada, que 15 gatos amanezcan esterilizados, sanos y con chip es de las pocas cosas que uno puede leer sin apretar la mandíbula. Ojalá el modelo se contagie: eficiencia discreta, resultado tangible y ningún corte de listón. Si algún día el resto del gobierno michoacano opera con la misma prolijidad que la jornada felina, vamos a tener que pedirle al IMPA que capacite a media administración estatal. Mientras tanto, los gatos van ganando.