El atraco perfecto: roban una copa que cualquiera puede comprar en la juguetería
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Hay robos que pasan a la historia por su audacia, y hay robos que pasan a la historia por la cara que pone la seguridad cuando se da cuenta. El de Guadalajara pertenece a la segunda categoría, y con honores.
La escena del crimen: el FIFA Fan Festival, ese templo del mercadeo mundialista donde todo brilla y todo está vigilado. La pieza robada: una réplica del trofeo del Mundial armada con bloques de plástico de la conocida juguetera danesa, exhibida en su propio stand. Los testigos: anillos de vigilancia, seguridad privada y elementos de los tres niveles de gobierno. El resultado: la copa se fue de pinta y nadie supo a qué hora.
Lo poético del asunto es la desproporción. Estamos hablando de una figura que, según se ha aclarado, no era única ni de oro macizo: se consigue en tiendas. Es decir, el botín se puede reponer con una tarjeta de crédito y un poco de paciencia ensamblando piezas. Pero el ladrón no quería una copa cualquiera; quería ESA copa, la custodiada por medio aparato del Estado mexicano. Hay gente que escala el Everest 'porque está ahí'; este individuo se llevó el trofeo de plástico por el mismo noble principio.
El detalle que eleva la anécdota a obra de arte es el tiempo de reacción. El reporte de la desaparición llegó horas después, cuando la copa ya llevaba 'buen tiempo fuera de circulación', como si se tratara de un fugitivo internacional y no de un objeto que pesa menos que una torta ahogada. Las autoridades ahora revisan cámaras para reconstruir el misterio, y por ahora los videos solo muestran a una menor y a su papá como los últimos en acercarse a la pieza. Que conste: acercarse a una vitrina no es delito, y por ahora ni siquiera existe denuncia formal. O sea, el gran golpe del Mundial podría terminar archivado por falta de quien se queje.
Uno se imagina la junta de evaluación del operativo: mil pendientes resueltos, presidentes municipales en sus puestos, drones, walkie-talkies, chalecos... y el único objetivo que tenía un costo de reposición de tienda departamental decidió ausentarse. Si la seguridad del Fan Fest fuera una alineación de futbol, esta semana le metieron gol en propia puerta y de chilena.
Quede como moraleja tapatía: en Guadalajara podemos organizar conciertos para 170 mil personas y partidos para el mundo entero, pero pídannos cuidar un juguete y ahí sí nos ganan en los penales. La buena noticia es que la copa, a diferencia de tantas otras cosas que desaparecen en este país, sí se puede volver a comprar. La mala es que tendremos que admitir, en voz baja, que el crimen organizado más eficiente de la semana operó con piezas de Lego.
La escena del crimen: el FIFA Fan Festival, ese templo del mercadeo mundialista donde todo brilla y todo está vigilado. La pieza robada: una réplica del trofeo del Mundial armada con bloques de plástico de la conocida juguetera danesa, exhibida en su propio stand. Los testigos: anillos de vigilancia, seguridad privada y elementos de los tres niveles de gobierno. El resultado: la copa se fue de pinta y nadie supo a qué hora.
Lo poético del asunto es la desproporción. Estamos hablando de una figura que, según se ha aclarado, no era única ni de oro macizo: se consigue en tiendas. Es decir, el botín se puede reponer con una tarjeta de crédito y un poco de paciencia ensamblando piezas. Pero el ladrón no quería una copa cualquiera; quería ESA copa, la custodiada por medio aparato del Estado mexicano. Hay gente que escala el Everest 'porque está ahí'; este individuo se llevó el trofeo de plástico por el mismo noble principio.
El detalle que eleva la anécdota a obra de arte es el tiempo de reacción. El reporte de la desaparición llegó horas después, cuando la copa ya llevaba 'buen tiempo fuera de circulación', como si se tratara de un fugitivo internacional y no de un objeto que pesa menos que una torta ahogada. Las autoridades ahora revisan cámaras para reconstruir el misterio, y por ahora los videos solo muestran a una menor y a su papá como los últimos en acercarse a la pieza. Que conste: acercarse a una vitrina no es delito, y por ahora ni siquiera existe denuncia formal. O sea, el gran golpe del Mundial podría terminar archivado por falta de quien se queje.
Uno se imagina la junta de evaluación del operativo: mil pendientes resueltos, presidentes municipales en sus puestos, drones, walkie-talkies, chalecos... y el único objetivo que tenía un costo de reposición de tienda departamental decidió ausentarse. Si la seguridad del Fan Fest fuera una alineación de futbol, esta semana le metieron gol en propia puerta y de chilena.
Quede como moraleja tapatía: en Guadalajara podemos organizar conciertos para 170 mil personas y partidos para el mundo entero, pero pídannos cuidar un juguete y ahí sí nos ganan en los penales. La buena noticia es que la copa, a diferencia de tantas otras cosas que desaparecen en este país, sí se puede volver a comprar. La mala es que tendremos que admitir, en voz baja, que el crimen organizado más eficiente de la semana operó con piezas de Lego.