"Yo no ando en campaña, solo camino el territorio": la nueva disciplina olímpica de Morena en Jalisco
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Hay quien camina para bajar de peso. En Morena Jalisco se camina para subir de candidatura. Y este año la disciplina llegó con calendario propio: aunque el registro oficial de aspirantes abre hasta finales de agosto, la temporada de "solo estoy caminando el territorio" arrancó hace meses, con toda la solemnidad de quien jura que apenas está considerando la posibilidad mientras ya se aprendió de memoria el nombre de todas las colonias.
El fenómeno tiene un vocabulario propio, digno de estudio antropológico. Nadie "hace campaña": todos "recorren", "escuchan", "están cerca de la gente". Nadie inaugura para figurar: se "acompañan obras". Y los espectaculares no son propaganda anticipada, son —según la fina taxonomía descrita— lonas de "agradecimiento". ¿Agradecimiento de qué, exactamente? El misterio es parte del encanto. Lo importante es que la cara salga grande y el nombre se lea desde el otro carril.
La dirigencia estatal, encabezada por voces como la de Erika Pérez García, promete que esta vez llegarán los mejores perfiles, con especial énfasis en la participación juvenil, esa nueva generación que —nos aseguran— es protagonista del presente. Bonito discurso. El pequeño detalle es el mecanismo: Carlos Lomelí Bolaños aclaró que Morena garantiza espacios para los jóvenes, pero que las candidaturas dependerán de las encuestas. Ah, las encuestas. Ese instrumento científico, imparcial y riguroso que, temporada tras temporada, arroja resultados asombrosamente parecidos a los deseos de quien ya tenía la estructura, la lona y el sonido local contratado.
Así que el mensaje a la juventud militante es cristalino: hay lugar para ti, siempre y cuando la encuesta —cuya metodología nadie verá con lupa— decida que lo hay. Es la meritocracia morenista: te invitan a la fiesta, pero la lista de acceso la revisa un oráculo que nunca falla en favor de los de siempre. "Sin prisas ni dedazos", prometen. Y tienen razón: técnicamente no es dedazo si el dedo se disfraza de gráfica de barras.
Mientras tanto, rumbo a Guadalajara ya hay manos levantándose con la timidez de quien saluda desde un templete. El territorio, ese vasto gimnasio electoral, sigue siendo caminado con devoción. Y uno, ciudadano de a pie que también camina —pero para llegar al trabajo—, solo pide una cosa: que después de tanto recorrer las colonias, alguno se acuerde de que esas mismas colonias llevan meses pidiendo que les destapen las coladeras. Caminar el territorio está bien; caminarlo con hule por las inundaciones estaría aún mejor.
El fenómeno tiene un vocabulario propio, digno de estudio antropológico. Nadie "hace campaña": todos "recorren", "escuchan", "están cerca de la gente". Nadie inaugura para figurar: se "acompañan obras". Y los espectaculares no son propaganda anticipada, son —según la fina taxonomía descrita— lonas de "agradecimiento". ¿Agradecimiento de qué, exactamente? El misterio es parte del encanto. Lo importante es que la cara salga grande y el nombre se lea desde el otro carril.
La dirigencia estatal, encabezada por voces como la de Erika Pérez García, promete que esta vez llegarán los mejores perfiles, con especial énfasis en la participación juvenil, esa nueva generación que —nos aseguran— es protagonista del presente. Bonito discurso. El pequeño detalle es el mecanismo: Carlos Lomelí Bolaños aclaró que Morena garantiza espacios para los jóvenes, pero que las candidaturas dependerán de las encuestas. Ah, las encuestas. Ese instrumento científico, imparcial y riguroso que, temporada tras temporada, arroja resultados asombrosamente parecidos a los deseos de quien ya tenía la estructura, la lona y el sonido local contratado.
Así que el mensaje a la juventud militante es cristalino: hay lugar para ti, siempre y cuando la encuesta —cuya metodología nadie verá con lupa— decida que lo hay. Es la meritocracia morenista: te invitan a la fiesta, pero la lista de acceso la revisa un oráculo que nunca falla en favor de los de siempre. "Sin prisas ni dedazos", prometen. Y tienen razón: técnicamente no es dedazo si el dedo se disfraza de gráfica de barras.
Mientras tanto, rumbo a Guadalajara ya hay manos levantándose con la timidez de quien saluda desde un templete. El territorio, ese vasto gimnasio electoral, sigue siendo caminado con devoción. Y uno, ciudadano de a pie que también camina —pero para llegar al trabajo—, solo pide una cosa: que después de tanto recorrer las colonias, alguno se acuerde de que esas mismas colonias llevan meses pidiendo que les destapen las coladeras. Caminar el territorio está bien; caminarlo con hule por las inundaciones estaría aún mejor.