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El Destiempo

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Edición Nacional 13 de agosto, 2026
Guanajuato Digest 18 de junio de 2026

Lubricantes para el campo, un balón mártir y árboles con maquillaje: la semana en que Guanajuato lo vio todo

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Lubricantes para el campo, un balón mártir y árboles con maquillaje: la semana en que Guanajuato lo vio todo
Arrancamos con la joya de la corona: el gobierno de Pueblo Nuevo se sentó a planear el futuro del campo de la mano de una empresa internacional de lubricantes que, según su propia fama, patrocina a una escudería de Fórmula 1. Es decir, los neopoblanos pasaron de pedir semillas y fertilizante a soñar con un campo que acelere de cero a cien en tres segundos. Habrá que ver si los frijoles salen con tracción a las cuatro ruedas o si, como sospechamos, alguien confundió 'apoyo al agro' con 'cambio de aceite cada diez mil kilómetros'. Lo importante es que el surco quede bien engrasado.

En León, mientras tanto, vivimos la primera tragedia mundialista de la temporada, y no fue en la cancha. No llevamos ni media fase de grupos y ya nos vandalizaron uno de los balones gigantes que el municipio colocó como adorno en la calzada. El esférico, que iba a ser símbolo de fiesta internacional, terminó convertido en mártir del civismo guanajuatense. Conmovedor: invitamos al mundo a casa y antes de servir el café alguien ya le picó el balón. Que tomen nota los promotores de turismo: nuestra hospitalidad es de talla mundial, lo que falla es la puntería para cuidar la utilería.

Y ya que hablamos del Mundial, León decidió que la mejor forma de recibir a la afición coreana es volverse experta en ramen, en especial el que anda asociado a cierta banda de K-pop. Hace tres meses no distinguíamos un ramen de un caldo de pollo con tallarines, y hoy hay quien debate los niveles de picante como sommelier de fideos instantáneos. La globalización llegó al Bajío no por tratado comercial, sino por antojo. Aun así, la guajolota a la salida del estadio sigue invicta; algunas tradiciones no se negocian ni con BTS.

Pasemos a Celaya, que esta semana repartió enseñanzas. Primera: tras doce años de espera, su planta tratadora por fin opera al cien por ciento. Doce años. Hay quien nació, entró a la primaria y ya va en secundaria en lo que el agua aprendía a tratarse. Estuvo a un suspiro de ser elefante blanco de más de ciento veinte millones, pero se salvó en tiempo de descuento, como buen partido del Bajío. Segunda enseñanza: Celaya es, según los expertos, el único municipio del estado que sigue encalando árboles, esa noble costumbre de pintarles los troncos de blanco como si fueran a hacer la primera comunión. El biólogo lo explicó con paciencia: daña la corteza, altera el suelo, no sirve de nada. Pero el árbol guanajuatense, ya se sabe, debe ir bien peinado y de blanco al desfile, aunque le cueste la salud.

Desde la presidencia celayense también nos llegó el verbo más contundente de la semana: 'que renuncien o los renuncio', advirtió el alcalde a los funcionarios que anden haciendo campañita anticipada. Una conjugación nueva y digna del diccionario político local: 'renunciar', verbo transitivo, dícese de cuando el jefe te firma la carta por ti. Faltan dos años para la elección y los aspirantes ya andan calentando motor; alguien debería prestarles el lubricante que sobró en Pueblo Nuevo.

En el Congreso del estado, el PAN volvió a hacer lo que mejor le sale: postergar. Las mesas sobre la despenalización del aborto se aplazaron de nuevo, pese a que la Suprema Corte fijó septiembre como fecha límite. Es la procrastinación elevada a técnica legislativa: si te esperas lo suficiente, quizá la Corte resuelva por ti y nadie tenga que levantar la mano. El truco de estudiar para el examen el día anterior, pero con plazo constitucional.

Y para cerrar con economía doméstica, en el mercado Tomasa Esteves de Salamanca los comerciantes pidieron a la Profeco que revise las básculas de los semifijos, porque sospechan que el kilo de algunos colegas pesa sospechosamente poco. La consigna es hermosa: 'que sean kilos de a kilo'. Pedir que un kilo pese un kilo no debería ser una causa social, pero aquí estamos, defendiendo la aritmética como si fuera patrimonio en riesgo. Si en Guanajuato hasta el kilogramo necesita aval ciudadano, no me quiero imaginar la negociación por el medio kilo.

Resumen de la semana: el campo va a la Fórmula 1, el balón al cementerio, los árboles al salón de belleza y el kilo a juicio. Guanajuato, fiel a su costumbre, lo hace todo con el mayor entusiasmo. Nos leemos al próximo destiempo.