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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 4 de agosto de 2026

Dos cárteles inmobiliarios entran a un bar: el gran torneo de a quién le echamos la culpa

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Dos cárteles inmobiliarios entran a un bar: el gran torneo de a quién le echamos la culpa
Hay pocos espectáculos tan finos en la Ciudad de México como ver a dos partidos políticos discutir, con el rostro compungido y la mano en el pecho, cuál de los dos es el auténtico cártel inmobiliario. Porque en la capital el despojo es un problema real y doloroso —vecinos a los que les cambian las chapas y hasta los medidores, les meten papeles falsos y les entran a la fuerza a su casa en Benito Juárez, Cuauhtémoc y Cuajimalpa—, pero en la arena política se ha convertido en el trofeo más disputado del semestre: nadie quiere el despojo, todos quieren la foto denunciándolo.

De un lado, el PAN capitalino se montó en una protesta de vecinos de la Del Valle, llevó a su dirigencia y a un par de diputados, y responsabilizó a Morena de operar una "industria del despojo". Iniciativa incluida: crear juzgados especiales, porque, aseguran, existen "jueces del acordeón" que legalizan documentos de inmuebles despojados. Suena impecable, hasta que uno recuerda que entre los presentes iba un legislador que fue suplente de un exalcalde detenido en 2023 por casos de corrupción inmobiliaria. Un pequeño asterisco biográfico.

Del otro lado, Morena no perdió la ocasión de recordarlo y calificó la presencia panista de "desfachatez", decretando que quienes marchan "carecen de autoridad moral" y que ellos, los azules, son el verdadero cártel. El secretario de Gobierno remató con la frase que resume el debate público capitalino: que el PAN no tiene la solución de nada "ni donde gobierna", y que mejor no se metan. Es decir: el argumento ya no es "yo lo resuelvo", sino "tú tampoco puedes, así que cállate". Un salto cualitativo en la política de altura.

En el intercambio, un columnista describió al panista Federico Döring atacando primero para culpar después, con la nariz bien sujeta entre el pulgar y el índice antes de tirarse al mar del engaño. La imagen es generosa: da a entender que al menos alguien reconoce el olorcito.

Mientras los dos bandos se disputan el micrófono, el vecino despojado sigue afuera de su propia casa, viendo cómo unos y otros se acusan de ser exactamente lo mismo. Y quizá esa sea la única coincidencia bipartidista genuina del año: ambos están seguros, absolutamente seguros, de que el cártel inmobiliario es el de enfrente. Sobre quién le devuelve la casa a la señora, eso sí, no hubo comunicado.