El Centro Histórico se cae a pedazos, pero eso sí, en tres idiomas para los turistas
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Buenas y malas noticias para el corazón de la capital, según de qué lado del bache lo mire usted. La buena: la Ciudad de México anuncia un segundo semestre de fantasía, con el Congreso Mundial de Turismo Deportivo de ONU Turismo del 7 al 9 de septiembre, delegaciones de más de 140 países, la Fórmula 1, Elton John estrenando el estadio remodelado y un festival de sesenta y seis bandas. La ciudad, dice, quiere mostrar "lo que aprendió como organizadora de grandes eventos". La mala: lo que aprendió no incluyó, al parecer, arreglar la banqueta.
Porque justo cuando desfilarán por el Centro Histórico delegados de medio planeta, el Fideicomiso del Centro Histórico informó que invertirá 13.6 millones de pesos en 2026 para restaurar fachadas y "rescatar el paisaje urbano": un 62% menos que el año pasado. O sea, en el mismo semestre en que la capital quiere lucirse ante el mundo, decide lucirse con menos de la mitad del presupuesto de brocha. Es el equivalente urbano a invitar visitas a la casa y, en vez de pintar, apagar la luz para que no se note la humedad.
El escenario ya lo describieron los propios vecinos: banquetas resquebrajadas que se ladean y salpican agua sucia, coladeras usadas de basurero, la fuente de la plaza Santos Degollado seca desde hace al menos tres años, agaves pisoteados, bancas grafiteadas que huelen tan mal que la gente prefiere irse. Un señor lo resumió mejor que cualquier diagnóstico oficial: los espacios abandonados "merman la calidad de vida". Nada como una fuente seca con maceta improvisada para recibir a las delegaciones de turismo deportivo.
Uno imagina el recorrido guiado: "A su derecha, patrimonio del siglo XVIII; a su izquierda, tiradero clandestino contemporáneo; cuidado con el escalón, con el charco y con la banqueta que se mueve". La capital sabe organizar la Fórmula 1, con sus curvas milimétricas y su asfalto perfecto en el Autódromo; el chiste es que ese mismo cariño por el pavimento no cruza la reja hacia la calle donde caminan los que sí viven aquí.
Que vengan los sesenta y seis grupos, que cante Elton John, que sesione ONU Turismo. La capital merece la fiesta. Solo faltaría que, entre concierto y congreso, alguien se acuerde de rellenar la fuente y de que el paisaje que se quiere "rescatar" también lo pisan, todos los días, los que no traen boleto para el paddock.
Porque justo cuando desfilarán por el Centro Histórico delegados de medio planeta, el Fideicomiso del Centro Histórico informó que invertirá 13.6 millones de pesos en 2026 para restaurar fachadas y "rescatar el paisaje urbano": un 62% menos que el año pasado. O sea, en el mismo semestre en que la capital quiere lucirse ante el mundo, decide lucirse con menos de la mitad del presupuesto de brocha. Es el equivalente urbano a invitar visitas a la casa y, en vez de pintar, apagar la luz para que no se note la humedad.
El escenario ya lo describieron los propios vecinos: banquetas resquebrajadas que se ladean y salpican agua sucia, coladeras usadas de basurero, la fuente de la plaza Santos Degollado seca desde hace al menos tres años, agaves pisoteados, bancas grafiteadas que huelen tan mal que la gente prefiere irse. Un señor lo resumió mejor que cualquier diagnóstico oficial: los espacios abandonados "merman la calidad de vida". Nada como una fuente seca con maceta improvisada para recibir a las delegaciones de turismo deportivo.
Uno imagina el recorrido guiado: "A su derecha, patrimonio del siglo XVIII; a su izquierda, tiradero clandestino contemporáneo; cuidado con el escalón, con el charco y con la banqueta que se mueve". La capital sabe organizar la Fórmula 1, con sus curvas milimétricas y su asfalto perfecto en el Autódromo; el chiste es que ese mismo cariño por el pavimento no cruza la reja hacia la calle donde caminan los que sí viven aquí.
Que vengan los sesenta y seis grupos, que cante Elton John, que sesione ONU Turismo. La capital merece la fiesta. Solo faltaría que, entre concierto y congreso, alguien se acuerde de rellenar la fuente y de que el paisaje que se quiere "rescatar" también lo pisan, todos los días, los que no traen boleto para el paddock.