El campo guanajuatense pide tierra y le ofrecen escudería de Fórmula 1
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Hay reuniones de trabajo y hay reuniones de trabajo. La de Pueblo Nuevo entra en la segunda categoría, esa que merece marco dorado. El gobierno municipal se sentó con una empresa internacional de lubricantes —de esas que presumen patrocinar a una escudería de Fórmula 1— para diseñar, agárrense, estrategias y programas de apoyo al campo para los neopoblanos.
Uno entiende la lógica del funcionario: si la marca le pone aceite a los autos más rápidos del planeta, ¿por qué no habría de ponerle ritmo a la milpa? El problema es que el productor de Pueblo Nuevo no anda buscando bajar décimas en la curva tres; anda buscando que el temporal no lo traicione, que el diésel no le coma la utilidad y que alguien le compre la cosecha sin tres intermediarios encima. Nada de eso aparece, hasta donde sabemos, en el catálogo de aceites de alto rendimiento.
La estampa es irresistible: imaginemos al ejidatario recibiendo, en lugar de fertilizante, un kit de lubricante industrial y la promesa de que su parcela ahora 'rinde como monoplaza'. Las gallinas con pit stop. El arado con telemetría. El espantapájaros patrocinado. Es el sueño húmedo del marketing aplicado al surco.
Que quede claro: ojalá la reunión derive en algo concreto y bueno para el campo, porque falta le hace. Pero mientras no veamos el primer beneficio tangible, en El Destiempo nos quedamos con la duda existencial de para qué exactamente necesita el agro del Bajío a un proveedor de aceites de competencia. Quizá la respuesta sea la de siempre: porque la foto con una empresa 'presente en más de cien países' luce mucho mejor en el boletín que la foto con un costal de semilla. Y en política municipal, ya se sabe, el que no enseña foto, no existe. Aceleren, pues, pero hacia donde el campo de verdad lo necesita.
Uno entiende la lógica del funcionario: si la marca le pone aceite a los autos más rápidos del planeta, ¿por qué no habría de ponerle ritmo a la milpa? El problema es que el productor de Pueblo Nuevo no anda buscando bajar décimas en la curva tres; anda buscando que el temporal no lo traicione, que el diésel no le coma la utilidad y que alguien le compre la cosecha sin tres intermediarios encima. Nada de eso aparece, hasta donde sabemos, en el catálogo de aceites de alto rendimiento.
La estampa es irresistible: imaginemos al ejidatario recibiendo, en lugar de fertilizante, un kit de lubricante industrial y la promesa de que su parcela ahora 'rinde como monoplaza'. Las gallinas con pit stop. El arado con telemetría. El espantapájaros patrocinado. Es el sueño húmedo del marketing aplicado al surco.
Que quede claro: ojalá la reunión derive en algo concreto y bueno para el campo, porque falta le hace. Pero mientras no veamos el primer beneficio tangible, en El Destiempo nos quedamos con la duda existencial de para qué exactamente necesita el agro del Bajío a un proveedor de aceites de competencia. Quizá la respuesta sea la de siempre: porque la foto con una empresa 'presente en más de cien países' luce mucho mejor en el boletín que la foto con un costal de semilla. Y en política municipal, ya se sabe, el que no enseña foto, no existe. Aceleren, pues, pero hacia donde el campo de verdad lo necesita.