El Mustang más limpio de una ciudad sin agua
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Hay imágenes que valen más que mil spots de campaña. En la colonia El Saucito, la estampa del verano fue un jovencito enjuagando con manguera un Ford Mustang oscuro —sin placa delantera, estacionado en sentido contrario— mientras el agua potable escurría por litros hacia la calle. Los vecinos, que llevan meses racionando cada cubetazo, lo grabaron con la indignación de quien sabe que ese chorro es un lujo. 'Si tienen para un deportivo, pero no para un autolavado', resumió el denunciante, y ahí cabe toda la filosofía económica del sector.
Lo verdaderamente poético es el contexto. La misma semana, la JMAS admitió que julio fue el peor mes por apagones de su historia reciente: casi 100 mil metros cúbicos que no se pudieron meter a la red porque la corriente se cortó justo cuando tocaba bombear. O sea: no es que no haya agua, es que se quedó formada esperando que regresara la luz. Un sistema hídrico que depende del humor de la comisión eléctrica tiene menos certezas que la quiniela.
Así que mientras a media ciudad le sale aire por la llave, en El Saucito el Mustang lució impecable, brillante, aerodinámico, listo para no ir a ningún lado porque la avenida sigue igual. Es el triunfo del individualismo hidráulico: yo cuido mi lámina, el vecino que cuide su sed. La próxima vez que se pida 'hacer conciencia sobre el uso responsable del agua', que adjunten la foto; ahorran mil folletos.
Ojo, no seamos tramposos: 100 mil metros cúbicos no se pierden lavando un coche, ese boquete lo abren los apagones, no la manguera. El punto es otro. En una ciudad donde el organismo operador reza para que no se vaya la luz, cada litro tirado en la banqueta es un pequeño monumento a la desconexión entre el discurso del ahorro y la vida real de la calle. El caballo de fuerza quedó reluciente. La cultura del agua, en pañales.
Lo verdaderamente poético es el contexto. La misma semana, la JMAS admitió que julio fue el peor mes por apagones de su historia reciente: casi 100 mil metros cúbicos que no se pudieron meter a la red porque la corriente se cortó justo cuando tocaba bombear. O sea: no es que no haya agua, es que se quedó formada esperando que regresara la luz. Un sistema hídrico que depende del humor de la comisión eléctrica tiene menos certezas que la quiniela.
Así que mientras a media ciudad le sale aire por la llave, en El Saucito el Mustang lució impecable, brillante, aerodinámico, listo para no ir a ningún lado porque la avenida sigue igual. Es el triunfo del individualismo hidráulico: yo cuido mi lámina, el vecino que cuide su sed. La próxima vez que se pida 'hacer conciencia sobre el uso responsable del agua', que adjunten la foto; ahorran mil folletos.
Ojo, no seamos tramposos: 100 mil metros cúbicos no se pierden lavando un coche, ese boquete lo abren los apagones, no la manguera. El punto es otro. En una ciudad donde el organismo operador reza para que no se vaya la luz, cada litro tirado en la banqueta es un pequeño monumento a la desconexión entre el discurso del ahorro y la vida real de la calle. El caballo de fuerza quedó reluciente. La cultura del agua, en pañales.