Mauricio Trejo contra el diluvio, las compuertas y todo aquel que ose oponerse
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Si en San Miguel de Allende hubiera que elegir al personaje más ocupado de la temporada de lluvias, ganaría por goleada el alcalde Mauricio Trejo, que esta semana logró la hazaña de estar simultáneamente inaugurando pleitos en dos frentes. En el primero, anunció que la obra de embellecimiento de la Salida a Celaya sí va, tras reunirse con vecinos que la respaldan, y advirtió posibles acciones legales contra quien se oponga afectando el interés público. En el segundo, denunció que personas provenientes de Comonfort habrían abierto ilegalmente las compuertas de la presa de Jalpa, y anunció, cómo no, acciones legales. El hombre no gobierna: litiga. Su segundo idioma no es el inglés turístico, es el amparo.
Hay que reconocerle método. En un municipio donde tradicionalmente los alcaldes preferían "evitar disgustos", Trejo ha optado por la ruta contraria: coleccionarlos. Se opone usted a un embellecimiento vial, acción legal. Le toca usted una compuerta, acción legal. Uno imagina que si el aguacero sigue, la próxima demanda será contra las nubes por manipulación no autorizada de la infraestructura hídrica del cielo. Protección Civil, mientras tanto, vigila las presas del municipio con la cara de quien sabe que el verdadero fenómeno meteorológico se llama conferencia de prensa.
Lo pintoresco del asunto es la simetría. Del lado de la obra, el alcalde defiende "el interés público" contra vecinos inconformes. Del lado de la presa, defiende la legalidad contra vecinos —de otro municipio— que presuntamente hicieron lo que les convino con el agua. En ambos casos el villano es el que se atreve a tocar algo sin permiso, y en ambos casos el héroe llega con el mismo instrumento: el comunicado que anuncia que ya vienen los abogados. Es un estilo de gobierno que podría resumirse en una frase: primero nos vemos en la obra, luego nos vemos en el juzgado.
Que quede claro: abrir compuertas ajenas y arriesgar a la población es cosa seria, y reactivar una obra respaldada por vecinos es perfectamente legítimo. El chiste no está en el fondo, está en la coreografía: un alcalde que ante cada gota de conflicto responde con la misma reacción refleja, la amenaza judicial, como quien saca el paraguas en cuanto ve una nube. En San Miguel de Allende ya no se pregunta si va a llover. Se pregunta a quién va a demandar el alcalde cuando escampe.
Hay que reconocerle método. En un municipio donde tradicionalmente los alcaldes preferían "evitar disgustos", Trejo ha optado por la ruta contraria: coleccionarlos. Se opone usted a un embellecimiento vial, acción legal. Le toca usted una compuerta, acción legal. Uno imagina que si el aguacero sigue, la próxima demanda será contra las nubes por manipulación no autorizada de la infraestructura hídrica del cielo. Protección Civil, mientras tanto, vigila las presas del municipio con la cara de quien sabe que el verdadero fenómeno meteorológico se llama conferencia de prensa.
Lo pintoresco del asunto es la simetría. Del lado de la obra, el alcalde defiende "el interés público" contra vecinos inconformes. Del lado de la presa, defiende la legalidad contra vecinos —de otro municipio— que presuntamente hicieron lo que les convino con el agua. En ambos casos el villano es el que se atreve a tocar algo sin permiso, y en ambos casos el héroe llega con el mismo instrumento: el comunicado que anuncia que ya vienen los abogados. Es un estilo de gobierno que podría resumirse en una frase: primero nos vemos en la obra, luego nos vemos en el juzgado.
Que quede claro: abrir compuertas ajenas y arriesgar a la población es cosa seria, y reactivar una obra respaldada por vecinos es perfectamente legítimo. El chiste no está en el fondo, está en la coreografía: un alcalde que ante cada gota de conflicto responde con la misma reacción refleja, la amenaza judicial, como quien saca el paraguas en cuanto ve una nube. En San Miguel de Allende ya no se pregunta si va a llover. Se pregunta a quién va a demandar el alcalde cuando escampe.