El fenómeno tenía razón, usted tenía la culpa
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Hay noticias que uno agradece por su sinceridad brutal. Protección Civil de Monterrey nos explicó que las afectaciones del fenómeno meteorológico que sorprendió al área metropolitana el domingo pasado pudieron reducirse... si la población hubiera atendido las alertas que se emitieron con anticipación. Es decir: se detectó, se avisó, y si su árbol terminó sobre su cochera, fue por no leer con suficiente devoción los avisos oficiales.
Estrenamos, pues, una nueva doctrina meteorológica: la culpa desciende del cielo a velocidad de ráfaga. El viento derriba postes, pero la responsabilidad la carga el ciudadano que no revisó sus notificaciones entre el trabajo, el tráfico y la cena. Antes uno le echaba la culpa al de arriba; ahora el de arriba nos la devuelve con acuse de recibo.
Conviene aclarar, para ser justos: sí, avisar con anticipación es exactamente lo que debe hacer una autoridad, y hacen bien en presumirlo. El detalle está en el subtexto. Porque una cosa es informar y otra, muy distinta, es usar el pronóstico como coartada preventiva: nosotros dijimos, ustedes verán. Con esa lógica, la próxima vez que se caiga un poste bastará con haberlo anunciado.
El fenómeno, para quien no lo sepa, es una columna de aire que baja de golpe y revienta hacia los lados con furia. Bautizarlo con nombre técnico tiene su encanto: suena a que lo tenemos bajo control, cuando en realidad solo le pusimos apellido al caos. El vecino promedio, cuya casa quedó sin luz, no necesita el término en inglés; necesita que alguien levante el poste.
Así que ya sabe, estimado regiomontano: la próxima tormenta, antes de correr por sus hijos o tapar las ventanas, revise sus alertas, imprímalas y guárdelas con cariño. No vaya a ser que el único culpable identificable del temporal termine siendo usted.
Estrenamos, pues, una nueva doctrina meteorológica: la culpa desciende del cielo a velocidad de ráfaga. El viento derriba postes, pero la responsabilidad la carga el ciudadano que no revisó sus notificaciones entre el trabajo, el tráfico y la cena. Antes uno le echaba la culpa al de arriba; ahora el de arriba nos la devuelve con acuse de recibo.
Conviene aclarar, para ser justos: sí, avisar con anticipación es exactamente lo que debe hacer una autoridad, y hacen bien en presumirlo. El detalle está en el subtexto. Porque una cosa es informar y otra, muy distinta, es usar el pronóstico como coartada preventiva: nosotros dijimos, ustedes verán. Con esa lógica, la próxima vez que se caiga un poste bastará con haberlo anunciado.
El fenómeno, para quien no lo sepa, es una columna de aire que baja de golpe y revienta hacia los lados con furia. Bautizarlo con nombre técnico tiene su encanto: suena a que lo tenemos bajo control, cuando en realidad solo le pusimos apellido al caos. El vecino promedio, cuya casa quedó sin luz, no necesita el término en inglés; necesita que alguien levante el poste.
Así que ya sabe, estimado regiomontano: la próxima tormenta, antes de correr por sus hijos o tapar las ventanas, revise sus alertas, imprímalas y guárdelas con cariño. No vaya a ser que el único culpable identificable del temporal termine siendo usted.