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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 13 de agosto, 2026
Chihuahua Nota 18 de junio de 2026

El Estado sabe contar notarías, pero no sabe para qué sirven

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El Estado sabe contar notarías, pero no sabe para qué sirven
En Chihuahua hay 78 notarías activas. Es un dato precioso, redondo, casi presumible: lo sabemos con la misma exactitud con la que un niño cuenta sus canicas. Lo que ya no sabemos —porque el Gobierno, con una honestidad conmovedora, admite que carece de datos— es qué trámite es el más solicitado en esas 78 ventanillas. Tenemos el censo, pero no la causa. Sabemos cuántas puertas hay, pero no qué pasa del otro lado. Es como tener la lista de invitados a una fiesta y no saber si hubo pastel.

Y por si faltara poesía burocrática, las incidencias detectadas en las revisiones a los notarios permanecen reservadas 'por disposición legal'. O sea: el Estado sí revisa, sí encuentra cosas, pero esas cosas se guardan en un cajón con triple candado y aroma a expediente. Eso sí, las sanciones pueden hacerse públicas. Traducido al cristiano: te enteras de que alguien fue castigado, pero jamás sabrás por qué. Como una telenovela donde solo te dejan ver el final, sin trama, sin villano, sin moraleja. Pura intriga oficial.

Mientras el aparato gubernamental se debate entre lo que sabe contar y lo que prefiere no contar, en la Sierra Tarahumara más de 200 mujeres costureras llevan dos años con la máquina enfriándose, esperando contratos para coser ropa hospitalaria y blancos. Ahí sí hay un dato clarísimo y nada reservado: doscientas señoras con hilo, aguja y ganas, aguardando que alguien con poder de firma —quizás cerca de una de esas 78 notarías— se acuerde de que producir también es gobernar.

El contraste es de esos que merecen marco. Por un lado, una administración que tiene perfectamente inventariados a sus notarios pero no sabe qué hacen, y que cuando lo sabe, lo reserva. Por el otro, un grupo de costureras que sabe exactamente qué hacer, lo hace bien, y solo espera el papelito que les permita hacerlo. Una mitad del estado nada en datos que no usa; la otra mitad se ahoga en la falta de un contrato.

La nota trae además una pizca de esperanza con sabor a barbería: beneficiarios del programa Yo Soy Rediseño Social aprenden un oficio, generan ingresos, algunos ya trabajan rasurando nucas y otros hasta abrieron su propio negocio. Y uno piensa: qué bonito sería que el Gobierno aplicara ese mismo entusiasmo de 'aprende un oficio y genera ingresos' a las doscientas costureras que ya lo aprendieron, ya lo dominan, y solo necesitan que les destraben la chamba.

Moraleja chihuahuense: el Estado se sabe de memoria cuántas notarías hay, pero no qué firman; conoce las incidencias, pero las reserva; presume programas que enseñan a trabajar, mientras quienes ya saben trabajar esperan formadas. Tenemos la contabilidad impecable y la utilidad pendiente. Algún día, con suerte, alguien cruzará los datos con la realidad y descubrirá la fórmula secreta del progreso: dejar que la gente que sabe coser, cosa; que la que sabe rasurar, rasure; y que el que sabe contar notarías, además, las ponga a servir para algo. Por lo pronto, seguimos contando puertas. Y esperando que alguna se abra.