Un puente, mil fotos: la capital descubre el arte de inaugurar en serie
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Este miércoles, poco después de las seis de la tarde, la capital cortó el listón del nuevo paso superior en el cruce de la carretera a Aldama y la avenida Fuerza Aérea. Una obra. Un solo puente. Y sin embargo, la cobertura del día lo multiplicó como pan bíblico: que beneficiará a más de 350 mil personas, que costó 148.8 millones de pesos, que se levantó en diez meses, que recortará hasta 75 por ciento los tiempos de traslado. Los mismos datos, una y otra vez, como si repetirlos los volviera más verdaderos o el concreto se apreciara con cada mención.
El acto tuvo de todo: alcalde capitalino, alcaldesas invitadas de Aldama y Aquiles Serdán, regidores, diputados y hasta el secretario estatal de Obras, que declaró que el puente "mejora la vida de los chihuahuenses". Uno esperaría esa frase para una vacuna o una escuela, no para una losa elevada, pero en materia de superlativos aquí nadie se mide. Cuando ocho voces distintas felicitan la misma columna de concreto, ya no es infraestructura: es una boda.
El toque surrealista lo pusieron los propios ciudadanos, que preguntaron por qué la glorieta no tiene ni un arbolito. La respuesta oficial fue tranquilizadora a su manera: en los próximos meses llegará una escultura monumental inspirada en la cerámica de Mata Ortiz. Es decir, sombra no habrá, pero identidad sí. En pleno agosto chihuahuense, cuando el sol parte piedras, el automovilista podrá contemplar arte popular mientras se cuece dentro de su coche. Modernidad y tradición, fundidas en un mismo golpe de calor.
Que conste: el puente probablemente sirva, y diez meses no es mala marca. Lo que desconcierta es la coreografía. Somos un estado capaz de erigir un distribuidor vial de 149 millones en tiempo récord, pero incapaz de plantar diez árboles en la rotonda o —según reclama el propio sector empresarial— de modernizar de una vez los semáforos que llevan años prometidos. Priorizamos lo que se puede inaugurar con listón sobre lo que solo se puede mantener sin cámaras. Y así seguiremos: cortando cintas, felicitándonos en coro y esperando a que la escultura nos dé la sombra que los árboles no alcanzaron.
El acto tuvo de todo: alcalde capitalino, alcaldesas invitadas de Aldama y Aquiles Serdán, regidores, diputados y hasta el secretario estatal de Obras, que declaró que el puente "mejora la vida de los chihuahuenses". Uno esperaría esa frase para una vacuna o una escuela, no para una losa elevada, pero en materia de superlativos aquí nadie se mide. Cuando ocho voces distintas felicitan la misma columna de concreto, ya no es infraestructura: es una boda.
El toque surrealista lo pusieron los propios ciudadanos, que preguntaron por qué la glorieta no tiene ni un arbolito. La respuesta oficial fue tranquilizadora a su manera: en los próximos meses llegará una escultura monumental inspirada en la cerámica de Mata Ortiz. Es decir, sombra no habrá, pero identidad sí. En pleno agosto chihuahuense, cuando el sol parte piedras, el automovilista podrá contemplar arte popular mientras se cuece dentro de su coche. Modernidad y tradición, fundidas en un mismo golpe de calor.
Que conste: el puente probablemente sirva, y diez meses no es mala marca. Lo que desconcierta es la coreografía. Somos un estado capaz de erigir un distribuidor vial de 149 millones en tiempo récord, pero incapaz de plantar diez árboles en la rotonda o —según reclama el propio sector empresarial— de modernizar de una vez los semáforos que llevan años prometidos. Priorizamos lo que se puede inaugurar con listón sobre lo que solo se puede mantener sin cámaras. Y así seguiremos: cortando cintas, felicitándonos en coro y esperando a que la escultura nos dé la sombra que los árboles no alcanzaron.