Jalisco pide millones y le mandan árboles (y de paso encarga al Papa)
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Hubo una época, no tan lejana, en que uno creía inocentemente que cuando un gobernador se sentaba —o se videollamaba— con la Presidenta, era para hablar de dinero. Qué tiempos. Esta semana Pablo Lemus por fin tuvo su ansiado encuentro cumbre con Claudia Sheinbaum, y resultó ser una videollamada colectiva con todos los gobernadores del país para tratar el asunto que quita el sueño en Palacio Nacional: la Jornada Nacional de Reforestación 2026. Donde Jalisco esperaba miles de millones para carreteras, energía y obras hidráulicas, terminó hablando de miles de árboles. Doscientos cincuenta mil, para ser exactos, arrancando el domingo en Atemajac de Brizuela. La aritmética del federalismo mexicano quedó clarísima: pides pesos, te dan pinos. Uno planta un arbolito, la deuda histórica sigue en pie, y todos contentos posando con la pala.
El detalle poético es que Jalisco reforesta con entusiasmo mientras el SIAPA sigue sin poder darle agua a esos árboles. Y no es novedad: un análisis de las quejas ciudadanas ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos revela que el malestar con el organismo del agua venía asomando desde hace diez años, cruzando tres sexenios como quien cruza tres semáforos en rojo. Aristóteles Sandoval lo vio venir, Enrique Alfaro lo agravó, y en el presente colapsó. Tuvieron una década para atajar lo que se veía a leguas. La conclusión es un clásico tapatío: hubo tiempo para todo, menos para arreglar el agua. Eso sí, en Tlajomulco inauguraron un pozo profundo de veinte millones que dará agua a nueve mil personas en San Miguel Cuyutlán, con lo que el municipio demuestra que sí se puede, siempre y cuando uno excave con la fe suficiente.
Pero no todo es sed. También hay diferencias de clase medidas con termómetro inmobiliario. El ITESO publicó un boletín que confirma lo que cualquiera sospechaba parado en un camión: en la Zona Diamante de Zapopan hay colonias donde la renta promedio ronda los 85 mil pesos mensuales —de las más caras del país—, mientras que en Alta California, en Tlajomulco, o en Parques de Tesistán, uno encuentra de las rentas más baratas del mercado formal. Es decir, en una misma área metropolitana conviven el jaripeo del lujo y el milagro de los mil pesos, separados por un periférico y una brecha del tamaño del lago de Chapala. El estudio lo llama 'desigualdad'; nosotros lo llamamos 'depende de qué lado del semáforo te toca limpiar el parabrisas'.
Mientras tanto, en el occidente lejano, la costa vive su propia epopeya de la ingeniería creativa. El gobierno de Jalisco salió a responsabilizar a Nayarit de mantener frenado el transporte metropolitano entre Bahía de Banderas y Puerto Vallarta, en un intercambio de reproches que recuerda a dos vecinos discutiendo de quién es la barda mientras la casa se inunda. Y por si faltaba metáfora, la federación decidió que la ciclovía del puente Amado Nervo no llevará separación física real: solo balizamiento, es decir, rayitas pintadas en el pavimento. La seguridad del ciclista quedará encomendada al poder místico de la pintura acrílica y a la buena voluntad de los tráilers. En Cabo Corrientes, en cambio, ni pintura: la comunidad de Aquiles Serdán exige el puente que el huracán Narda tiró hace siete años, y que sigue siendo promesa de dos gobernadores. Setecientas personas quedan incomunicadas cada temporal, pero el arbolito ya está plantado.
En el frente sanitario, Jalisco estrenó su enfermedad más elegantemente bautizada del año: dos casos de ciclosporiasis, que la prensa tradujo con precisión quirúrgica como 'diarrea explosiva'. Los pacientes habían viajado a Canadá y Estados Unidos, así que técnicamente es una importación premium. La Cofepris ya activó vigilancia epidemiológica sobre 33 casos en el país, recordándonos que el verano tapatío no solo se vive con lluvia moderada de 29 grados, sino también con un heroísmo intestinal que nadie pidió.
Y como toda crisis mexicana termina buscando auxilio celestial, la Presidenta se reunió con el secretario de Estado del Vaticano en plena expectativa por una posible visita del Papa León XIV, a quien le encargaría abonar a la agenda del debate sobre inteligencia artificial. Como bien apuntó un columnista local, invitar al Papa se ha vuelto el manual universal del manejo de crisis: más barato que organizar un mundial y más vistoso que resolver el SIAPA. De confirmarse, tendríamos al Sumo Pontífice discutiendo algoritmos mientras Jalisco todavía pelea por el agua, un puente y una ciclovía de a de veras. Amén, o como dicen en Atemajac: que llueva, que llueva.
El detalle poético es que Jalisco reforesta con entusiasmo mientras el SIAPA sigue sin poder darle agua a esos árboles. Y no es novedad: un análisis de las quejas ciudadanas ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos revela que el malestar con el organismo del agua venía asomando desde hace diez años, cruzando tres sexenios como quien cruza tres semáforos en rojo. Aristóteles Sandoval lo vio venir, Enrique Alfaro lo agravó, y en el presente colapsó. Tuvieron una década para atajar lo que se veía a leguas. La conclusión es un clásico tapatío: hubo tiempo para todo, menos para arreglar el agua. Eso sí, en Tlajomulco inauguraron un pozo profundo de veinte millones que dará agua a nueve mil personas en San Miguel Cuyutlán, con lo que el municipio demuestra que sí se puede, siempre y cuando uno excave con la fe suficiente.
Pero no todo es sed. También hay diferencias de clase medidas con termómetro inmobiliario. El ITESO publicó un boletín que confirma lo que cualquiera sospechaba parado en un camión: en la Zona Diamante de Zapopan hay colonias donde la renta promedio ronda los 85 mil pesos mensuales —de las más caras del país—, mientras que en Alta California, en Tlajomulco, o en Parques de Tesistán, uno encuentra de las rentas más baratas del mercado formal. Es decir, en una misma área metropolitana conviven el jaripeo del lujo y el milagro de los mil pesos, separados por un periférico y una brecha del tamaño del lago de Chapala. El estudio lo llama 'desigualdad'; nosotros lo llamamos 'depende de qué lado del semáforo te toca limpiar el parabrisas'.
Mientras tanto, en el occidente lejano, la costa vive su propia epopeya de la ingeniería creativa. El gobierno de Jalisco salió a responsabilizar a Nayarit de mantener frenado el transporte metropolitano entre Bahía de Banderas y Puerto Vallarta, en un intercambio de reproches que recuerda a dos vecinos discutiendo de quién es la barda mientras la casa se inunda. Y por si faltaba metáfora, la federación decidió que la ciclovía del puente Amado Nervo no llevará separación física real: solo balizamiento, es decir, rayitas pintadas en el pavimento. La seguridad del ciclista quedará encomendada al poder místico de la pintura acrílica y a la buena voluntad de los tráilers. En Cabo Corrientes, en cambio, ni pintura: la comunidad de Aquiles Serdán exige el puente que el huracán Narda tiró hace siete años, y que sigue siendo promesa de dos gobernadores. Setecientas personas quedan incomunicadas cada temporal, pero el arbolito ya está plantado.
En el frente sanitario, Jalisco estrenó su enfermedad más elegantemente bautizada del año: dos casos de ciclosporiasis, que la prensa tradujo con precisión quirúrgica como 'diarrea explosiva'. Los pacientes habían viajado a Canadá y Estados Unidos, así que técnicamente es una importación premium. La Cofepris ya activó vigilancia epidemiológica sobre 33 casos en el país, recordándonos que el verano tapatío no solo se vive con lluvia moderada de 29 grados, sino también con un heroísmo intestinal que nadie pidió.
Y como toda crisis mexicana termina buscando auxilio celestial, la Presidenta se reunió con el secretario de Estado del Vaticano en plena expectativa por una posible visita del Papa León XIV, a quien le encargaría abonar a la agenda del debate sobre inteligencia artificial. Como bien apuntó un columnista local, invitar al Papa se ha vuelto el manual universal del manejo de crisis: más barato que organizar un mundial y más vistoso que resolver el SIAPA. De confirmarse, tendríamos al Sumo Pontífice discutiendo algoritmos mientras Jalisco todavía pelea por el agua, un puente y una ciclovía de a de veras. Amén, o como dicen en Atemajac: que llueva, que llueva.