La gobernadora que preside a media docena, digo, a cuatro
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Hay títulos que suenan a trono y resultan ser una banca de parque. La gobernadora de Guanajuato asumió la presidencia de la GOAN, la Asociación de Gobernadoras y Gobernadores de Acción Nacional, con el noble desafío de "fortalecer su capacidad de interlocución y coordinación" y recuperar peso nacional. Suena a cumbre de líderes, a foto con muchas sillas ocupadas, a comunicado con verbos grandes.
Entonces uno lee el dato duro: la asociación agrupa, hoy, a cuatro estados. Cuatro. Presidir la GOAN en este momento es como ser capitán de un equipo que apenas junta para jugar dominó, o presidente de una mesa directiva donde, si falta uno, ya no hay quórum ni para pedir café. Es liderazgo, sí, pero de formato íntimo.
No es culpa de la nueva presidenta que el panismo gobernador se haya adelgazado hasta caber en un elevador. Le tocó heredar una presidencia "con menor fuerza territorial", que es la manera diplomática de decir que el club perdió socios y ahora toca administrar la nostalgia. El reto de "recuperar el peso nacional" tiene su gracia: es difícil pesar mucho cuando quedan cuatro en la báscula y varios andan a dieta electoral.
Aun así, admiremos el optimismo. En un país donde su partido gobierna cada vez menos superficie, alguien tenía que levantar la mano para coordinar a los sobrevivientes y ponerle voz al grupo. Ojalá la interlocución rinda frutos y la coordinación no se limite a ponerse de acuerdo en la fecha de la próxima foto. Porque una cosa es presidir una asociación, y otra muy distinta es que esa asociación mueva algo más que sillas. De momento, Guanajuato encabeza el cuarteto con todo el aplomo de quien dirige una orquesta a la que se le fueron la mitad de los músicos, pero insiste, con dignidad, en que todavía se oye la melodía.
Entonces uno lee el dato duro: la asociación agrupa, hoy, a cuatro estados. Cuatro. Presidir la GOAN en este momento es como ser capitán de un equipo que apenas junta para jugar dominó, o presidente de una mesa directiva donde, si falta uno, ya no hay quórum ni para pedir café. Es liderazgo, sí, pero de formato íntimo.
No es culpa de la nueva presidenta que el panismo gobernador se haya adelgazado hasta caber en un elevador. Le tocó heredar una presidencia "con menor fuerza territorial", que es la manera diplomática de decir que el club perdió socios y ahora toca administrar la nostalgia. El reto de "recuperar el peso nacional" tiene su gracia: es difícil pesar mucho cuando quedan cuatro en la báscula y varios andan a dieta electoral.
Aun así, admiremos el optimismo. En un país donde su partido gobierna cada vez menos superficie, alguien tenía que levantar la mano para coordinar a los sobrevivientes y ponerle voz al grupo. Ojalá la interlocución rinda frutos y la coordinación no se limite a ponerse de acuerdo en la fecha de la próxima foto. Porque una cosa es presidir una asociación, y otra muy distinta es que esa asociación mueva algo más que sillas. De momento, Guanajuato encabeza el cuarteto con todo el aplomo de quien dirige una orquesta a la que se le fueron la mitad de los músicos, pero insiste, con dignidad, en que todavía se oye la melodía.