El poderío territorial de un partido, medido en bolsas de basura
Tamaño de letra
Movimiento Ciudadano quiere que Michoacán sepa que ahí sigue, firme, fortaleciendo su presencia territorial. El coordinador estatal, Víctor Manuel Manríquez González, habló de agenda permanente en las regiones, acciones ciudadanas, programas sociales, capacitación y gobiernos cercanos a la gente. Y como evidencia irrefutable de semejante despliegue de músculo político, el partido presumió la hazaña de la semana: sus integrantes en Yurécuaro se fueron a barrer el Parque Ecológico del Señor de la Piedad.
Que quede claro, no vaya a malinterpretarse: recoger basura es admirable, hace falta y ojalá lo hicieran todos los domingos hasta los que no militan en nada. El planeta se lo agradece, las familias que pasean también, y el parque, seguramente, quedó precioso. El detalle está en el marco narrativo. Porque una cosa es organizar una jornada de limpieza vecinal, y otra muy distinta vendérnosla como la punta de lanza de una estrategia estatal permanente para construir la gran alternativa política de la entidad.
Uno abre el boletín esperando propuestas, diagnósticos, alguna idea fresca sobre seguridad, agua o el eterno bache michoacano, y se encuentra con rastrillo, bolsa negra y sonrisas para la foto. Fortalecer la presencia territorial, en este dialecto, significa literalmente hacer acto de presencia en un territorio, escoba en mano. Es la metáfora perfecta, quizá sin querer: el partido barriendo hojas mientras espera que el electorado interprete el gesto como visión de Estado.
Y hay que reconocer el ingenio. En temporada sin elecciones, cuando no hay a quién prometerle una calle pavimentada, la jornada de limpieza es el evento ideal: sale barato, se ve bonito, nadie puede estar en contra de un parque limpio y, de pasada, se cosecha un boletín entero hablando de compromiso y cercanía con la gente. Cercanía, en efecto, la que da agacharse a juntar un envase de refresco.
Ojalá el entusiasmo escale. Que después del parque venga el diagnóstico serio de la región, la propuesta con números, el debate de fondo. Porque si el termómetro del poderío partidista se mide en metros cuadrados barridos, Michoacán tiene por delante campañas larguísimas y muy, muy limpias. Por lo pronto, el Señor de la Piedad ya tiene su parque impecable; falta ver si los electores compran la escoba como plataforma.
Que quede claro, no vaya a malinterpretarse: recoger basura es admirable, hace falta y ojalá lo hicieran todos los domingos hasta los que no militan en nada. El planeta se lo agradece, las familias que pasean también, y el parque, seguramente, quedó precioso. El detalle está en el marco narrativo. Porque una cosa es organizar una jornada de limpieza vecinal, y otra muy distinta vendérnosla como la punta de lanza de una estrategia estatal permanente para construir la gran alternativa política de la entidad.
Uno abre el boletín esperando propuestas, diagnósticos, alguna idea fresca sobre seguridad, agua o el eterno bache michoacano, y se encuentra con rastrillo, bolsa negra y sonrisas para la foto. Fortalecer la presencia territorial, en este dialecto, significa literalmente hacer acto de presencia en un territorio, escoba en mano. Es la metáfora perfecta, quizá sin querer: el partido barriendo hojas mientras espera que el electorado interprete el gesto como visión de Estado.
Y hay que reconocer el ingenio. En temporada sin elecciones, cuando no hay a quién prometerle una calle pavimentada, la jornada de limpieza es el evento ideal: sale barato, se ve bonito, nadie puede estar en contra de un parque limpio y, de pasada, se cosecha un boletín entero hablando de compromiso y cercanía con la gente. Cercanía, en efecto, la que da agacharse a juntar un envase de refresco.
Ojalá el entusiasmo escale. Que después del parque venga el diagnóstico serio de la región, la propuesta con números, el debate de fondo. Porque si el termómetro del poderío partidista se mide en metros cuadrados barridos, Michoacán tiene por delante campañas larguísimas y muy, muy limpias. Por lo pronto, el Señor de la Piedad ya tiene su parque impecable; falta ver si los electores compran la escoba como plataforma.