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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 6 de agosto de 2026

El Che y Fidel, ahora por cooperacha: la vaquita revolucionaria de la CDMX

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El Che y Fidel, ahora por cooperacha: la vaquita revolucionaria de la CDMX
La Ciudad de México encontró una solución muy siglo XXI para un dilema muy siglo XX: cómo reponer las estatuas del Che Guevara y Fidel Castro sin que se note en el presupuesto. La respuesta de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, fue tajante y casi poética: no saldrá ni un peso del erario público, y las esculturas volverán a instalarse gracias a la solidaridad económica de grupos sociales, activistas y demás voluntades. Es decir, una colecta. Una vaquita. El crowdfunding llegó al bronce revolucionario y nadie lo vio venir.

Hay algo deliciosamente irónico en financiar monumentos al anticapitalismo con el método más capitalista que existe: pasar el sombrero y esperar donativos voluntarios. Uno imaginaría una alcancía de cochinito a los pies del pedestal, un código para transferencias y, quizá, niveles de recompensa para los aportantes más generosos. El comandante habría tenido opiniones. Pero la austeridad manda, y si el erario no paga esculturas, que las pague la convicción de quien las extraña.

El episodio se agrió un poco cuando la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, lamentó que no se aceptara su propuesta de intercambio de estatuas y acusó que se antepuso la admiración personal por el modelo cubano al servicio a las vecinas y vecinos. Así, la capital estrenó su primer conflicto diplomático de escultura: un trueque ideológico fallido entre una jefatura de Gobierno que quiere reponer y una alcaldía que preferiría negociar el bronce por algo, digamos, menos ideológico.

Mientras tanto, el ciudadano de a pie observa el debate con la ceja levantada. En una semana marcada por despojos, lluvias que tumban árboles e inundan el Metro, y un catálogo de urgencias urbanas, la discusión sobre quién paga y dónde van dos estatuas ofrece un respiro casi surrealista. Que se repongan, que no se repongan, que se hagan por donación o por decreto: al final, la CDMX demuestra otra vez que puede convertir cualquier tema, hasta uno de metal fundido, en una telenovela política con final abierto. La colecta, como la Revolución, sigue en curso.