Amenazas, denuncias y un curso exprés de historia mexicana
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Hay debates que se resuelven con pruebas y hay debates que se resuelven con referencias a presidentes de los años sesenta. Chihuahua eligió el segundo.
La gobernadora denunció públicamente que recibió amenazas en contra de su persona, sus bienes y su familia, y señaló como origen al Gobierno federal. La acusación es de peso: no es lo mismo quejarse del tráfico que apuntar directamente a la Federación. Desde Palacio Nacional la respuesta fue quirúrgica: no existe persecución alguna y, si la mandataria se siente amenazada, que haga lo que haría cualquier ciudadano de a pie: interponer una denuncia. En otras palabras, el clásico consejo de mamá: si tienes pruebas, ve con la autoridad; si no, no andes diciendo.
Aquí es donde el asunto adquiere sabor local. La oposición chihuahuense salió a respaldar a la gobernadora con el fervor de quien defiende el honor de la familia. Y del otro lado, la bancada morenista en el Congreso estatal ofreció la frase que quedará bordada en cojín: la presidenta "no es Díaz Ordaz". Uno esperaba un análisis jurídico sobre la carga de la prueba y recibió, en su lugar, una clase gratuita de historia mexicana del siglo pasado. Muy educativo todo.
El argumento del morenismo local tiene su lógica de sobremesa: si un gobernante recibe amenazas por escrito, lo primero que hace es denunciar, no lanzar la narrativa en rueda de prensa. El argumento de la gobernadora tiene la suya: cuando uno se siente perseguido, lo grita. Y así, mientras ambos bandos se acusan de victimizarse, el ciudadano común observa el intercambio como quien mira un partido de tenis sin red ni pelota.
Lo verdaderamente memorable es el nivel de la discusión. Se habla de amenazas gravísimas, de familias, de seguridad personal, y la respuesta política oscila entre "pues denuncie" y "usted no es un dictador de 1968". Si el tema es tan serio como todos aseguran, sorprende que se ventile con la solemnidad de una discusión de grupo de WhatsApp familiar.
Por lo pronto, quedamos a la espera de que alguien, del bando que sea, presente algo más que adjetivos. Una denuncia formal, un documento, una prueba. Cualquier cosa que no sea comparar al adversario con un expresidente para ganar el punto. Mientras tanto, Chihuahua sigue gobernado a control remoto entre la capital del estado y la capital del país, con el ciudadano en medio, cambiando de canal.
La gobernadora denunció públicamente que recibió amenazas en contra de su persona, sus bienes y su familia, y señaló como origen al Gobierno federal. La acusación es de peso: no es lo mismo quejarse del tráfico que apuntar directamente a la Federación. Desde Palacio Nacional la respuesta fue quirúrgica: no existe persecución alguna y, si la mandataria se siente amenazada, que haga lo que haría cualquier ciudadano de a pie: interponer una denuncia. En otras palabras, el clásico consejo de mamá: si tienes pruebas, ve con la autoridad; si no, no andes diciendo.
Aquí es donde el asunto adquiere sabor local. La oposición chihuahuense salió a respaldar a la gobernadora con el fervor de quien defiende el honor de la familia. Y del otro lado, la bancada morenista en el Congreso estatal ofreció la frase que quedará bordada en cojín: la presidenta "no es Díaz Ordaz". Uno esperaba un análisis jurídico sobre la carga de la prueba y recibió, en su lugar, una clase gratuita de historia mexicana del siglo pasado. Muy educativo todo.
El argumento del morenismo local tiene su lógica de sobremesa: si un gobernante recibe amenazas por escrito, lo primero que hace es denunciar, no lanzar la narrativa en rueda de prensa. El argumento de la gobernadora tiene la suya: cuando uno se siente perseguido, lo grita. Y así, mientras ambos bandos se acusan de victimizarse, el ciudadano común observa el intercambio como quien mira un partido de tenis sin red ni pelota.
Lo verdaderamente memorable es el nivel de la discusión. Se habla de amenazas gravísimas, de familias, de seguridad personal, y la respuesta política oscila entre "pues denuncie" y "usted no es un dictador de 1968". Si el tema es tan serio como todos aseguran, sorprende que se ventile con la solemnidad de una discusión de grupo de WhatsApp familiar.
Por lo pronto, quedamos a la espera de que alguien, del bando que sea, presente algo más que adjetivos. Una denuncia formal, un documento, una prueba. Cualquier cosa que no sea comparar al adversario con un expresidente para ganar el punto. Mientras tanto, Chihuahua sigue gobernado a control remoto entre la capital del estado y la capital del país, con el ciudadano en medio, cambiando de canal.