El aguacate ya tiene guardaespaldas; usted todavía no
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Que nadie diga que Michoacán no sabe establecer prioridades. Estados Unidos anunció la suspensión temporal de la importación de aguacate michoacano —un golpe que, según el Gobierno del Estado, sacude a unos cuarenta mil productores y hasta doscientos mil empleos directos e indirectos— y la reacción no se hizo esperar: más de mil quinientos elementos de la Sedena rumbo a la zona aguacatera. El oro verde, damas y caballeros, acaba de graduarse de fruta a dignatario con custodia.
Lo mejor es la letra chiquita. La tropa, se informó, va a ‘inhibir las extorsiones a los productores’ y a asegurar que los inspectores del USDA hagan su trabajo ‘de manera normal’. Ahí está el corazón poético del asunto: mandamos al Ejército para que un inspector estadounidense pueda contar aguacates sin que le suene el celular con una cordial invitación a cooperar. Un despliegue militar para proteger la tranquilidad laboral de un funcionario extranjero. Si eso no es amor al libre comercio, no sé qué lo sea.
Mientras tanto, la APEAM, la asociación de aguacateros, sacó su comunicado más diplomático del año: agradeció al Gobierno de México las gestiones y pidió que reactiven la exportación ‘de inmediato’. Todos entendemos el subtexto. El productor no quiere medallas ni honores; quiere que el tráiler cruce la frontera antes de que la cosecha se ponía negra de pura angustia.
Y uno se queda pensando en la aritmética moral del operativo. Mil quinientos soldados para que el guacamole llegue a tiempo al partido de los gringos. Ojalá algún día el vecino de la colonia que también reporta extorsiones consiga siquiera un tercio de esa escolta. Pero claro, el vecino no exporta a Texas. En Michoacán, la seguridad llega garantizada… si vienes en caja de exportación y tienes hueso.
Lo mejor es la letra chiquita. La tropa, se informó, va a ‘inhibir las extorsiones a los productores’ y a asegurar que los inspectores del USDA hagan su trabajo ‘de manera normal’. Ahí está el corazón poético del asunto: mandamos al Ejército para que un inspector estadounidense pueda contar aguacates sin que le suene el celular con una cordial invitación a cooperar. Un despliegue militar para proteger la tranquilidad laboral de un funcionario extranjero. Si eso no es amor al libre comercio, no sé qué lo sea.
Mientras tanto, la APEAM, la asociación de aguacateros, sacó su comunicado más diplomático del año: agradeció al Gobierno de México las gestiones y pidió que reactiven la exportación ‘de inmediato’. Todos entendemos el subtexto. El productor no quiere medallas ni honores; quiere que el tráiler cruce la frontera antes de que la cosecha se ponía negra de pura angustia.
Y uno se queda pensando en la aritmética moral del operativo. Mil quinientos soldados para que el guacamole llegue a tiempo al partido de los gringos. Ojalá algún día el vecino de la colonia que también reporta extorsiones consiga siquiera un tercio de esa escolta. Pero claro, el vecino no exporta a Texas. En Michoacán, la seguridad llega garantizada… si vienes en caja de exportación y tienes hueso.