La capital avanza a paso de diablito: crónica de una ciudad atorada entre bloqueos, aguacates con escolta y diputadas que huelen la política
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Buenos días, distinguida raza que lee esto de pie en el vagón, apretada contra la puerta que dice "no obstruir", mientras el convoy espera un milagro. Hoy la Ciudad de México amaneció fiel a sí misma: en movimiento perpetuo hacia ningún lado.
Empecemos por el dato que resume nuestra vida moderna. El Metrobús contó, en apenas once meses, un millón 615 mil invasiones a su carril confinado. Léalo despacio: un millón seiscientas mil veces alguien miró la línea que separa el orden del caos vehicular, respiró hondo y pensó "a mí las reglas me quedan chicas". El carril confinado, ese oasis pintado de rojo, resultó ser la piscina de alberca donde todos los patos se quieren meter aunque diga "solo socios". Las líneas 5 y 1 se llevan las palmas, prueba irrefutable de que en esta ciudad lo único que de verdad se confina somos los pasajeros.
Y si el carril no avanza, la calle tampoco. En el Centro Histórico, un grupo de comerciantes bloqueó más de una hora el cruce de Pino Suárez e Izazaga para exigir que "los dejen trabajar", petición conmovedora que ejecutaron impidiendo trabajar a todos los demás. Aseguran que la autoridad les prometió permanecer ahí "después del Mundial". Amigos: el Mundial terminó el 19 de julio. Ya pasó tanto tiempo que hasta la promesa caducó, se puso verde y se la comieron las palomas. Mientras tanto, la Subsecretaría de Control de Tránsito reportó mil 260 cierres viales solo en los primeros quince días de la Copa. Somos, oficialmente, la sede mundial no del futbol, sino del embotellamiento con causa. Cada quien defiende lo suyo poniendo trafitambos, lazos y cintas amarillas, ese confeti nacional del inconforme.
Pasemos a la alta política, que también trae su circo con carril propio. El flamante partido Somos México anunció que aspira al 10 por ciento de los votos en la capital y prometió ser "una oposición incómoda", aclarando de inmediato que no son el nuevo PRD: "Dios nos libre", dijeron. Nada como estrenar proyecto político presentándose por lo que NO son. Es el equivalente a abrir una taquería jurando: "aquí no vendemos tacos como los de la esquina, Dios nos libre". Suerte con eso.
De Nuevo León nos llega otro clásico del género. El gobernador Samuel García respondió a la revisión que pidió el Congreso sobre presuntas triangulaciones con un contundente "no tengo nada que esconder" y se autonombró "incorruptible". Debe ser una tradición patria: cada vez que a un político le piden que enseñe las manos, primero jura sobre su honor y luego pregunta dónde está la salida. Lo tranquilizador es que, como todos son incorruptibles, seguramente no pasa nada. Nunca pasa nada.
El premio a la sinceridad brutal, sin embargo, se lo llevan dos diputadas poblanas que, en un podcast, describieron a los hombres mayores como que "huelen a baúl" y "se están pudriendo". La CNDH salió a condenarlas por edadismo y discurso de odio, y con razón. Pero permítanme un momento de asombro profesional: hay legisladoras capaces de detectar el aroma del paso del tiempo pero incapaces de oler, a diez centímetros, una declaración que las iba a mandar directo al pronunciamiento oficial. Ese olfato selectivo también debería estudiarse.
En el frente económico, las noticias vienen empacadas al alto vacío. Banxico mantuvo la tasa en 6.50 por ciento, y nos explican que la inflación bajó gracias a que la carne, el pollo y el huevo costaron menos. Traducción: la economía va bien porque por fin podemos comprar lo que antes solo veíamos en el aparador. Y en el rubro de la modernidad, OpenAI anunció que ChatGPT tendrá anuncios en México. Sí: le pedirás consejo a la inteligencia artificial y te contestará con un cupón. El futuro llegó y trae patrocinador.
Pero la joya de la corona nacional es agropecuaria y militar a la vez. Estados Unidos frenó la importación del aguacate michoacano y el gobierno mexicano respondió desplegando alrededor de mil 500 elementos de las Fuerzas Armadas a la zona aguacatera. Léalo otra vez: soldados custodiando aguacates. Hemos alcanzado el punto de la civilización en que el guacamole tiene mejor seguridad que muchos ciudadanos, y donde un fruto verde amerita un operativo digno de jefe de Estado. Los productores, por cierto, temen que la fruta almacenada "se truene". Todos, en algún momento, tememos tronarnos esperando que las cosas se muevan en este país. La diferencia es que al aguacate ya le mandaron al Ejército.
Así cerramos el día: una ciudad que no avanza, políticos que no esconden nada, diputadas que lo huelen todo menos el problema, y aguacates mejor escoltados que nosotros. Cuídese, estimado lector, y si va a invadir el carril confinado, hágalo con estilo. Al fin que van a ser un millón seiscientos mil uno.
Empecemos por el dato que resume nuestra vida moderna. El Metrobús contó, en apenas once meses, un millón 615 mil invasiones a su carril confinado. Léalo despacio: un millón seiscientas mil veces alguien miró la línea que separa el orden del caos vehicular, respiró hondo y pensó "a mí las reglas me quedan chicas". El carril confinado, ese oasis pintado de rojo, resultó ser la piscina de alberca donde todos los patos se quieren meter aunque diga "solo socios". Las líneas 5 y 1 se llevan las palmas, prueba irrefutable de que en esta ciudad lo único que de verdad se confina somos los pasajeros.
Y si el carril no avanza, la calle tampoco. En el Centro Histórico, un grupo de comerciantes bloqueó más de una hora el cruce de Pino Suárez e Izazaga para exigir que "los dejen trabajar", petición conmovedora que ejecutaron impidiendo trabajar a todos los demás. Aseguran que la autoridad les prometió permanecer ahí "después del Mundial". Amigos: el Mundial terminó el 19 de julio. Ya pasó tanto tiempo que hasta la promesa caducó, se puso verde y se la comieron las palomas. Mientras tanto, la Subsecretaría de Control de Tránsito reportó mil 260 cierres viales solo en los primeros quince días de la Copa. Somos, oficialmente, la sede mundial no del futbol, sino del embotellamiento con causa. Cada quien defiende lo suyo poniendo trafitambos, lazos y cintas amarillas, ese confeti nacional del inconforme.
Pasemos a la alta política, que también trae su circo con carril propio. El flamante partido Somos México anunció que aspira al 10 por ciento de los votos en la capital y prometió ser "una oposición incómoda", aclarando de inmediato que no son el nuevo PRD: "Dios nos libre", dijeron. Nada como estrenar proyecto político presentándose por lo que NO son. Es el equivalente a abrir una taquería jurando: "aquí no vendemos tacos como los de la esquina, Dios nos libre". Suerte con eso.
De Nuevo León nos llega otro clásico del género. El gobernador Samuel García respondió a la revisión que pidió el Congreso sobre presuntas triangulaciones con un contundente "no tengo nada que esconder" y se autonombró "incorruptible". Debe ser una tradición patria: cada vez que a un político le piden que enseñe las manos, primero jura sobre su honor y luego pregunta dónde está la salida. Lo tranquilizador es que, como todos son incorruptibles, seguramente no pasa nada. Nunca pasa nada.
El premio a la sinceridad brutal, sin embargo, se lo llevan dos diputadas poblanas que, en un podcast, describieron a los hombres mayores como que "huelen a baúl" y "se están pudriendo". La CNDH salió a condenarlas por edadismo y discurso de odio, y con razón. Pero permítanme un momento de asombro profesional: hay legisladoras capaces de detectar el aroma del paso del tiempo pero incapaces de oler, a diez centímetros, una declaración que las iba a mandar directo al pronunciamiento oficial. Ese olfato selectivo también debería estudiarse.
En el frente económico, las noticias vienen empacadas al alto vacío. Banxico mantuvo la tasa en 6.50 por ciento, y nos explican que la inflación bajó gracias a que la carne, el pollo y el huevo costaron menos. Traducción: la economía va bien porque por fin podemos comprar lo que antes solo veíamos en el aparador. Y en el rubro de la modernidad, OpenAI anunció que ChatGPT tendrá anuncios en México. Sí: le pedirás consejo a la inteligencia artificial y te contestará con un cupón. El futuro llegó y trae patrocinador.
Pero la joya de la corona nacional es agropecuaria y militar a la vez. Estados Unidos frenó la importación del aguacate michoacano y el gobierno mexicano respondió desplegando alrededor de mil 500 elementos de las Fuerzas Armadas a la zona aguacatera. Léalo otra vez: soldados custodiando aguacates. Hemos alcanzado el punto de la civilización en que el guacamole tiene mejor seguridad que muchos ciudadanos, y donde un fruto verde amerita un operativo digno de jefe de Estado. Los productores, por cierto, temen que la fruta almacenada "se truene". Todos, en algún momento, tememos tronarnos esperando que las cosas se muevan en este país. La diferencia es que al aguacate ya le mandaron al Ejército.
Así cerramos el día: una ciudad que no avanza, políticos que no esconden nada, diputadas que lo huelen todo menos el problema, y aguacates mejor escoltados que nosotros. Cuídese, estimado lector, y si va a invadir el carril confinado, hágalo con estilo. Al fin que van a ser un millón seiscientos mil uno.