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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 11 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 7 de agosto de 2026

Aguacate custodiado: cuando el guacamole se vuelve asunto de seguridad nacional

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Aguacate custodiado: cuando el guacamole se vuelve asunto de seguridad nacional
Que nadie diga que México no tiene claras sus prioridades estratégicas. Estados Unidos suspendió las inspecciones al aguacate michoacano alegando motivos de seguridad para su personal, y la respuesta nacional fue inmediata, contundente y verde: el despliegue de alrededor de mil 500 elementos de las Fuerzas Armadas a la zona aguacatera de Michoacán. Sí, leyó bien. Donde otros mandan un memorándum, aquí mandamos al Ejército a cuidar la ensalada.

Hagamos el recuento del absurdo con todo respeto por los hechos. El fruto que hoy amerita casco, botas y formación militar es el mismo que usted machaca sin ceremonia sobre una tostada un domingo cualquiera. El aguacate michoacano pasó, de un día para otro, de ser botana a ser activo estratégico bajo resguardo castrense. Uno esperaría ese nivel de protección para una bóveda, un yacimiento o, con suerte, para un ciudadano de a pie. Pero no: el privilegiado es el oro verde, que ahora duerme más tranquilo que la mayoría.

Mientras tanto, del otro lado del mostrador, los productores viven su propio thriller de suspenso. Denuncian que la fruta almacenada no tarda en "tronarse" y reconocen que, desde el año pasado, ya venían golpeados por precios bajísimos. Es la tragedia perfecta del campo mexicano: si el aguacate no cruza la frontera, madura; si madura, se echa a perder; y si se echa a perder, se truena junto con las ganancias de toda la temporada. Todo eso ocurre a reloj, con la cuenta regresiva de una fruta que no entiende de diplomacia ni de aranceles.

El gobierno, por su parte, anunció que buscará reunión con la Embajada y con el Departamento de Agricultura, y hasta propuso que inspectores mexicanos del Senasica sustituyan a los estadounidenses. La lógica es impecable: si el problema es que sus inspectores no quieren venir, nosotros ponemos los nuestros. Es como si el vecino dejara de revisar tu jardín y tú te ofrecieras a calificarte solito. Habrá que ver si en Washington les parece tan buena idea.

Lo que queda, más allá de la sonrisa, es una postal muy nuestra: un país capaz de movilizar a mil quinientos soldados por una fruta en cuestión de horas, pero que a los agricultores solo les puede ofrecer paciencia y una cita pendiente. El aguacate, al menos, ya tiene quién lo cuide. Los que lo cosechan siguen esperando su turno en la fila.