Se cambian jaguares, poco uso; motivo: no alcanza para las croquetas
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Hay noticias que uno quisiera que fueran broma, y esta es una de ellas: el zoológico de Jiménez anunció que buscará intercambiar cinco jaguares recién nacidos con otros zoológicos del país porque, según explicó el propio representante del parque, alimentarlos sale demasiado caro. Léalo con calma. El felino más poderoso del continente americano, símbolo de imperios prehispánicos, animal que aparece en códices, murales y hasta en la mitología nacional, terminó convertido en artículo de trueque por culpa del recibo de la carnicería.
Uno entiende la lógica que ofrecen: diversificar la genética, repartir costos, agrandar la variedad entre zoológicos. Suena técnico, suena razonable. Lo que no deja de apretar el estómago es el subtexto: cinco cachorros del jaguar valen, en el presupuesto real de un parque de provincia, menos que su ración mensual de proteína. Cambio jaguar por lo que tengan. Facilidades de pago. Se aceptan ofertas y, de preferencia, animales que coman menos.
Porque ese es el drama chihuahuense en versión felina: aquí hasta el rey de la selva anda apretado. Nace uno de los depredadores más admirados del planeta y lo primero que se pregunta el mundo adulto no es 'qué maravilla', sino 'y ahora quién lo mantiene'. Es la misma angustia del padre de familia que ve llegar al quinto integrante justo cuando subieron la luz, el gas y la despensa, solo que con más dientes y menos posibilidades de ponerlo a trabajar.
Que quede claro: intercambiar ejemplares entre zoológicos es una práctica legítima y hasta recomendable para la conservación. Nadie está regalando gatitos en el semáforo. El problema no es el trueque; es el recordatorio de que las instituciones que cuidan patrimonio vivo sobreviven con lo que se puede, entre rifas mentales y matemáticas de fin de quincena. Cinco jaguares nacieron sanos, y en lugar de ser una celebración rugiente, se volvieron un renglón preocupante en la hoja de gastos.
Ojalá el intercambio salga bien, los cachorros crezcan fuertes y algún día el zoológico reciba, a cambio, no solo otra especie exótica, sino un poquito de ese recurso que siempre falta. Mientras tanto, brindemos por los cinco reyes que llegaron al mundo en el momento económico equivocado. Larga vida al jaguar; corta, ojalá, la lista de espera de sus croquetas.
Uno entiende la lógica que ofrecen: diversificar la genética, repartir costos, agrandar la variedad entre zoológicos. Suena técnico, suena razonable. Lo que no deja de apretar el estómago es el subtexto: cinco cachorros del jaguar valen, en el presupuesto real de un parque de provincia, menos que su ración mensual de proteína. Cambio jaguar por lo que tengan. Facilidades de pago. Se aceptan ofertas y, de preferencia, animales que coman menos.
Porque ese es el drama chihuahuense en versión felina: aquí hasta el rey de la selva anda apretado. Nace uno de los depredadores más admirados del planeta y lo primero que se pregunta el mundo adulto no es 'qué maravilla', sino 'y ahora quién lo mantiene'. Es la misma angustia del padre de familia que ve llegar al quinto integrante justo cuando subieron la luz, el gas y la despensa, solo que con más dientes y menos posibilidades de ponerlo a trabajar.
Que quede claro: intercambiar ejemplares entre zoológicos es una práctica legítima y hasta recomendable para la conservación. Nadie está regalando gatitos en el semáforo. El problema no es el trueque; es el recordatorio de que las instituciones que cuidan patrimonio vivo sobreviven con lo que se puede, entre rifas mentales y matemáticas de fin de quincena. Cinco jaguares nacieron sanos, y en lugar de ser una celebración rugiente, se volvieron un renglón preocupante en la hoja de gastos.
Ojalá el intercambio salga bien, los cachorros crezcan fuertes y algún día el zoológico reciba, a cambio, no solo otra especie exótica, sino un poquito de ese recurso que siempre falta. Mientras tanto, brindemos por los cinco reyes que llegaron al mundo en el momento económico equivocado. Larga vida al jaguar; corta, ojalá, la lista de espera de sus croquetas.