Póngase al corriente con el agua que sí tiene: la que falta ya se le buscará
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En el gran teatro del agua chihuahuense, esta semana tuvimos dos actos que, puestos uno al lado del otro, parecen escritos por un guionista con mal sentido del humor. En Ciudad Juárez, la Junta Municipal de Agua y Saneamiento anunció que exigirá a los negocios instalados en viviendas —esos que cambiaron el uso de la casa para poner changarro en avenidas y esquinas— que regularicen sus contratos y cumplan con "factibilidad y adecuaciones hidráulicas". Traducción: si usted vende tacos en la sala de su casa, prepárese a demostrar que el agua que consume está debidamente contabilizada y facturada.
Muy correcto todo. El detalle es que, doscientos y tantos kilómetros al sur, en la capital, unos treinta vecinos de la colonia Paneles Ponderosa tuvieron que salir a protestar con pancartas ante su propia JMAS porque llevan más de dos años sin agua potable. Sí, más de dos años. Cerca de trescientos habitantes que, según relatan, hace tiempo dependen de pipas y de la fe. Distintas ciudades, distintas juntas, sí; pero el mismo apellido, la misma promesa institucional y el mismo líquido que en un lado se persigue con lupa fiscal y en otro simplemente no aparece.
Ahí está el chiste amargo. La eficiencia burocrática es asombrosa cuando se trata de cobrar: detecta cambios de uso de suelo, revisa esquinas, exige factibilidad, redacta requisitos con adjetivos técnicos. Pero esa misma maquinaria se vuelve tortuga cuando el problema es al revés, cuando lo que hay que hacer no es cobrar sino entregar. Regularizar el agua que sí llega: urgente. Explicar la que no llega desde hace veinticuatro meses: pendiente, en revisión, permítanos un momento.
No se trata de que los negocios no deban pagar lo que consumen; claro que deben. Se trata de la jerarquía moral de las prioridades. Primero conecte usted la llave del que lleva dos años esperando; luego, con toda la energía que quiera, vaya a auditar al de la fonda. Porque cobrarle al que sí tiene agua mientras el que no la tiene sale a la calle con cartulinas es, cuando menos, un orden de operaciones digno de revisarse.
Mientras tanto, los vecinos de Paneles Ponderosa seguirán haciendo lo único que les queda: esperar la pipa, guardar el recibo simbólico y confiar en que algún día la factibilidad hidráulica también aplique para ellos. El agua, dicen, es vida. En Chihuahua, a ratos, también es un trámite que solo avanza cuando hay algo que cobrar.
Muy correcto todo. El detalle es que, doscientos y tantos kilómetros al sur, en la capital, unos treinta vecinos de la colonia Paneles Ponderosa tuvieron que salir a protestar con pancartas ante su propia JMAS porque llevan más de dos años sin agua potable. Sí, más de dos años. Cerca de trescientos habitantes que, según relatan, hace tiempo dependen de pipas y de la fe. Distintas ciudades, distintas juntas, sí; pero el mismo apellido, la misma promesa institucional y el mismo líquido que en un lado se persigue con lupa fiscal y en otro simplemente no aparece.
Ahí está el chiste amargo. La eficiencia burocrática es asombrosa cuando se trata de cobrar: detecta cambios de uso de suelo, revisa esquinas, exige factibilidad, redacta requisitos con adjetivos técnicos. Pero esa misma maquinaria se vuelve tortuga cuando el problema es al revés, cuando lo que hay que hacer no es cobrar sino entregar. Regularizar el agua que sí llega: urgente. Explicar la que no llega desde hace veinticuatro meses: pendiente, en revisión, permítanos un momento.
No se trata de que los negocios no deban pagar lo que consumen; claro que deben. Se trata de la jerarquía moral de las prioridades. Primero conecte usted la llave del que lleva dos años esperando; luego, con toda la energía que quiera, vaya a auditar al de la fonda. Porque cobrarle al que sí tiene agua mientras el que no la tiene sale a la calle con cartulinas es, cuando menos, un orden de operaciones digno de revisarse.
Mientras tanto, los vecinos de Paneles Ponderosa seguirán haciendo lo único que les queda: esperar la pipa, guardar el recibo simbólico y confiar en que algún día la factibilidad hidráulica también aplique para ellos. El agua, dicen, es vida. En Chihuahua, a ratos, también es un trámite que solo avanza cuando hay algo que cobrar.