El Mochilas cruza el Ameca: perdió en Vallarta, pero encontró chamba en Nayarit
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En la naturaleza, cuando un río separa dos territorios, cada especie se queda del lado que le tocó. En la política mexicana, en cambio, el río es apenas una sugerencia. Lo confirma la reaparición de Ramón Demetrio Guerrero Martínez, mejor conocido como "El Mochilas", exalcalde vallartense que perdió la candidatura a la presidencia municipal de Puerto Vallarta con Movimiento Ciudadano en 2024 y que, según se documentó, ahora participa en actividades del mismo partido pero del otro lado del río Ameca, en Nayarit.
Es el equivalente político a mudarse de casa después de una ruptura, pero conservando exactamente la misma relación. Perdió de este lado, cruzó el puente, y del otro lo recibieron con bienvenida partidista, encuentros con liderazgos locales y reuniones difundidas con orgullo en redes sociales. Donde en Vallarta hubo derrota, en Tepic hay futuro. El mismo partido, el mismo personaje, distinto código postal.
Uno tiene que admirar la resiliencia. Hay quien tras una derrota electoral se retira a escribir sus memorias, a dar clases o a montar un negocio de tacos. "El Mochilas" optó por la ruta del profesional incansable: si aquí no se pudo, allá se verá. La geografía como plan B. El estado vecino como segunda vuelta extraoficial. Y todo justo a tiempo para el proceso electoral de 2027, donde en Nayarit estarán en juego la gubernatura, alcaldías, diputaciones locales y federales. Todo un bufet.
Lo elegante del asunto es que, hasta el momento, Movimiento Ciudadano no ha informado oficialmente cuál será la responsabilidad concreta del exvallartense en Nayarit. O sea: ya está, ya lo recibieron, ya salió en las fotos, pero para qué exactamente, todavía es un delicioso misterio. Es la versión política del amigo que se muda a tu departamento "unos días" y tres meses después sigue ahí, muy cómodo, sin que nadie recuerde bien cómo empezó.
El fenómeno, claro, no es nuevo ni exclusivo de nadie. La clase política mexicana hace tiempo que domina el arte de la reubicación: se pierde en un municipio y se aparece en otro, se pierde en un estado y se reaparece en el vecino, siempre con la maleta lista y la sonrisa intacta. Las fronteras internas son para los ciudadanos que necesitan visa hasta para el trámite más simple; para las carreras políticas, en cambio, son puentes con alfombra roja.
Así que suerte a Nayarit con su nuevo vecino jalisciense. Y a Vallarta, un consejo: no se despidan del todo. En esto de la política, el que cruza el río siempre sabe volver a cruzarlo cuando cambia la marea.
Es el equivalente político a mudarse de casa después de una ruptura, pero conservando exactamente la misma relación. Perdió de este lado, cruzó el puente, y del otro lo recibieron con bienvenida partidista, encuentros con liderazgos locales y reuniones difundidas con orgullo en redes sociales. Donde en Vallarta hubo derrota, en Tepic hay futuro. El mismo partido, el mismo personaje, distinto código postal.
Uno tiene que admirar la resiliencia. Hay quien tras una derrota electoral se retira a escribir sus memorias, a dar clases o a montar un negocio de tacos. "El Mochilas" optó por la ruta del profesional incansable: si aquí no se pudo, allá se verá. La geografía como plan B. El estado vecino como segunda vuelta extraoficial. Y todo justo a tiempo para el proceso electoral de 2027, donde en Nayarit estarán en juego la gubernatura, alcaldías, diputaciones locales y federales. Todo un bufet.
Lo elegante del asunto es que, hasta el momento, Movimiento Ciudadano no ha informado oficialmente cuál será la responsabilidad concreta del exvallartense en Nayarit. O sea: ya está, ya lo recibieron, ya salió en las fotos, pero para qué exactamente, todavía es un delicioso misterio. Es la versión política del amigo que se muda a tu departamento "unos días" y tres meses después sigue ahí, muy cómodo, sin que nadie recuerde bien cómo empezó.
El fenómeno, claro, no es nuevo ni exclusivo de nadie. La clase política mexicana hace tiempo que domina el arte de la reubicación: se pierde en un municipio y se aparece en otro, se pierde en un estado y se reaparece en el vecino, siempre con la maleta lista y la sonrisa intacta. Las fronteras internas son para los ciudadanos que necesitan visa hasta para el trámite más simple; para las carreras políticas, en cambio, son puentes con alfombra roja.
Así que suerte a Nayarit con su nuevo vecino jalisciense. Y a Vallarta, un consejo: no se despidan del todo. En esto de la política, el que cruza el río siempre sabe volver a cruzarlo cuando cambia la marea.