La lechuga guanajuatense: inocente aquí, buscada allá
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Pocas hortalizas cargan con una biografía tan movida como la lechuga de Guanajuato. Las autoridades sanitarias federales informaron que la planta de Taylor Farms en Doctor Mora no presentó evidencia de contaminación por cíclospora: analizaron cinco muestras de lechuga entera, cinco de lechuga picada y cuatro de agua, y todas salieron negativas, incluidas las de coliformes. La Cofepris habló incluso de un "falso positivo" y recordó que la empresa tiene certificaciones internacionales. En corto: aquí la lechuga sale con las manos limpias y hoja impecable.
El problema es que la misma hoja tiene otra ficha del otro lado del río Bravo. En Estados Unidos vincularon lechuga producida en el estado con seis mil trescientos cincuenta y ocho casos de ciclosporiasis, y calcularon que seis de cada diez contagios entre mayo y agosto forman parte de ese brote. Es decir, nuestra lechuga vive una doble vida digna de telenovela: virtuosa ciudadana en la rueda de prensa nacional, sospechosa internacional en el expediente gringo. Misma verdura, dos veredictos.
Antes, el secretario de Salud federal ya había dicho que las muestras no detectaron el parásito y que los casos registrados en México no representaban una emergencia sanitaria. Todo tranquilizador para el consumidor local, aunque uno no pueda evitar la sensación de estar comiendo la ensalada más internacionalmente incomprendida del hemisferio.
Que conste: ni inventamos el brote ni acusamos a nadie de nada; la ciencia dirá con sus muestras quién tiene razón, y ojalá lo diga pronto y con transparencia. Mientras tanto, el guanajuatense hace lo que mejor sabe: lavar todo tres veces, desinfectar con gotitas y encomendarse a la Virgen antes de morder un taco de canasta. Nuestra lechuga es, oficialmente, negativa a cíclospora y positiva a polémica diplomática. Pásele su ensalada, viene con certificado de un lado y con antecedentes del otro.
El problema es que la misma hoja tiene otra ficha del otro lado del río Bravo. En Estados Unidos vincularon lechuga producida en el estado con seis mil trescientos cincuenta y ocho casos de ciclosporiasis, y calcularon que seis de cada diez contagios entre mayo y agosto forman parte de ese brote. Es decir, nuestra lechuga vive una doble vida digna de telenovela: virtuosa ciudadana en la rueda de prensa nacional, sospechosa internacional en el expediente gringo. Misma verdura, dos veredictos.
Antes, el secretario de Salud federal ya había dicho que las muestras no detectaron el parásito y que los casos registrados en México no representaban una emergencia sanitaria. Todo tranquilizador para el consumidor local, aunque uno no pueda evitar la sensación de estar comiendo la ensalada más internacionalmente incomprendida del hemisferio.
Que conste: ni inventamos el brote ni acusamos a nadie de nada; la ciencia dirá con sus muestras quién tiene razón, y ojalá lo diga pronto y con transparencia. Mientras tanto, el guanajuatense hace lo que mejor sabe: lavar todo tres veces, desinfectar con gotitas y encomendarse a la Virgen antes de morder un taco de canasta. Nuestra lechuga es, oficialmente, negativa a cíclospora y positiva a polémica diplomática. Pásele su ensalada, viene con certificado de un lado y con antecedentes del otro.