El camión ya cuesta 12 pesos y el teleférico llega 'este mes' (desde hace meses)
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La noticia que de verdad reordena el presupuesto familiar en Michoacán no trae escándalo ni conferencia de prensa: el pasaje del transporte público subió a 12 pesos. Un peso más que ayer, que multiplicado por dos viajes diarios, cinco días a la semana, resulta ser justo lo que uno no tenía. Para adultos mayores y personas con discapacidad hay indulto: seguirán pagando 11 pesos. Un descuento de un peso que se siente menos como apoyo social y más como cupón de lealtad por aguantar el servicio.
A cambio del ajuste, la autoridad de movilidad nos consuela con promesas de infraestructura: que 'este mes' quedará lista la estación del teleférico y el carril confinado del Morebús. Conviene aclarar, para los foráneos, que en Michoacán 'este mes' no es una unidad del calendario gregoriano. Es un concepto elástico, casi poético, que puede abarcar desde cuatro semanas hasta el final del sexenio. Cada vez que un funcionario pronuncia 'este mes', un ingeniero de obra se persigna en silencio.
Lo entrañable es la ecuación: pagamos más hoy por un servicio que estará mejor mañana, y ese mañana lleva la firma temporal más incierta de la administración pública. Es fe pura. Uno sube al camión, entrega sus 12 pesos y viaja sostenido por la esperanza de que el teleférico —esa palabra que suena a parque de diversiones— algún día lo lleve volando por encima del tráfico que hoy padece a ras de suelo.
Mientras tanto, la realidad avanza a velocidad de tope: el usuario paga la tarifa nueva desde ya, el teleférico se inaugura 'este mes' y el Morebús confina su carril con la misma prisa con la que Michoacán confina sus obras: con paciencia franciscana y sin fecha real de estreno. El pasaje, eso sí, jamás llega tarde a su cita con el aumento. De todo lo que en esta ciudad se mueve, la tarifa es lo único puntual.
A cambio del ajuste, la autoridad de movilidad nos consuela con promesas de infraestructura: que 'este mes' quedará lista la estación del teleférico y el carril confinado del Morebús. Conviene aclarar, para los foráneos, que en Michoacán 'este mes' no es una unidad del calendario gregoriano. Es un concepto elástico, casi poético, que puede abarcar desde cuatro semanas hasta el final del sexenio. Cada vez que un funcionario pronuncia 'este mes', un ingeniero de obra se persigna en silencio.
Lo entrañable es la ecuación: pagamos más hoy por un servicio que estará mejor mañana, y ese mañana lleva la firma temporal más incierta de la administración pública. Es fe pura. Uno sube al camión, entrega sus 12 pesos y viaja sostenido por la esperanza de que el teleférico —esa palabra que suena a parque de diversiones— algún día lo lleve volando por encima del tráfico que hoy padece a ras de suelo.
Mientras tanto, la realidad avanza a velocidad de tope: el usuario paga la tarifa nueva desde ya, el teleférico se inaugura 'este mes' y el Morebús confina su carril con la misma prisa con la que Michoacán confina sus obras: con paciencia franciscana y sin fecha real de estreno. El pasaje, eso sí, jamás llega tarde a su cita con el aumento. De todo lo que en esta ciudad se mueve, la tarifa es lo único puntual.