Chilangos anfibios: la ciudad descubre que el agua también sabe gobernar
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Viernes de aguacero bíblico y la Ciudad de México volvió a comprobar su vocación acuática: alerta roja en La Magdalena Contreras, el río Magdalena desbordado arrastrando troncos como si cobrara facturas, cuatro demarcaciones en naranja y el resto de los chilangos remando en amarillo. Nada nuevo bajo el nubarrón. Lo verdaderamente memorable no fue la lluvia —que cae puntual cada temporada como el único compromiso que la ciudad sí cumple—, sino enterarnos de que la Secretaría de Gestión Integral del Agua firmó un contrato de 22.3 millones de pesos para que una empresa supervise 52 obras contra inundaciones. Supervisar, aclaro, no construir ni bombear: pagamos butaca de lujo para ver, con binoculares, cómo se llena la Calzada de Tlalpan. El Plan Drenaje avanza tan fluido como el propio drenaje.
Mientras tanto, en la colonia Narciso Mendoza los vecinos denunciaron que ya no caben ni los coches ni las personas: estacionan en doble fila hasta en el camellón, y por la calle Caporal apenas pasa un vehículo a la vez, como en confesionario. La movilidad capitalina, ese oxímoron con placas. Para consolarnos, anuncian que Ecobici se expandirá a tres alcaldías más. Detalle encantador: Iztacalco, Iztapalapa y Tlalpan hoy no tienen Ecobici. Es decir, celebramos que por fin llegará a donde nunca estuvo, con el mismo entusiasmo con que uno agradece que le devuelvan lo que jamás le prestaron.
Y para que nada se nos escape, el C5 presume 78 mil cámaras vigilando transporte, paradas y avenidas en 29 mil sitios. Excelente: tenemos la videoteca más completa del país para revivir, en alta definición, el instante exacto en que el agua se tragó la esquina. Ochenta mil ojos electrónicos y ninguno sirve de paraguas.
En Tlalpan, además, invierten 215 millones de pesos para tapar más de 30 mil baches, con 25 mil ya reparados. Uno aplaudiría, si no fuera porque el bache es la única infraestructura verdaderamente eterna de esta ciudad: se tapa en marzo, resucita en julio con la lluvia y para agosto ya tiene nombre, dirección y credencial de elector. Treinta mil baches no son un programa de obra, son un censo.
Hablando de censos: el Instituto Electoral capitalino lanzó la convocatoria para el proceso de 2027, con 286 cargos en disputa. Su presidenta juró imparcialidad y confianza, y no habían terminado de secarse las cursivas cuando el representante del PRD ya acusaba que no le han entregado recursos y que «empezamos muy mal». Reconozcamos la honestidad brutal: es el único partido que hace precampaña con el eslogan de una autoevaluación deprimida. «Empezamos muy mal» no es queja, es diagnóstico, y sospecho que también pronóstico.
El gobierno capitalino, por su parte, encontró la raíz de todos los males: la escritura. Anunció un programa para regularizar viviendas intestadas y una defensoría con cien abogados contra el despojo, tras descubrir que de diez denuncias por despojo, siete eran pleitos familiares por herencias mal repartidas y una era falsa alarma. Traducción: a media ciudad no la despoja la mafia, la despoja su cuñado. La jefa de Gobierno lo resumió con una perla difícil de superar: si no tenemos escritura, pues es más difícil demostrar que somos dueños. Sócrates tiembla.
Para los que sí quieren escriturar su futuro, la UNAM decidió que casi 59 mil aspirantes presenten examen de control presencial, luego de las irregularidades del proceso en línea. Nueve de cada diez lo harán en el Palacio de los Deportes: el mítico Domo de Cobre convertido en el examen más masivo desde el último concierto agotado. Y como un juez ya desechó el primer amparo alegando autonomía universitaria, no queda recurso legal contra el nervio. Bienvenidos a la adultez: aquí hasta para reclamar hay lista de espera.
En Iztapalapa, epicentro de todo lo que a esta ciudad le urge y le falta, el programa Agua del Bienestar prometió repartir hasta 100 mil garrafones por semana y entregó cerca de mil. Un uno por ciento de cumplimiento que en cualquier otra métrica se llamaría error de dedo; aquí se llama primer año.
Así cerró la semana la capital: mojada, videovigilada, embachada y a la espera de escrituras, garrafones y bicicletas que algún día llegarán. Lo bueno es que, con 78 mil cámaras, al menos quedará constancia de que lo intentamos. En technicolor y con granizo.
Mientras tanto, en la colonia Narciso Mendoza los vecinos denunciaron que ya no caben ni los coches ni las personas: estacionan en doble fila hasta en el camellón, y por la calle Caporal apenas pasa un vehículo a la vez, como en confesionario. La movilidad capitalina, ese oxímoron con placas. Para consolarnos, anuncian que Ecobici se expandirá a tres alcaldías más. Detalle encantador: Iztacalco, Iztapalapa y Tlalpan hoy no tienen Ecobici. Es decir, celebramos que por fin llegará a donde nunca estuvo, con el mismo entusiasmo con que uno agradece que le devuelvan lo que jamás le prestaron.
Y para que nada se nos escape, el C5 presume 78 mil cámaras vigilando transporte, paradas y avenidas en 29 mil sitios. Excelente: tenemos la videoteca más completa del país para revivir, en alta definición, el instante exacto en que el agua se tragó la esquina. Ochenta mil ojos electrónicos y ninguno sirve de paraguas.
En Tlalpan, además, invierten 215 millones de pesos para tapar más de 30 mil baches, con 25 mil ya reparados. Uno aplaudiría, si no fuera porque el bache es la única infraestructura verdaderamente eterna de esta ciudad: se tapa en marzo, resucita en julio con la lluvia y para agosto ya tiene nombre, dirección y credencial de elector. Treinta mil baches no son un programa de obra, son un censo.
Hablando de censos: el Instituto Electoral capitalino lanzó la convocatoria para el proceso de 2027, con 286 cargos en disputa. Su presidenta juró imparcialidad y confianza, y no habían terminado de secarse las cursivas cuando el representante del PRD ya acusaba que no le han entregado recursos y que «empezamos muy mal». Reconozcamos la honestidad brutal: es el único partido que hace precampaña con el eslogan de una autoevaluación deprimida. «Empezamos muy mal» no es queja, es diagnóstico, y sospecho que también pronóstico.
El gobierno capitalino, por su parte, encontró la raíz de todos los males: la escritura. Anunció un programa para regularizar viviendas intestadas y una defensoría con cien abogados contra el despojo, tras descubrir que de diez denuncias por despojo, siete eran pleitos familiares por herencias mal repartidas y una era falsa alarma. Traducción: a media ciudad no la despoja la mafia, la despoja su cuñado. La jefa de Gobierno lo resumió con una perla difícil de superar: si no tenemos escritura, pues es más difícil demostrar que somos dueños. Sócrates tiembla.
Para los que sí quieren escriturar su futuro, la UNAM decidió que casi 59 mil aspirantes presenten examen de control presencial, luego de las irregularidades del proceso en línea. Nueve de cada diez lo harán en el Palacio de los Deportes: el mítico Domo de Cobre convertido en el examen más masivo desde el último concierto agotado. Y como un juez ya desechó el primer amparo alegando autonomía universitaria, no queda recurso legal contra el nervio. Bienvenidos a la adultez: aquí hasta para reclamar hay lista de espera.
En Iztapalapa, epicentro de todo lo que a esta ciudad le urge y le falta, el programa Agua del Bienestar prometió repartir hasta 100 mil garrafones por semana y entregó cerca de mil. Un uno por ciento de cumplimiento que en cualquier otra métrica se llamaría error de dedo; aquí se llama primer año.
Así cerró la semana la capital: mojada, videovigilada, embachada y a la espera de escrituras, garrafones y bicicletas que algún día llegarán. Lo bueno es que, con 78 mil cámaras, al menos quedará constancia de que lo intentamos. En technicolor y con granizo.