«Empezamos muy mal»: el PRD estrena precampaña con autodiagnóstico incluido
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El Instituto Electoral de la Ciudad de México lanzó la convocatoria para el proceso electoral de 2027, ese en el que estarán en disputa 286 cargos: alcaldías, diputaciones locales y concejalías. Es el banderazo previo al año electoral, el momento solemne en que los partidos se acomodan la corbata, ensayan la sonrisa y prometen que esta vez sí. La presidenta del instituto puso el tono con la frase de cajón: el órgano será imparcial y confiable. Aplausos de rigor.
Y entonces, antes de que la tinta de la convocatoria terminara de secarse, el representante del PRD levantó la mano no para felicitar, sino para acusar: que la autoridad incumple con la equidad y la imparcialidad porque no le ha entregado recursos, lo que —dijo— lo pone en desventaja frente a los demás contendientes. El remate quedará para la posteridad: «Empezamos muy mal».
Hay que reconocerlo: pocas veces un partido inaugura su ciclo electoral con semejante ejercicio de honestidad terapéutica. Mientras los demás prometen transformar la ciudad, el PRD arranca autoevaluándose en voz alta y en negativo, como quien llega a la fiesta anunciando que ya se le hizo tarde y que además olvidó el regalo. «Empezamos muy mal» no es un reclamo administrativo, es un estado de ánimo, casi un manifiesto existencial.
El agravio, para ser justos, tiene su lógica: sin recursos a tiempo, competir cuesta más, y la queja sobre la equidad es tan vieja como las campañas mismas. Pero el fraseo lo es todo. Decir «arrancamos en desventaja» suena a estrategia; decir «empezamos muy mal» suena a confesión, y el eco no ayuda a un partido que lleva rato peleando por sobrevivir en el mapa capitalino. Al final, la frase es un espejo incómodo: en política, a veces el peor adversario no es el instituto ni el rival, sino el propio micrófono.
Faltan meses para que las campañas arranquen de verdad, con espectaculares, promesas y sonrisas de veinte dientes. Por lo pronto, quedémonos con la escena inaugural: la convocatoria recién publicada y, encima de ella, un partido que ya avisó, con envidiable puntualidad, cómo se siente. Si el pronóstico se cumple o no, lo dirá la boleta. La autopercepción, al menos, ya está registrada.
Y entonces, antes de que la tinta de la convocatoria terminara de secarse, el representante del PRD levantó la mano no para felicitar, sino para acusar: que la autoridad incumple con la equidad y la imparcialidad porque no le ha entregado recursos, lo que —dijo— lo pone en desventaja frente a los demás contendientes. El remate quedará para la posteridad: «Empezamos muy mal».
Hay que reconocerlo: pocas veces un partido inaugura su ciclo electoral con semejante ejercicio de honestidad terapéutica. Mientras los demás prometen transformar la ciudad, el PRD arranca autoevaluándose en voz alta y en negativo, como quien llega a la fiesta anunciando que ya se le hizo tarde y que además olvidó el regalo. «Empezamos muy mal» no es un reclamo administrativo, es un estado de ánimo, casi un manifiesto existencial.
El agravio, para ser justos, tiene su lógica: sin recursos a tiempo, competir cuesta más, y la queja sobre la equidad es tan vieja como las campañas mismas. Pero el fraseo lo es todo. Decir «arrancamos en desventaja» suena a estrategia; decir «empezamos muy mal» suena a confesión, y el eco no ayuda a un partido que lleva rato peleando por sobrevivir en el mapa capitalino. Al final, la frase es un espejo incómodo: en política, a veces el peor adversario no es el instituto ni el rival, sino el propio micrófono.
Faltan meses para que las campañas arranquen de verdad, con espectaculares, promesas y sonrisas de veinte dientes. Por lo pronto, quedémonos con la escena inaugural: la convocatoria recién publicada y, encima de ella, un partido que ya avisó, con envidiable puntualidad, cómo se siente. Si el pronóstico se cumple o no, lo dirá la boleta. La autopercepción, al menos, ya está registrada.