Adóptame ALV: cuando el gobierno por fin habla tu idioma
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Hay que reconocerle al municipio de García una cosa que rara vez se le ve a la burocracia: valentía tipográfica. Su nueva campaña de adopción de mascotas rescatadas se llama 'Adóptame ALV', y el gobierno jura, con la cara más seria del organigrama, que esas siglas significan 'Ámame Lo Vale'. Por supuesto. Y el kilo de tortillas cuesta lo mismo desde 2019.
Uno visualiza la junta donde nació la idea. El área de comunicación, con humo saliéndole de las orejas, buscando cómo hacer que un cartel de perritos compita con los reels de baile en el teléfono del ciudadano promedio. Y entonces, alguien —bendito rebelde— levanta la mano y propone la frase que todos pensaron pero nadie se atrevía a proponerle al alcalde. Silencio. Sudor. Y luego el aplauso. Así se hace historia municipal.
Lo genial es que funciona precisamente porque en Nuevo León ese lenguaje no necesita traducción. Aquí las tres letras se entienden desde la primaria, se gritan en el estadio y se susurran en el tráfico de la Gonzalitos. El gobierno no inventó nada: solo le puso membrete oficial a la forma en que ya hablábamos. Es la primera vez que una dependencia captura el habla regia sin mandarla a un focus group carísimo.
Y, a favor de la causa, si el chiste lingüístico logra que más perros y gatos rescatados salgan del albergue y entren a una casa con plato y sombra, entonces que viva el doble sentido y que se multipliquen las siglas creativas. Uno preferiría mil veces un gobierno que arriesga un albur por una buena causa que uno que gasta el presupuesto en un eslogan olvidable con niños genéricos sonriendo bajo un arcoíris. Ojalá el próximo programa de bacheo tenga la mitad de este ingenio.
Eso sí, propongo prudencia para las siguientes campañas. Que el entusiasmo no nos lleve a que la de vacunación o la de reciclaje reciten el mismo alfabeto. Hay un delgadísimo empedrado entre 'creativo' y 'me hablaron a la dirección para pedir explicaciones'. Por ahora, García va ganando: consiguió que estemos hablando de sus perritos en adopción sin gastar un peso en publicidad. Ámalo lo que vale.
Uno visualiza la junta donde nació la idea. El área de comunicación, con humo saliéndole de las orejas, buscando cómo hacer que un cartel de perritos compita con los reels de baile en el teléfono del ciudadano promedio. Y entonces, alguien —bendito rebelde— levanta la mano y propone la frase que todos pensaron pero nadie se atrevía a proponerle al alcalde. Silencio. Sudor. Y luego el aplauso. Así se hace historia municipal.
Lo genial es que funciona precisamente porque en Nuevo León ese lenguaje no necesita traducción. Aquí las tres letras se entienden desde la primaria, se gritan en el estadio y se susurran en el tráfico de la Gonzalitos. El gobierno no inventó nada: solo le puso membrete oficial a la forma en que ya hablábamos. Es la primera vez que una dependencia captura el habla regia sin mandarla a un focus group carísimo.
Y, a favor de la causa, si el chiste lingüístico logra que más perros y gatos rescatados salgan del albergue y entren a una casa con plato y sombra, entonces que viva el doble sentido y que se multipliquen las siglas creativas. Uno preferiría mil veces un gobierno que arriesga un albur por una buena causa que uno que gasta el presupuesto en un eslogan olvidable con niños genéricos sonriendo bajo un arcoíris. Ojalá el próximo programa de bacheo tenga la mitad de este ingenio.
Eso sí, propongo prudencia para las siguientes campañas. Que el entusiasmo no nos lleve a que la de vacunación o la de reciclaje reciten el mismo alfabeto. Hay un delgadísimo empedrado entre 'creativo' y 'me hablaron a la dirección para pedir explicaciones'. Por ahora, García va ganando: consiguió que estemos hablando de sus perritos en adopción sin gastar un peso en publicidad. Ámalo lo que vale.