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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 11 de agosto, 2026
Jalisco Nota 9 de agosto de 2026

El paciente fantasma: entraba a los hospitales a robar y salía más restablecido que nadie

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El paciente fantasma: entraba a los hospitales a robar y salía más restablecido que nadie
Existe una categoría de delincuente que merece, si no un aplauso, al menos un estudio antropológico. La Fiscalía de Jalisco detuvo a un hombre que había convertido los hospitales de Guadalajara en su centro comercial personal: se hacía pasar por paciente, entraba con toda la calma del mundo y salía cargando equipo médico y pertenencias de familiares y visitantes. Ingresaba delicado de salud y egresaba con el patrimonio robustecido.

El modus operandi tiene su perverso encanto. En un país donde conseguir cita médica es una odisea, este señor se metía al hospital sin turno, sin referencia y sin pagar consulta. Mientras el resto de los mortales espera horas por una radiografía, él ya andaba haciendo inventario de lo ajeno. Un genio del sistema de salud, pero del lado equivocado del juramento hipocrático.

Lo que no calculó el emprendedor fue que su expediente lo delataba mejor que cualquier tomografía: traía una orden de aprehensión vigente en Nayarit por exactamente el mismo delito. O sea, no era un debutante inspirado por la necesidad, sino un reincidente con carrera consolidada y ambición interestatal. El robo a hospitales, su especialidad; la impunidad, su sueño guajiro.

Uno quisiera pensar que un hospital es territorio sagrado, el último lugar donde la gente baja la guardia porque está ocupada, literalmente, en no morirse. Y precisamente por eso es un blanco tan cínico: el ladrón sabía que nadie sospecha del que anda en bata con cara de dolor. La confianza, esa que tanto escasea, era su mejor cómplice.

La detención se logró con apoyo del sistema de videovigilancia estatal, lo que prueba que a veces la tecnología sí sirve para algo más que multarnos por vuelta prohibida. Al final, el paciente fantasma fue diagnosticado con el único padecimiento que no se cura solo: prisión preventiva. Que le aproveche la estancia, ahora sí, en una institución del Estado donde el equipo no se lo va a poder llevar. Y que sirva de recordatorio para los hospitales: no todo el que llega pálido viene a curarse; algunos vienen de compras.