Semifinal sin permiso, pero con 2,555 cervezas: la logística que le falta a las obras públicas
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En los Campos de la Españita, en León, la autoridad municipal se lució con un decomiso digno de portada: dos mil quinientas cincuenta y cinco cervezas que iban a acompañar la semifinal de una liga amateur de futbol que no contaba con permiso. Léase con calma el número. No fueron cinco, ni cincuenta, ni un par de cartones para el árbitro. Fueron dos mil quinientas cincuenta y cinco unidades, cuidadosamente conseguidas para un partido de barrio.
Y aquí es donde uno debe quitarse el sombrero. Porque montar un torneo sin permiso es común; lo verdaderamente admirable es la capacidad de organización que implica abastecer más de dos mil quinientas cervezas para una tarde de llano. Esa cadena de suministro, esa previsión de inventario, esa logística de frío para que ninguna chela llegara tibia al minuto noventa, es un nivel de eficiencia que muchas dependencias del estado ya quisieran para sus trámites. Pon a estos organizadores a construir un parque público y te lo inauguran el mismo día, con cerveza fría incluida.
El problema, claro, fue el papeleo. En Guanajuato uno puede reunir a media colonia, dos equipos, un balón y un ejército de latas, pero si no llenó el formato, el operativo cae con todo el peso de la ley sobre la hielera. La semifinal quedó, suponemos, en suspenso; los aficionados, sobrios a la fuerza; y las dos mil quinientas cincuenta y cinco cervezas, en calidad de testigos protegidos bajo resguardo de la autoridad.
Queda la moraleja de la jornada: en este estado, meterle un gol a la burocracia es más difícil que a cualquier portero de liga amateur. Que la próxima ocasión saquen primero el permiso y luego las chelas; en ese orden, aunque duela.
Y aquí es donde uno debe quitarse el sombrero. Porque montar un torneo sin permiso es común; lo verdaderamente admirable es la capacidad de organización que implica abastecer más de dos mil quinientas cervezas para una tarde de llano. Esa cadena de suministro, esa previsión de inventario, esa logística de frío para que ninguna chela llegara tibia al minuto noventa, es un nivel de eficiencia que muchas dependencias del estado ya quisieran para sus trámites. Pon a estos organizadores a construir un parque público y te lo inauguran el mismo día, con cerveza fría incluida.
El problema, claro, fue el papeleo. En Guanajuato uno puede reunir a media colonia, dos equipos, un balón y un ejército de latas, pero si no llenó el formato, el operativo cae con todo el peso de la ley sobre la hielera. La semifinal quedó, suponemos, en suspenso; los aficionados, sobrios a la fuerza; y las dos mil quinientas cincuenta y cinco cervezas, en calidad de testigos protegidos bajo resguardo de la autoridad.
Queda la moraleja de la jornada: en este estado, meterle un gol a la burocracia es más difícil que a cualquier portero de liga amateur. Que la próxima ocasión saquen primero el permiso y luego las chelas; en ese orden, aunque duela.